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LA VERDAD RESTAURADA

Una cuestión de Actitud

Una cuestión de Actitud
Muchas veces pensamos que no podemos hacer nada para modificar nuestro entorno, en un reconocimiento a nuestra supuesta incapacidad de influir positivamente en otras personas. Sin embargo, un torrente está formado por gotas de agua, tan pequeñas como se quiera e insignificantes en la unidad, pero imprescindibles pues sin ellas el torrente no existiría. Así es en la vida: uno puede influir en otros con una actitud positiva, sin esperar espectacularidades, con constancia, paciencia y sinceridad de propósitos.
Los cambios que realmente importan no son los espectaculares, que se siguen como modas. Esos no sirven para nada, porque una moda sucede a otra y los tontos van tras ellas siendo llevadas sus convicciones de aquí para allá, sin ton ni son, constituyéndose, al fin, en un conjunto de flojos y fracasados en cuestiones eternas.
Por el contrario, los cambios que sí son importantes son aquellos que, aunque en apariencia son más lentos, tienen la virtud de alcanzar mayor profundidad en aquellos sobre los que obran y, efectivamente, transforman la historia.
Este es el camino del Señor: enseñe y cambie vidas. Este es el ejemplo que dejó: cuando comenzó Su ministerio no recurrió a toda la ciudad de Jerusalén, sino solo a doce de sus habitantes. Fueron personas que siguieron al Señor al ser llamados, pero las palabras de Pedro “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” no nacen de un conocimiento “instantáneo”, sino que demuestran un proceso al que cada uno se sometió y que los capacitó para desarrollar la tarea que se les encomendaba. Ellos aceptaron ser “encendidos” para
“encender” a otros. ¿Por qué? La clave es la respuesta que recibió: “bienaventurado eres...porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. También nosotros debemos pasar voluntariamente por el mismo proceso. Simplemente, porque no se puede dar a otro lo que no se tiene.
El profeta José Smith expresó: "les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos". Tal como estos principios se enseñan de a uno y poco a poco, así también la enseñanza por el ejemplo no será una luz que prenda como un fogonazo en todos a la vez, pero así como una brasa enciende otra, se irá transmitiendo de a uno; en alguno más y en otro menos, lentamente, pero esos son fuegos eternos y uno puede ayudar a encenderlos. Recordemos siempre: nuestra actitud cuenta.
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