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LA VERDAD RESTAURADA

La Expiación Infinita

La Expiación Infinita

La caída de Adán trajo la muerte temporal del mundo. La muerte espiritual es estar desterrado de la presencia del Señor (2 Nefi 9:6) y morir tocante a las cosas relacionadas con la justicia, o en otras palabras, las cosas del Espíritu. (Helamán 14:15 18). La muerte temporal o natural es la separación del cuerpo y del espíritu, en la cual el cuerpo regresa al polvo del cual fue creado y el espíritu a un mundo de espíritus que esperan el día de la resurrección.

Expiar es rescatar, reconciliar, redimir, recobrar, absolver, conciliar, compensar, pagar el castigo. De esta manera la expiación de Cristo tiene la intención de rescatar a los hombres de los efectos de la caída de Adán con lo cual, se conquista tanto la muerte espiritual como temporal, nulificando su efecto permanente. La muerte espiritual por la caída se ve reemplazada por la vida espiritual de la Expiación, en el sentido de que todos los que creen y obedecen la ley del evangelio obtienen vida espiritual o eterna; vida en la presencia de Dios en donde aquellos que la disfrutan están vivos a las cosas de justicia o cosas del Espíritu. La muerte temporal de la caída se ve reemplazada por el estado de inmortalidad... en una conexión inseparable que nunca más permitirá que el cuerpo mortal vea la corrupción. (Alma 11:37 45; 12 16 18.) La inmortalidad viene como un don gratuito, por la gracia de Dios solamente, sin obras de justicia. La vida eterna es la recompensa por la "obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio" (3er Artículo de Fe).

"Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo", dijo Lehi. "Y el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, para redimir a los hijos de los hombres de la caída" (2 Nefi 2: 25, 26). "La expiación", explica el rey Benjamín, "fue preparada desde el principio del mundo para todo el género humano que ha existido desde la caída de Adán, o que existe, o que jamás existirá hasta el fin del mundo" (Mosíah 4:7).

Y Moroni enseñó que Dios "Creó a Adán, y por Adán vino la caída del hombre. Y por causa de la caída del hombre, vino Jesucristo, sí, el Padre y el Hijo; y por Jesucristo vino la redención del hombre. Y a causa de la redención del hombre, que vino por Jesucristo, son llevados de vuelta a la presencia del Señor; sí, en esto son redimidos todos los hombres, porque la muerte de Cristo efectúa la resurrección, por medio de la cual viene una redención de un sueño eterno, del que todos los hombres despertarán, por el poder de Dios, cuando suene la trompeta; y saldrán, grandes así como pequeños, y se presentarán ante su tribunal, redimidos y libres de esta eterna cadena de la muerte, que es una muerte temporal. Entonces se pronunciará el juicio del Santo sobre ellos; y entonces será cuando el que es impuro continuará en su impureza, y el que es justo continuará en su justicia; el que es feliz permanecerá feliz, y el que es miserable continuará en su miseria" (Mormón 9:12 14).

Y de esta manera el Señor dice que gracias a la Expiación, y después de la "muerte natural" el hombre "pudiera ser levantado en inmortalidad para vida eterna, aun cuantos creyeren. Y los que no creyeren, a la condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, porque no se arrepienten" (D. y C. 29:43 44). Si no hubiera habido expiación de Cristo (después de haber sucedido la caída de Adán) entonces todo el plan y propósito conectado con la creación del hombre se habría malogrado. Si no hubiera habido expiación, la muerte temporal hubiera permanecido para siempre, y jamás habría habido resurrección. El cuerpo habría permanecido para siempre en la tumba, y el espíritu habría permanecido en una prisión espiritual por toda la eternidad. Si no hubiera habido expiación, jamás habría habido una vida espiritual o eterna para ninguna persona. Ni los mortales ni los espíritus habrían sido limpios de los pecados, y todas las huestes espirituales del cielo habrían terminado como diablos, ángeles de un diablo, o sea, como hijos de perdición. 

Jacob, hermano del justo Nefi, nos ha dejado estas palabras inspiradas: "Porque como la muerte ha pasado a todo hombre para cumplir el misericordioso designio del Gran Creador, también es necesario que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor. Por tanto, deberá ser una expiación infinita, porque si no fuera infinita, esta corrupción no podría revestirse de incorrupción. De modo que el primer juicio que cayó sobre el hombre habría durado eternamente. Y siendo así, esta carne tendría que pudrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás. ¡Oh la sabiduría de Dios! ¡Su misericordia y gracia! Porque he aquí, si la carne no se levantara más, nuestros espíritus quedarían sujetos a aquel ángel que cayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en diablo, para no levantarse más. Y nuestros espíritus habrían llegado a ser como él, y nosotros seríamos diablos, ángeles de un diablo, separados de la presencia de nuestro Dios para quedar con el padre de las mentiras, en miseria como él, sí, semejantes a aquel ser que engañó a nuestros primeros padres, quien se hace aparecer como un ángel de luz, e incita a los hijos de los hombres a combinaciones secretas de asesinatos y a toda especie de obras secretas de tinieblas" (2 Nefi 9:6 9; D. y C. 29:39 41).

Los niños y quienes no han llegado a la edad de responsabilidad son automáticamente salvos en el reino celestial por virtud de la expiación. "Los niños pequeños son puros, porque son incapaces de pecar", dice el Señor, así pues, "la maldición de Adán les ha sido quitada en mí, de modo que no tiene poder sobre ellos" (Moroni 8:8; D. y C. 29:46 50; Mosíah 15:25; Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 107). La maldición de Adán incluye tanto la muerte temporal como la espiritual, y respectivamente, ninguna de estas tiene poder sobre los niños y aquellos que "no tienen entendimiento" (D. y C. 29:50), o sea, aquellos que no son responsables. Todos estos se levantarán en la inmortalidad y a la vida eterna. Descargar Completo

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