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LA VERDAD RESTAURADA

SIERVOS DEL SEÑOR

SIERVOS DEL SEÑOR

La siguiente historia, relatada por el hermano Earl StoweII, nos demuestra la importancia de la orientación familiar. Se asignó al hermano StoweII y a su compañero para que fueran los maestros orientadores de algunas familias menos activas del barrio. El hermano StoweII relata lo siguiente:

"Algunos días después... llegamos a una casa en particular. Como soy bajo de estatura, siempre he tenido que mirar para arriba cuando quiero mirar a alguien a los ojos; pero esta vez tuve que bajar la cabeza a medida que abría la puerta, pues se presentaba ante mí un hombrecito de no más de un metro y medio de estatura.

Era delgado [y entrado en años], pero su postura derecha y sus movimientos llenos de energía, evidenciaban que los años tendrían mucho que luchar para encorvar su fuerte espalda, Sus ojos, pequeños y penetrantes, estaban en extremo separados; su boca lucía como un corte derecho en la porción inferior del rostro y parecía ir de oreja a oreja; su rostro curtido se asemejaba al cuero grueso arrugado.

"Le dijimos que éramos vecinos y que éramos miembros de la Iglesia; que habíamos pasado para conocerlo. Se notaba un poco molesto cuando nos invitó a pasar a una pequeña sala, bien equipada con ceniceros... Nos contó que manejaba un camión y yo pensé que debía de ser una camioneta; pero no era así, se trataba nada menos que de un gigantesco camión volquete (basculador). iMe quedé admirado!

"Los conductores de estos camiones son generalmente hombres grandes. ¿Cómo hace para...?

"Me interrumpió diciendo: ’Tengo una llave inglesa, de 30 centímetros, bastante pesada, cerca del asiento en la cabina... Mis compañeros lo saben y eso nos hace iguales’...

"A medida que pasaban los meses, esperábamos ansiosos el día en que nos tocaba visitar a Ben. Una tarde cuando lo visitamos, se lo veía muy cansado, por lo que sólo estuvimos unos pocos minutos. Cuando íbamos saliendo, Ben nos miró y dijo: ’¿Cuándo van a comenzar a decirme las cosas que tengo que hacer, dejar de fumar, asistir a la Iglesia y todo lo demás?’.

"Le respondí: ’Ben, nosotros nos sentiríamos mucho más felices si usted ya estuviera haciendo esas cosas, pero es usted quien debe decidir lo que debe hacer con su vida. Estamos seguros que le ofenderíamos si le dijéramos lo que tiene que hacer, sabiendo que usted mismo ya lo sabe. Nosotros venimos a verlo, bueno... porque nuestra familia no está completa sin usted’. Él me estrechó la mano por unos segundos.

"Pocos días después, aquella misma semana, recibí una llamada telefónica. Era la voz de Ben. ’¿A qué hora es la reunión del sacerdocio?’ De inmediato me ofrecí para ir a buscarlo en mi automóvil y para tener compañía en mi viaje hacia la capilla.

"La respuesta: ’No, conozco el camino y nadie tiene que llevarme a donde yo sé que debo estar’.

"Cuando llegué a la capilla, él estaba parado fuera, esperando. ’Creo que es mejor que no entre hasta que deje de fumar’, murmuró. Le respondí que sería mucho más fácil dejar de fumar con la ayuda del Señor’. El dijo: ’He fumado desde que tenía ocho años y dudo que pueda dejar de fumar ahora’. Le aseguré que yo sabía que podría hacerlo.

"Muy pronto le dieron el sobrenombre de ’Pequeño Ben’ y a pesar de su escasa educación, su estatura y edad, hizo buenos amigos y pronto comenzó a tomar parte en cuanto proyecto llevaba a cabo el quórum de élderes.

"Una tarde sonó el teléfono: ’Tengo que hablar con usted’. Su voz estaba al borde de la histeria. ’Me han pedido que sea maestro orientador. No puedo hacerlo; fumo y no sé nada de nada. ¿Cómo puedo enseñarle a la gente lo que yo mismo no sé? ¿Qué voy a hacer?’

"Eso me preocupó, ya que ’Pequeño Ben’ era una persona muy especial para nosotros y no queríamos perderlo nuevamente. Comencé a orar en silencio con mucho ahínco. Respiré profundamente y luego comencé a hablar: ’Ben, ¿le dijimos nosotros alguna vez lo que tenía que hacer?’.

" ’No, ustedes sólo me demostraron que yo era importante para ustedes... y en realidad me sentí importante. Quizá ésa es la razón por la que comencé a asistir a la Iglesia’.

" ’Ben, cuando le conocimos descubrimos en usted a alguien que valía la pena cualquier sacrificio y esfuerzo. Ahora, ¿podría usted visitar a estas personas y también acordarse lo importante que ellas son? ¿Podría usted visitarlas y luego decirles que son tan importantes como para verlos de vez en cuando, y que le gustaría compartir con ellos algo que usted mismo ha encontrado?’

"Hubo varios minutos de silencio y luego dijo: ’Por seguro que lo voy a hacer’.

"Al volver del trabajo yo frecuentemente pasaba por la calle donde vivían las familias que visitaba Ben, todas eran menos activas y la mayoría tenía a uno de los padres que no era miembro de la Iglesia y no asistían a las reuniones. Una tarde vi a Ben que caminaba muy rápido llevando una sandía, la más grande que había visto aquella estación; sus manos aferraban fuertemente la sandía y daba la Impresión de que hacía un verdadero esfuerzo con cada paso que daba. Había caminado casi tres cuadras desde el mercado y, finalmente, lo vi entrar en una de las casas.

"La próxima vez que me encontré con él, le dije que lo había visto con la sandía. Bajó la cabeza y agregó: ’Lo que pasó fue que cuando iba para casa pasé frente al mercado y me puse a pensar en esos muchachos. Su padre está sin trabajo y las sandías son escasas y cuestan caras. Yo sabía que ellos no las habían probado este año; así que entré y compré la sandía más grande que encontré’.

"Algunos días después lo vi caminar vivamente en el calor de la tarde, llevando una tarjeta de cumpleaños. Él me contó más tarde: ’Hay una niñita que sólo tiene hermanos y son ellos los que tienen toda la atención, de manera que pensé que en vez de poner la carta en el correo, la llevaría personalmente, así ella también se sentiría importante. Hace algunas semanas, unos chicos le sacaron un brazo a una de sus muñecas. Nadie prestó atención al hecho y sólo la dueña de la muñeca se veía triste. Me llevé la muñeca, le arreglé el resorte que sujetaba el brazo y quedó otra vez en perfecto estado. Ahora, cuando voy a visitarla, ella se acomoda con la muñeca en el suelo y apoya su cabecita en mi pierna’. Me pareció sentir un poco de emoción en la voz de Ben mientras hablaba.

"No había pasado mucho tiempo cuando recibí una llamada telefónica llena de emoción: ’Una de las niñitas de las familias que yo visito se va a bautizar’. Era el resultado tangible de su orientación familiar y yo me alegré muchísimo."Esas familias no habían tenido contacto con la Iglesia en los últimos cinco años, fuera de los maestros orientadores y alguna visita ocasional de las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro. Pero Ben me llamó por lo menos ocho veces en los próximos tres años, siempre emocionado, para contarme de una bendición que iba a realizarse, de un bautismo, o de algún jovencito que avanzaba en el sacerdocio. Una vez le pregunté cuál era el secreto para influenciar tan positivamente la vida de tanta gente, a lo que él me contestó: ’Simplemente hice lo que usted me dijo: No les hice saber que era mejor que ellos o lo que yo consideraba, que tenían que hacer. Les dije que el Señor en su bondad había puesto la mesa espiritual para su familia y que cuando ellos no participaba con nosotros, quedaba un espacio vacío y que así la familia no estaba completa’."Ahora, cuando visitamos a nuestras familias, siempre tenemos presente este buen ejemplo del ’Pequeño Ben’ "("Little Ben", Ensign, marzo de 1977, págs. 66-68).

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