"Debido a que el amor es el gran mandamiento, debería ser el punto central de todo lo que hagamos en la familia, en los llamamientos en la Iglesia y en el modo de ganarnos la vida. El amor es el bálsamo sanador que repara las diferencias personales y familiares, el lazo que une a familias, comunidades y naciones. El amor es el poder que da comienzo a la amistad, la tolerancia, la cortesía y el respeto; es la fuente que supera las divisiones y el odio. El amor es el fuego que da calidez a nuestra vida con gozo incomparable y esperanza divina. El amor se debe demostrar en palabra y hechos. Cuando realmente entendemos lo que es amar como Jesucristo nos ama, se disipa la confusión y se adaptan las prioridades. Nuestra vida, como discípulos de Cristo, se llena de gozo y cobra nuevo significado; nuestra relación con nuestro Padre Celestial se profundiza, y la obediencia se vuelve un gozo en lugar de una carga."(Pte. Dieter F. Uchtdorf, Liahona noviembre 2009, pág. 21)