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LA VERDAD RESTAURADA

El Talón de Aquiles

El Talón de Aquiles

Para Aquiles, su talón fue el medio de su derrota. La mitología muestra, descarnadamente, que no hay debilidades pequeñas ni puntos flojos dignos de poca consideración. Sin duda, todos tenemos uno o varios “talones” que representan la diferencia entre el éxito o el fracaso, en particular en cuestiones espirituales. Podría parecer que el problema del mítico héroe griego fue físico.
Sin embargo para él, como para muchos, el problema comenzó antes, en algún pensamiento, por una errónea evaluación de los hechos. ¿Quién hubiera pensado que un talón podía hacer la diferencia?


Pruebas y debilidades

La comisión de errores trágicos como el mencionado va acompañada de falta de información, necesaria para hacer un análisis exacto de la situación. De hecho, cuanto más trascendente es la decisión, mayor es la necesidad de datos fidedignos para tener un panorama lo más vasto posible de aquello a lo que nos enfrentamos. Seguramente Aquiles no tuvo en cuenta su punto débil y eso lo venció. Quien puso la flecha en el lugar exacto, en cambio, es probable que contara con la información precisa, y la aprovechó..

Tratándose de cuestiones mitológicas, esto no pasa de ser una anécdota aleccionadora. Sin embargo, en la vida real la cosa es muy distinta. Tomemos, por ejemplo, a la cuarta generación de los nefitas que vivieron después de la venida del Señor a América.
La historia parece mostrar que su caída pudo haber comenzado con alguien que elaboró un análisis equivocado de su situación. ¿De qué modo? Probablemente su “talón” fue olvidar su dependencia del Señor. Esto pudo traer aparejada la creencia de que su bienestar y riquezas se debían a sí mismo. Y si eso era producto de su propio esfuerzo, ¿por qué habría de compartirlo? Entonces hizo aparición el egoísmo de la mano del orgullo. Sus actitudes sociales comenzaron a variar; poco a poco sus acciones y sus opiniones se deben haber alejado de la luz y, con la lógica del que se va enfriando, ejerció su influencia entre los “talones” de sus pares. Uno, dos, tres...un pequeño grupo. Diez, cien...¿cuántos más, a lo largo del tiempo, entre los que comenzaron a sentir desprecio por el “diferente”? Como el evangelio enseñaba lo contrario, entonces habrá quedado identificado el objeto de persecución: los que guardaban fidelidad a sus convenios.Hoy, ¿cuántos talones podemos identificar que nos conducen por los mismos derroteros? Cuando nuestro tiempo sea una historia objeto de análisis, ¿cuál habrá sido nuestro rol?

Talones --debilidades--, y sus consecuencias, hay para todos los gustos. Quienes creen, por ejemplo, que siempre hay un mañana para remontar la cuesta se olvidan que ese mañana puede no llegar y que la cuesta quedará sin ser remontada. Dicho crudamente, en el velatorio no hay tiempo para arrepentirse y cambiar las cosas. De hecho, la realidad de nuestra vida está marcada a fuego por el esfuerzo que estemos dispuestos a “hacer para ser”.
Conocer y dominar a fondo nuestras debilidades nos habilita para enfrentar las agresiones, a la vez que somos fortalecidos para afrontar las pruebas. Al respecto, el Señor dice: “mira que te mando que te esfuerces y seas valiente”. Esfuerzo y valentía implican una actitud determinada frente a la cual no debería haber días de frio, calor, lluvia o cansancio; significa enfrentar las responsabilidades asumidas y no dejarse arrastrar, por ejemplo, por una cama tibia, entre otras muchas debilidades que solemos tener.
Nuestro progreso está determinado por la suma de pruebas y experiencias que seamos capaces de transitar y debilidades que venzamos, junto al conocimiento que podamos adquirir y poner en práctica.
La defensa para que el mundo no nos venza en este objetivo, atacando nuestros “talones”, es ponernos en manos del Señor permitiéndole ejercer su influencia y, de paso, hacer que nuestras cargas sean livianas; si lo deseamos, El nos ofrece contar con esta defensa extra, que no tuvo Aquiles. Una vida recta y digna, es la puerta de entrada de la información precisa que nos alertará de esos peligros ocultos para que trabajemos en ellos y vayamos a la batalla “vestidos de toda la armadura de Dios”.

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