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LA VERDAD RESTAURADA

EN LOS CONSEJEROS HAY SEGURIDAD

EN LOS CONSEJEROS HAY SEGURIDAD

Al finalizar esta reunión, deseo hablar sobre un tema en particular. En una reunión general del sacerdocio anterior, me referí al deber del obispo, y hablé de todas sus responsabilidades. Supongo que ninguno de vosotros se acuerda de eso; no obstante, yo recuerdo haberlo hecho. Esta noche deseo hablaros sobre los consejeros. Hay el doble de consejeros que de obispos y presidentes, y son realmente importantes. El Señor, en su infinita sabiduría, ha creado en esta Iglesia lo que llamamos "presidencias". Básicamente, todos los quórumes y organizaciones son presididos por una presidencia, excepto el Consejo de los Doce Apóstoles, que tiene un presidente del quórum; y los

Quórumes de los Setenta, que tienen siete presidentes. Entiendo el porqué de que no haya presidencia de los Doce: Es que el Consejo consiste de doce hombres maduros, un número relativamente pequeño en donde todos tienen responsabilidades comparables de liderazgo. Más aún, sus miembros forman un grupo muy unido, en el que cada uno se expresa libremente sobre cualquier asunto que tenga que tratar el quorum. Evidentemente, no hay necesidad de que una presidencia de tres presida sobre los otros nueve hermanos restantes. A todos ellos los ha madurado una larga experiencia y son hombres que han recibido un llamamiento especial. En el caso de los Setenta, la cantidad de quórumes que pueden organizarse varía. Cada uno de los presidentes, a quien se llama del Primer Quórum de los Setenta, es igual a los otros; y a uno de los siete se le denomina como "presidente mayor". En el quórum de presbíteros, el obispo es el presidente. Pero, ya sea en un obispado, en una presidencia de estaca, de quórum del Sacerdocio Aarónico o el de Melquisedec, de misión, de templo, de organización auxiliar, de Área o en la Primera Presidencia de la Iglesia, hay un presidente con sus consejeros. 

Creo que sé por experiencia propia lo que es servir como consejero; pienso que sé algo con respecto a ese cargo y a los límites de su responsabilidad. En el barrio numeroso donde crecí, había cinco quórumes de diáconos, cada uno con una presidencia compuesta por tres muchachos. Mi primera responsabilidad en la Iglesia, el primer cargo que tuve, fue el de consejero del que presidía el quórum de diáconos al cual yo pertenecía. Nuestro buen obispo me llamó y me habló sobre el llamamiento. Me quedé muy impresionado y muy preocupado.

Por naturaleza era un chico tímido, y creo que el  llamamiento de consejero en el quórum de diáconos era de la misma forma motivo de preocupación entonces, de acuerdo con mi edad y experiencia, como lo es ahora la responsabilidad que tengo, de acuerdo con mi edad y experiencia.

Después, tuve cargos en las presidencias de otros quórumes del sacerdocio. Además, fui consejero en la superintendencia (así se llamaba entonces) de la Escuela Dominical de estaca antes de ser superintendente; fui consejero en una presidencia de estaca antes de ser presidente de la estaca; y, como ya sabéis, ahora he servido como consejero de dos Presidentes de la Iglesia, dos líderes extraordinarios, dedicados e inspiradores. Hay varios principios importantes que se aplican a los consejeros. En primer lugar, el oficial que preside elige a sus consejeros; nadie le fuerza a aceptar consejeros elegidos por otro.

Pero en la mayoría de los casos, es necesario que una autoridad que esté  por encima de él apruebe su elección; por ejemplo, en la organización de una estaca, que se hace bajo la dirección de una Autoridad General, con mucha meditación y oración se elige un presidente; luego se le pide que él nombre a los hombres que puedan ser sus consejeros, pero antes de entrevistarlos, esa elección debe contar con la aprobación de la Autoridad General pertinente. Es indispensable que el presidente elija a sus consejeros, ya que es muy importante que haya entre ellos una buena relación; tiene que haber una absoluta confianza mutua; deben trabajar juntos con un espíritu de mutuo respeto. Los consejeros no son el presidente y, aunque en ciertas circunstancias pueden actuar en su nombre, eso se hace por delegación de autoridad. Ahora, deseo hablar de algunos deberes que tiene un consejero.  

Es un ayudante del presidente. Sea cual sea la organización, la labor del presidente es pesada. Hasta el presidente del quórum de diáconos, si cumple con su deber, tiene una gran tarea, ya que él es responsable de la actividad y el bienestar de los chicos de su quórum.

Al ser un ayudante, el consejero no actúa como presidente, ni asume las responsabilidades ni toma las decisiones que le corresponden a éste. En las reuniones de presidencia, los consejeros tienen la libertad de expresar lo que piensen sobre todos los asuntos que se traten allí. Sin embargo, el presidente es quien tiene la prerrogativa de tomar la decisión y los consejeros tienen el deber de apoyarlo. Entonces, ellos hacen suya la decisión de él, fueren cuales fueren las

ideas que hayan tenido. Si el presidente es sabio, les asignará deberes particulares y les dará la libertad de llevarlos a cabo, haciéndolos responsables de lo que pase. 

Un consejero es un socio. Una presidencia puede constituir una hermosa relación, una amistad en la que tres hermanos, trabajando unidos, desarrollan un compañerismo estrecho y satisfactorio. Con la delegación de responsabilidades, se mueven independientemente hasta cierto punto. Unidos los tres tienen la responsabilidad de la obra del barrio, del quórum, de la estaca, de la organización, etc.

Esta asociación es como una válvula de seguridad. El prudente escritor de los Proverbios nos dice que "en. . . [los] consejeros hay seguridad" (Proverbios 11:14). Cuando surgen problemas, cuando enfrentamos decisiones difíciles, es maravilloso poder contar con alguien con quien podamos hablar con confianza. Recuerdo cuando era muchacho y teníamos nuestras reuniones de presidencia. El presidente presentaba cualquier asunto que tuviéramos que tratar; hablábamos de él y, después de nuestra conversación, continuábamos adelante con lo necesario para obtener los resultados deseados. DESCARGAR ARTICULO COMPLETO

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