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LA VERDAD RESTAURADA

¿Directores o Pensadores?

¿Directores o Pensadores?

El objetivo que persigue la Iglesia es lograr que la gente entre en el reino celestial. El problema que se presenta al tratar de llevar a cabo este propósito es la habilidad para dirigir. Por lo general, existe sólo un problema en el mundo, y poco importa que el resultado deseado tenga que ver con obrar en la Iglesia o establecer un negocio o gobernar un imperio. El problema es siempre el mismo: la habilidad para dirigir.

La resolución del problema consiste en el desarrollo de esta habilidad por medio de la instrucción. El hombre que ha recibido preparación es generalmente más eficaz que el que no la ha recibido Se aplica el mismo principio, ya sea que se trate de un cirujano, un licenciado, un agricultor, un atleta o un obrero en la Iglesia. En este programa o sistema de desarrollo están comprendidos seis pasos: 

 

1-.Selección.

 

El primer paso en el desarrollo de un director, de un “líder”, como algunos suelen llamarlo, consiste en colocar la hombre, el hombre indicado, en el lugar indicado. Cuando no se hace, es como querer rellenar un agujero redondo con un palo cuadrado. Esto sucede con demasiada frecuencia.

Hay muchos que se hallan descontentos con lo que están haciendo. Son muchos los nombramientos que se hacen por razón de conveniencia o urgencia sin considerar debidamente todos los factores que intervienen en el caso.

Hay muchas personas que tienen tantos puestos, que les es sumamente difícil lograr el éxito en cualquiera de ellos. La selección defectuosa sólo resulta en una ineficacia pródiga, cambios frecuentes en el puesto y un sentimiento general de desánimo. Todo aquel que tiene la responsabilidad de seleccionar el personal debe analizar cuidadosamente a todo candidato disponible. Los comercios y empresas dedican mucho tiempo y dinero a un examen de la aptitud del candidato, entrevistas personales, etc., con objeto de mejorar su manera de seleccionar a los que van a emplear. 

Ciertamente el individuo más apto para el puesto no es precisamente aquel en quien se piensa primero. Bien puede ser que el hombre no esté presente o en la actualidad no sea “activo”.

Necesitamos extender nuestra mira más allá de lo presente y formarnos una visión de la forma en que los candidatos se adaptarán al programa. “Hay algo mucho más escaso y de mucho más valor que la habilidad, y esto es la habilidad para reconocer la habilidad.”

Es posible aprender a reconocerla habilidad aun antes que haya empezado a florecer. Miguel Angel hacía hombres de piedra. Pero antes de llegar a ser el gran maestro, aprendió a ver el producto terminado con tan sólo ver la materia en bruto. Dijo así: “En todo pedazo de mármol veo una estatua; la veo tan claramente como si estuviese delante de mí, formada y completa en cuanto a actitud y movimiento. No tengo más que echar abajo las toscas paredes que encarcelan la hermosa visión para revelarla a otros ojos en la forma en que los míos ya la han visto.” Así también en nuestra obra. Primero debemos aprender a ver la posibilidad, y entonces hacer las cosas necesarias para realizarla. Es un error común pensar que únicamente aquellos que actualmente están en posiciones dirigentes tienen habilidad. Jesús escogió a hombres como Pedro y José Smith, y entonces desarrolló las capacidades que había en ellos. Todavía existe en la gente mucha habilidad que está dormida e inactiva. Hay incontables directores espléndidos que nadie conoce todavía; ni aun ellos mismos. Podemos lograr que un número mayor de personas entren en el reino celestial, si tenemos más cuidado en la selección del personal y ejercemos un poco más de precaución al hallar al “hombre indicado” en primer lugar, más bien que llamar a la persona que es más fácil conseguir. Descargar articulo completo

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