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Mensaje de Abril-Maestras Visitantes "Escudriñemos diligentemente las Escrituras"

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¿Por qué debemos escudriñar las Escrituras?

Presidente Howard W. Hunter: “Les recomiendo las revelaciones de Dios como la norma mediante la cual debemos regir nuestra vida y por la que debemos medir cada decisión y cada acto. Por lo tanto, cuando tengan preocupaciones y desafíos, afróntenlos recurriendo a las Escrituras y a los profetas" ("Fear Nor, Little Flock", en 1988_1989 Devotional and Fireside Speeches 1989,pág. 112).

 

Presidente Ezra Taft Benson(1899-1994): “El éxito en la rectitud, el poder para evitar el engaño y resistir la tentación, la guía en nuestra vida diaria y la sanidad del alma son sólo algunas de las promesas que el Señor ha hecho a los que acuden a Su palabra... Ciertas bendiciones solamente se pueden encontrar en las Escrituras, al acudir a la palabra del Señor y aferrarnos a ella...  

Comprométanse de nuevo a estudiar las Escrituras. Sumérjanse en ellas diariamente para que el poder del Espíritu les acompañe en sus llamamientos. Léanlas en familia y enseñen a sus hijos a amarlas y a atesorarlas.("El poder de la palabra", Liahona Septiembre 1986, pág. 74)

 

Presidente Spencer W. Kimball (1895-1985): "A medida que se familiaricen más y más con las Escrituras, cada vez serán más eficientes en guardar el segundo gran mandamiento, el de amar a su prójimo como a ustedes mismas. Conviértanse en eruditas de las Escrituras, pero no para denigrar a los demás, sino para elevarlos. A fin de cuentas, ¿quién tiene mayor necesidad de 'atesorar' las verdades del Evangelio (a las que podrán recurrir en momentos de necesidad) que las mujeres y madres que tanto nutren y enseñan?" ("Vuestro papel como mujeres justas", Liahona enero 1980, pág. 167)

 

¿Cómo puedo atesorar las Escrituras?

2 Nefi 4:15: “Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos".

 

Julie B. Beck, presidenta general de la Sociedad de Socorro: “Una forma útil de comenzar a estudiar las Escrituras en 'aplicarlas' a nosotras mismas( véase 1Nefi 19:23). Hay quienes comienzan por escoger un tema en la Guía para el Estudio de las Escrituras del cual desean saber más. O empiezan al comienzo de un libro de las Escrituras y buscan enseñanazas específicas... Sea cual sea la forma en la que la persona comience a estudiar las Escrituras, la clave para desentrañar conocimientos importantes es continuar estudiando. Nunca me canso de descubrir los ricos tesoros de la verdad que hay en las Escrituras debido a que ellas enseñan con 'claridad, sí, con toda claridad de la palabra' (2Nefi 32:7); Las Escrituras testifican de Cristo (Juan 5: 39) y nos dicen todas las cosas que debemos hacer (2Nefi 32:3); nos 'pueden hacer [sabias] para la salvación' (2Timoteo 3:15). Gracias a la lectura de las Escrituras y a las oraciones que acompañan mi estudio, he adquirido un conocimiento que me da paz y me sirve para conservar mis energías concentradas en lo que tiene importancia eterna. Gracias a que comencé a leer las Escrituras a diario, he aprendido acerca de mi Padre Celestial, de Su Hijo Jesucristo y de lo que debo hacer para ser como Ellos" ( "Mi alma se deleita en las Escrituras" , Liahona mayo 2004, págs. 108-109)

 

Presidente Thomas S. Monson: “Las Santas Escrituras adornan nuestros estantes; asegúrense de que proporcionen nutrición a nuestra mente y guía a nuestra vida" ("La fortaleza extraordinaria de la Sociedad de Socorro; Liahona enero 1998, pág. 114

02/04/2009 14:43. Escrito por administrador Ir al articulo. Sociedad de Socorro Hay 1 comentario.

Otra vez las visitas!! Por Karina Michalek de Salvioli

Como un rito que queremos demorar en nuestras vidas, la tarea de maestras visitantes puede parecernos una carga más que una bendición y "sufrirla" más que "disfrutarla". Nuestra responsabilidad adquirida ni bien cumplimos los 18, es la de velar por nuestras hermanas en la fe, pero más de una vez perdemos el objetivo de esta tarea tan especial al dejar que nuestros pensamientos egoístas nos debiliten.
Pareciera ser que una vez que fijamos la fecha de salida con nuestra compañera, ese día suceden todas nuestras desgracias.
Nos duele la espalda, perdimos “el papelito” con las direcciones, el sol es abrasador o la lluvia amenaza con convertirse en ciclón. Nadie en la familia encuentra la Liahona y vaya una a saber en dónde dejamos los anteojos. ¡Es imposible salir hoy!
Pero el calmante surte efecto, nuestra compañera no perdió su “papelito” (lo pegó en su Libro de Mormón).

Encontramos un sombrero para el sol y la amenaza de ciclón duró una cuantas nubes pasajeras.
La Liahona aparece en el baño y nuestros anteojos estaban en donde los dejamos, arriba de algún lugar. Una vez que nos encontramos con nuestra compañera comienza un paseo en el cual, al principio, cuesta “romper el hielo”. Pero sólo sucede los primeros meses. Pues de ahí en adelante cuando vencemos la timidez, puede pasarnos algo peor: darnos cuenta que nos perdimos porque de tanto hablar doblamos en la esquina equivocada.
“Cada familia es un mundo” dice el refrán. Y como sabemos que hay innumerables mundos, a veces la situación se nos presenta complicada.

Afortunadamente no somos psicólogas ni terapeutas y nuestra función es ayudar a ver, alentar a vivir el evangelio y llevar una luz que permita comprender que todas somos hijas de Dios. El compartir el mensaje sería el medio para permitirle a una mujer expresar sus reflexiones con respecto a su vida como hija del convenio, para impulsar su testimonio personal y para alentarla a seguir sin desmayar.
Cuando mi abuela llegó a Bs. As. desde Rosario, pasó a formar parte de la Rama White. Por circunstancias personales durante algún tiempo ella sólo pudo mantener su contacto con la Iglesia por medio de sus Maestras Visitantes que cada semana compartían lo aprendido en la Escuela Dominical, además de orar por ella. Pasaron muchos años (más de 60) y, sin embargo, mi abuela las recordaba con emoción porque mantuvieron viva la llama de su testimonio muchos meses, y con agradecimiento porque ellas caminaban más de 40 cuadras hasta su casa.

Pero no siempre las visitas resultan como de manual. Dejar el mensaje del mes queda relegado por la necesidad del momento.
A veces salen cosas que no planeamos y terminamos preparando una cena, explicando un trámite jubilatorio, haciendo una tarea de la escuela, escribiendo con letra muy grande números de teléfono o buscando por más de media hora un gato que después la hermana recordó haberlo perdido como cuatro meses atrás.
Sin embargo estamos siguiendo el ejemplo del Salvador sirviendo a Sus hijos. 
Al principio nos sentimos incapaces por no recordar el nombre del esposo fallecido o el último tratamiento médico de una hija de nuestra visita.
Nos preocupamos por estar atentas a los cumpleaños y eventos especiales y como no tenemos habilidad artística nos vemos buscando el mejor brote del rosal para ofrecer como regalo.


Sin darnos cuenta, con el transcurso del tiempo ya no necesitamos “el papelito de las M.V.” porque aprendimos a escuchar la suave voz del Espíritu que con firmeza nos persuade a llamar por teléfono o a darnos una vuelta con nuestra compañera por al casa de la hermana angustiada, dolida o sola.

Estamos dispuestas a pasar una noche en vela en el hospital acompañando a nuestra hermana operada. O nos sorprendemos porque hicimos más canelones de los necesarios para la familia con una madre en cama.
Como muchas cosas en la vida, sólo podemos disfrutar de algo cuando lo probamos. Los frutos del Espíritu requieren de deseo personal sumado a la acción.

A veces pienso que la cuarta generación de descendientes de mi abuela, también tiene que agradecer a esas hermanas que velaron por ella. Sus ejemplos la convirtieron en una maestra visitante coleccionista de historias que compartió con su familia siempre que pudo.
¿Nos gustaría tener una colección de experiencias personales para relatarles a nuestros nietos?
Entonces empecemos a vivirlas al compartir el mensaje del Evangelio con nuestras hermanas, cada mes aunque la lluvia pertinaz nos moje los zapatos.

Taller de Maestras Visitantes

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"Se ha dicho que la responsabilidad de los miembros de la Iglesia puede dividirse en tres categorías fundamentales: obrar en pos de la salvación de los miembros de la Iglesia que aún viven, llevar a cabo la Obra necesaria a favor de nuestros antepasados fallecidos y predicar el Evangelio a todo el mundo. Cada una de estas responsabilidades Requiere aprendizaje, y todo lo que se vaya a aprender se debe enseñar de alguna manera. Pues bien, tanto ustedes como yo nos encontramos entre los que tienen la responsabilidad de enseñarlo"

Boyd K. Packer, "Enseñad diligentemente", 1991. Leer más o Descargar

Maestras Visitantes -Mensaje Diciembre 2008

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Por medio de la oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Jesucristo es la Luz, la Vida y la Esperanza del mundo

¿Por qué es Jesucristo la Luz y la Vida del mundo?

1 Nefi 17:13: “…y también seré vuestra luz en el desierto;… Por lo tanto, al grado que guardéis mis mandamientos, seréis conducidos hacia la tierra prometida; y sabréis que yo soy el que os conduce”. Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Jesucristo es la luz y la vida del mundo. Todas las cosas fueron hechas por Él. Bajo la dirección del Padre, y de acuerdo con el plan del Padre, Jesucristo es el Creador, la fuente de la luz y de la vida de todas las cosas…

“Jesucristo es la luz del mundo porque Él es la fuente de la luz que ‘procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio’ (D. y C. 88:12).     La Suya es ‘la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo’ (D. y C. 93:2). Su ejemplo y Sus enseñanzas iluminan el camino por el cual debemos andar…

“Jesucristo es la vida del mundo por la posición sin par que tuvo en lo que las Escrituras llaman ‘el gran y eterno plan de redención de la muerte’ (2 Nefi 11:5). Su resurrección y Su expiación nos salvan tanto de la muerte física como de la espiritual” (“La Luz y la Vida”, Liahona, diciembre de 1997, págs. 42–43; véase New Era, diciembre de 1996, pág. 6).

¿Cómo puedo encontrar esperanza en Jesucristo?

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “…el evangelio de Jesucristo tiene el poder divino de elevarles a grandes alturas desde lo que a veces parece ser una carga o debilidad insoportables. El Señor está al tanto de sus circunstancias y sus tribulaciones. Él le dijo a Pablo y a cada uno de nosotros: ‘Bástate mi gracia’. Y al igual que Pablo, podemos responder: ‘…mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo’ (2 Corintios 12:9)”. (“¿No tenemos razón para regocijarnos?”, Liahona y Ensign, noviembre de 2007, pág. 19).

Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad de Socorro: “Mormón pregunta: ‘Y ¿qué es lo que habéis de esperar?’. Su respuesta nos brinda tres grandes esperanzas: ‘He aquí, os digo que debéis tener esperanza, por medio de la expiación de Cristo y el poder de su resurrección, en que seréis resucitados a vida eterna’ (Moroni 7:41).

“Cuando se bautizaron, se convirtieron en participantes de la primera y gran esperanza, la expiación de Cristo. Cada vez que participan dignamente de la Santa Cena, tienen la oportunidad de comenzar de nuevo… Su esperanza y fe en el Salvador aumentarán a medida que se arrepientan y efectúen cambios personales. …

“La segunda gran esperanza es la Resurrección. A todas se les ha prometido que resucitarán por medio de nuestro Salvador Jesucristo. …

“Con la esperanza de la Expiación y la Resurrección, poseen la tercera esperanza, la esperanza de la vida eterna… Debido a que tienen un Salvador, ustedes también creen en una feliz vida eterna de creación, de servicio y de aprendizaje. Ustedes ya se encuentran en el estrecho y angosto camino y hay un fulgor de esperanza ante ustedes… Todo lo que deben hacer es perseverar y seguir adelante con un fulgor perfecto de esperanza” (véase “Un fulgor perfecto de esperanza” Liahona, mayo de 2003, págs. 103–105).


El Amor de una Madre Por el Pte. David O. McKay

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Hace algún tiempo, en un hermoso sueño vi a mi madre. Parecía feliz y hermosa como cuando consolaba y criaba a diez hijos en el querido hogar de nuestra niñez, hace muchos años. El sueño es mío. No es de importancia cuando aconteció. Pero el gozo que sentí de estar una vez más con ella me pareció tan real que difícilmente podía creer que sólo era un sueño. Ojalá pudiera soñarla con más frecuencia, porque únicamente en los sueños podemos conversar acerca de mi niñez y adolescencia, cosas que aprecio más que nunca por estar asociada mi madre con ellas.Leer mas ....

30/10/2008 22:29. Escrito por administrador Ir al articulo. Sociedad de Socorro Hay 1 comentario.

Sociedad de Socorro "La Caridad nunca deja de Ser"

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Este es un aporte para todas las mujeres santos de los ultimos dias , que les gusta estar siempre preparadas , se trata de un link que nos conduce a la pagina oficial de la Iglesia en el area de Argentina , en ella encontraran muchas capacitacion relacionadas a como ser una mejor maestra visitante, aprender acerca del almacenamiento, mensaje del mes  en fin pongo a sus disposicion el enlace a  esta pagina .

Ir a la Pagina de Sociedad de Socorro

Apacienta mis ovejas

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Silvia H. Allred
Por medio de las visitas mensuales que hacemos a nuestras hermanas, podemos crear lazos de amor, amistad y confianza.

Mis queridas hermanas: Me siento humilde por la oportunidad de estar ante ustedes y compartir los sentimientos de mi corazón. Soy una mujer común y corriente, insignificante según las normas del mundo, pero el Señor, en Su gran misericordia, siempre me ha bendecido con oportunidades singulares y un don muy valioso: He recibido el don de la veracidad de este Evangelio y de la realidad de Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. He sentido la guía del Espíritu Santo desde que tenía sólo catorce años de edad, que fue cuando escuché a los misioneros y leí el Libro de Mormón. Mi testimonio siempre arde en mi corazón y mi fe es inquebrantable. Este don de fe y testimonio ha sido una gran bendición en mi vida. Leer más...........  http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,49-3-777-41,00.html

11/01/2008 02:35. Escrito por administrador Ir al articulo. Sociedad de Socorro No hay comentarios. Comentar.

Lo que las mujeres Santos de los Últimos Días hacen mejor: Ser firmes e inquebrantables

20071226004938-logoideasb.jpgJulie B. Beck Presidenta General de la Sociedad de Socorro   Debemos ser firmes e inquebrantables en la fe, firmes e inquebrantables en la familia, y firmes e inquebrantables al dar ayuda. Mis queridas hermanas, vengo con una oración en mi corazón ante esta gran responsabilidad. Tengo un testimonio del verdadero Evangelio restaurado de Jesucristo. El Salvador es nuestro líder y ejemplo, nuestra roca, nuestra fuerza y nuestro defensor. Cualquier cosa que haga para ayudarlo a Él y a Sus profetas ordenados es una bendición para mí. Siempre he tenido gran amor y respeto por las hermanas de esta sociedad, y creo que las mujeres de esta Iglesia son las mejores y más capaces del mundo. Quiero que sepan del amor que tengo por ustedes, las magníficas mujeres de esta Iglesia.  

El presidente Hinckley dijo en una reunión mundial de capacitación de líderes: “Estoy convencido de que no hay otra organización en lugar alguno que se compare con la Sociedad de Socorro de esta Iglesia. Sus miembros suman más de cinco millones de mujeres por toda la tierra. Si ellas se unen y hablan con una voz, su fortaleza será incalculable… Es de enorme importancia que las mujeres de la Iglesia defiendan de un modo firme e inquebrantable lo que es correcto y digno bajo el plan del Señor”1. Leer mas.....>>>>> http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,49-3-777-40,00.html

25/12/2007 20:50. Escrito por administrador Ir al articulo. Sociedad de Socorro No hay comentarios. Comentar.

Mensaje Diciembre Maestras Visitantes

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Maestras Visitantes
Mensaje Diciembre 2007
Por medio de la oración, lea este mensaje y seleccione los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.
Convirtámonos en un instrumento en las manos de Dios al ejercer la caridad
¿Qué es la caridad?
Presidente Howard W. Hunter (1907–1995):
“‘Un mandamiento nuevo os doy’, dijo [el Salvador]… ‘Que os améis unos a otros… En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros’ (Juan 13:34–35). A este amor que debemos tener hacia todos nuestros
hermanos y hermanas de la familia humana, y al que Cristo tiene por cada uno de nosotros, se le llama caridad o ‘el amor puro de Cristo’ (Moroni 7:47). Es el amor que motivó el sufrimiento y el sacrificio de la expiación de Cristo. Es la cumbre más
alta a la que puede llegar el alma humana y la expresión más sublime del corazón humano…
“El Salvador nos ha mandado que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, que nos vistamos ‘con el vínculo de la caridad’ (D. y C. 88:125), como Él lo hizo. Se nos exhorta a purificar nuestros sentimientos, a cambiar nuestro corazón, a
hacer que nuestras acciones y nuestra apariencia externas concuerden con aquello que afirmamos creer…
“Aquellos que están llenos del amor de Cristo no procuran obligar a los demás a que sean mejores; los inspiran a ser mejores; los inspiran a buscar a Dios. Debemos extender la mano de la amistad; debemos ser más misericordiosos, más tiernos, más tolerantes
y tardos para la ira…” (Véase “Un camino más excelente”, Liahona, julio de 1992, págs. 68–69).
¿Cómo me ayuda la caridad a ser un instrumento en las manos de Dios?
Éter 12:28:
“…la fe, la esperanza y la caridad conducen a mí, la fuente de toda rectitud”.

Élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce Apóstoles:
“…una vez que vemos con el ojo de la fe que somos hijos de un amoroso Padre que nos ha dado el don de Su Hijo para redimirnos, experimentamos un gran cambio en nuestro corazón; sentimos el deseo de ‘…cantar la canción del amor que redime…’ [Alma 5:26], y nuestro corazón desborda de caridad. Al saber que el amor de Dios ‘…es más deseable que todas las cosas… y el de mayor gozo para el alma’ [1 Nefi 11:22–23], deseamos compartir con los demás nuestra dicha; deseamos servirles y bendecirles” (“El cultivar atributos divinos”,
Liahona, enero de 1999, págs. 30–31).

Anne C. Pingree, ex Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro:
“Podemos alterar la faz de la tierra una familia y un hogar a la vez, mediante la caridad, nuestros actos pequeños y sencillos de amor puro.
“La caridad, el amor puro del Salvador, es ‘la clase de amor más sublime, noble y fuerte’, y el cual pedimos al Padre con toda la energía de nuestros corazones que podamos poseer. El élder Dallin H. Oaks nos enseña que la caridad ‘no es un acto sino una condición o estado del ser [en el que uno se convierte]’. Nuestras ofrendas diarias de caridad están ‘[escritas] no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo… en [las] tablas de carne [de nuestros corazones]’.
Poco a poco, nuestros actos caritativos cambian nuestra naturaleza, definen nuestro carácter y, al final, nos convierten en
mujeres que tienen el valor y la dedicación para decir al Señor: ‘Heme aquí, envíame’ (“Caridad: Una familia y un hogar a la vez”,
Liahona, noviembre de 2002, págs. 108–109). ■
12/12/2007 00:23. Escrito por administrador Ir al articulo. Sociedad de Socorro No hay comentarios. Comentar.