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LA VERDAD RESTAURADA

La presencia de la madre en el hogar

La presencia de la madre en el hogar

En la Perla de Gran Precio, en el capítulo 5 del libro de Moisés, dice:


“…Adán empezó a cultivar la tierra... como yo, el Señor, le había mandado. Y Eva, su esposa, también se afanaba con él."
En las escrituras hay varias referencias sobre este tema, lo que nos da la pauta que Dios mismo determinó el matrimonio y por ende la familia. Por siglos, ésta ha sido la base y eje de la sociedad determinando la fortaleza de un pueblo de acuerdo a la fuerza de las familias que lo constituyen. Hasta hace relativamente poco tiempo ésta era una regla general que ha ido perdiendo vigencia de manera alarmante. Los divorcios cada día más frecuentes, las parejas que se casan mayores, los nacimientos que se dilatan, todo ello juega contra la familia. Ha llegado el momento de tomar medidas antes que sea demasiado tarde.

Estamos todos conscientes que éstos son los últimos días; hasta el más agnóstico afirma que “algo va a pasar” y nosotros, miembros de la iglesia. tenemos la responsabilidad de acondicionar nuestra vida a la manera del Señor y no a la nuestra. Porque hay varios puntos contra los cuales nos rebelamos uno de los cuales es: Es mejor que la madre permanezca en el hogar y no salga a trabajar.
Este es un tema espinoso con varias facetas. Hay casos en los que la madre TIENE que trabajar por razones personales valederas y sobre eso no hay discusión, pero en muchos casos, sale por otros motivos que por lo general son materiales.
¿Permitirá usted que la primera sonrisa de su bebé sea para el personal especializado de la maternidad? ¿o su primera gracia?
Si su problema es económico, puede buscar algo para hacer en casa, pero haga lo posible por quedarse, porque al hacerlo, el resultado será un hijo agradecido.
¿Hay acaso mejor recuerdo de la infancia que la vuelta de la escuela a un hogar donde mamá lo espera?
Tal vez a cierta altura de su vida tenga que salir a trabajar pero ya habrá logrado una relación con sus hijos que le permitirá entenderse mucho mejor.
¿Quiere una familia feliz? Ejercite la fe. ¿Quiere una familia unida? Abunde en amor.

¿Quiere seguridad para su familia? Guarde los mandamientos.
Tal vez piensen que esto es una utopía pensada por un soñador, pero permítanme disentir. Ha una que conozco le tocó vivir esta experiencia y muchas veces se sentio tentada a salir de casa para trabajar, pero tras orar y pensar sentío que debía quedarse y obedecer. Disfruto cada etapa infantil de sus hijos y cuando llegaron épocas en que fue necesario, tuvo la ayuda del Señor y trabajo mientras duró la misión de los hijos varones.
No es fácil, pero se puede, porque nuestro Padre Celestial está siempre dispuesto para ayudarnos; solamente se lo tenemos que pedir y ponernos en sus manos. Vivimos tiempos aciagos por lo que debemos ajustarnos más que nunca a la voluntad del Padre que nos prometió: "...mas si estáis preparados, no temeréis." (D&C 38:30)

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