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LA VERDAD RESTAURADA

ARTABÁN, LA PRECIOSA HISTORIA DEL CUARTO REY MAGO

 


Artabán, se dedicaba, entre otros muchos menesteres, a desentrañar los secretos del oráculo de Zoroastro que anunciaban, por activa y pasiva, la próxima llegada de un “Salvador” que haría del mundo un lugar más agradable. Y la aparición de la estrella en el firmamento fue la señal inequívoca. Como era de suponer no se lo pensó dos veces y decidió seguir la ruta que el ¿cometa? indicaba. Lógicamente preparó las ofrendas que entregaría al Redentor, entre las que destacaban un diamante de la isla Méroe que neutralizaba los venenos, un trocito de jaspe de Chipre como amuleto de la oratoria y un rubí de las Sirtes para alejar las tinieblas que confunden al espíritu.
Artabán, cargados ya los regalos, se dispuso a andar el camino, encontrándose en el monte Ushita con los emisarios de los reyes babilonios, Melchor, Gaspar y Baltasar, que lo citaban en la ciudad sagrada del dios Nabu y que no era otra que Borsippa, aquella en la que los antiguos erigieron un zigurat de siete pisos.
Así, nuestro Cuarto Rey, cabalgó raudo y veloz al encuentro de sus compañeros, sin dejar siquiera que el caballo recuperara fuerzas con las aguas del río Éufrates. Y ocurrió que cuando llegaba a las afueras de la ciudad, Artabán se encontró con un hombre malherido, desnudo, casi agonizante, el cual había sido atracado por unos ladrones que además de robarle sus pertenencias le propinaron una buena paliza. Un comerciante que recibió las atenciones de Artabán, que lavó sus heridas con vino y entablilló sus destrozadas piernas y brazos. Cuando el hombre recuperó el aliento y la consciencia, informó de que había sido totalmente desvalijado, habiéndole robado los malhechores toda la bolsa del dinero. Nuestro rey, como era de esperar, se apiadó del vendedor y le regaló el diamante de Méroe.
Lamentablemente, cuando quiso entrar en la ciudad y acudir al lugar indicado, los Reyes Magos ya se habían marchado, aunque le dejaron una nota en la que podía leerse: “Te hemos estado esperando mucho tiempo y no podemos dilatar más nuestro viaje. Sigue nuestra senda por el desierto y que la estrella te guíe”. Tras leer la corta misiva, arreó su caballo y cabalgó sin descanso, hasta la extenuación, trayendo como resultado la muerte de su brioso alazán. Pero nada podía detenerle y continuó el duro trayecto a pie, soportando tormentas de arena que ajaban el rostro y frenaban el paso.
Cuando quiso llegar a Belén de Judá sus vestimentas habían perdido el lustre y su cuerpo se mostraba enjuto y famélico. Allí, ninguna señal de Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque sí se topó con la carnicería que ordenó llevar el legendario y cruel Herodes. Porque, como todo el mundo sabe, el tal Herodes, temeroso por los augurios, mandó asesinar a todos los recién nacidos, en una matanza de inocentes que tiñó de sangre las casas y las calles de Belén. Escenas que presenció Artabán en primera persona y que le llevaron a ofrecer su rubí a un soldado para que no atravesara con su espada a un niño. Pero un capitán se percató de la jugada y ordenó la detención del Cuarto Rey, que fue enviado a las mazmorras del palacio de Jerusalén.
Y más de treinta años estuvo en prisión, lamentándose de su mala suerte, sufriendo todo tipo de vejaciones y llegando a perder casi la cordura. Pero Artabán, en sus escasos y tenues momentos de lucidez, todavía tuvo tiempo para suplicar redención y piedad al procurador Poncio Pilatos, quien finalmente le otorgó la carta de libertad. Encontrado el perdón, dirigió sus pasos torpes por las pobladas calles de la ciudad, tropezándose con miles de personas que se dirigían hacia un lugar llamado el Gólgota. Una masa humana que deseaba presenciar la crucifixión de un falso profeta, un irreverente que había blasfemado contra Dios.
Artabán se dejó arrastrar por la multitud, cruzando por una plaza en la que estaban subastando a una bella doncella de rubios cabellos. Rebuscó entre sus andrajos y con el custodiado trocito de jaspe que todavía conservaba (en la esperanza de entregárselo algún día al Señor), compró la libertad de la joven. La mujer, en agradecimiento, besaba sus manos cuando la tierra tembló, rompiéndose en dos el templo, rasgándose los sepulcros. Con tan mala fortuna, que una piedra golpeó fuertemente la cabeza de Artabán, quedando tumbado en el suelo, desmayado. Y al recobrar el conocimiento vio como un hombre le sujetaba por los hombros y le miraba firmemente. Un joven que probablemente tenía la misma edad que él tenía cuando emprendió el viaje y que le decía: “Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. “¿Cuándo hice yo lo que decís”?, preguntó sin apenas respiración mientras miraba sus manos vacías de jaspe, diamantes y rubíes. “Cuanto hiciste por mis hermanos, lo has hecho por mí”, fue la respuesta. Y Artabán expiró, emprendiendo un nuevo viaje que le llevó a la eternidad del universo, al infinito del horizonte, fundiéndose con las estrellas y dejando la estela del que fue el Cuarto Rey Mago de Oriente.
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La leyenda de Johnny Lingo

La leyenda de Johnny Lingo

Muy lejos en una isla tropical, un niño huérfano llamado Tama es excluido por su tribu encontrándose a gusto junto a un compañero paria: Mahana, una niña rechazada por su apariencia descuidada. Cuando Tama va en busca de una nueva vida, promete a la triste Mahana que volverá por ella algún día. Pero el viaje de Tama lo lleva a Johnny Lingo, un comerciante rico quien lo hace su aprendiz y aparente heredero. Ahora que Tama se dedica a su nueva vida, deberá aprender que el valor de un hombre no reside en sus posesiones sino en el amor, amistad... y en honrar su promesa del pasado en ir en busca de Tama.

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Journey of Faith: The New World

Journey of Faith: The New World

Bueno este es un DVD que recomiendo ampliamente, un Documental muy bueno por parte de BYU. Contiene lasreflexiones e ideas de 32 estudiosos del Libro de Mormón. Aunque no representan la opinión oficial de la Iglesia es una gran ayuda para la comprensión de este texto sagrado. En el podemos encontrar una descripción de la tierra de Mormón, la historia religiosa, la cultura, y las tradiciones, creando un mosaico fascinante. La deslumbrante belleza de las imágenes filmadas en Guatemala y México combinado con el arte de Joseph Brickey ilumina el escenario en el que se desarrolla la historia del Libro de Mormón.

Algunos Capítulos que encontraran en el DVD original:

En formato: Mp4

Metales en el Libro de Mormón

La Flora y Fauna

La Ley de Moisés y el Libro de Mormón

Lenguajes en el Libro de Mormón

Quiasmos en el Libro de Mormón

El ADN y el Libro de Mormón

CITAS SUD : Prioridades - Establecerlas en nuestra vida

Deseo declarar manifiestamente que los mandamientos de Dios deben observarse a fin de recibir las bendiciones y las promesas del Salvador. Los Diez Mandamientos siguen siendo parte primordial del Evangelio de Cristo; con Su venida, llegaron nueva luz y vida que brindan una mayor medida de regocijo y de felicidad. Jesús introdujo una norma más elevada y más difícil de conducta humana, la cual es más sencilla así como también más difícil por motivo de que se centra en requisitos internos en lugar de externos. No sólo debemos evitar el mal y no sólo debemos hacer el bien, sino lo más importante es que debemos hacer lo que es de mayor valor. Debemos concentrarnos en las cosas internas del corazón, las que intuitivamente conocemos y valoramos, y que no obstante muchas veces dejamos a un lado por lo que es trivial, superficial o arrogante. Los principios salvadores y las doctrinas de la Iglesia están establecidos, son fijos e inmutables. La obediencia a ellos es indispensable para tener 'la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero'. James E. Faust, Liahona enero 1998, pág. 66.

LA RELEVANCIA DE JOB EN EL SIGLO XX

LA RELEVANCIA DE JOB EN EL SIGLO XX

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CHARLAS FOGONESRAS SEI 2006

CHARLAS FOGONESRAS SEI 2006

RESISTAN TODA TENTACIÓN DEL DIABLO - Élder W. Rolfe Kerr

MIREMOS HACIA ADELANTE CON LA MIRA DE LA FE - Élder Merrill J. Bateman

COMIENZOS - Presidente James E. Faust

DONES DEL ESPÍRITU PARA TIEMPOS DIFÍCILES - Élder Henry B. Eyring

FE Y OBRAS EN UN MUNDO SECULAR - Obispo Keith B. McMullin

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CHARLAS FOGONERAS SEI 2005

CHARLAS FOGONERAS SEI 2005

LA FE Y LAS FAMILIAS - Élder Russell M. Nelson

LA BENDICIÓN DEL TRABAJO - Élder David E. Sorensen

LA DEDICACIÓN DE TODA UNA VIDA - Élder Dallin H. Oaks

LAS ESCRITURAS:

DESEABLES MÁS QUE EL ORO; Y DULCES MÁS QUE MIEL - Susan W. Tanner

LAS DECISIONES DETERMINAN NUESTRO DESTINO - Presidente Thomas S. Monson

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Guiando una Gran Obra Misional de Barrio

Guiando una Gran Obra Misional de Barrio

Esta guía fue preparada para el uso de líderes de misión de la Iglesia de Jesucristo de

Los Santos de los Últimos Días en Nueva Inglaterra.

Debe de ser estudiada en conjunto con Predicad Mi Evangelio (aquí se le hace

Referencia como PME y le sigue el numero de pagina), y la carta de la Primera

Presidencia con la fecha de febrero 2005, Obra misional del barrio, (aquí se le hace

Referencia como OMB).

Esta guía no es una publicación oficial de la Iglesia.

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CITA SUD :

"A los niños es preciso enseñarles el regocijo del trabajo honrado para que experimenten la satisfacción que se siente al ver un trabajo bien hecho. Nuestros hijos no necesitan todo lo que tienen los hijos de los vecinos. Desde luego que deseamos que desarrollen sus talentos, pero no tienen que inscribirse en todos los programas deportivos ni en todos los cursos de desarrollo cultural que se ofrezcan. Me desconcierta, cuando quedo de huésped en diversas casas, ver tantos niños que no saben hacer una cama, ni cuidar su ropa, ni usar un tubo de pasta dentífrica para conservarla, ni apagar las luces, ni poner la mesa en la forma debida, ni cortar el césped, ni cuidar de un huerto. Esas sencillas tareas de limpieza, orden y conservación serán una bendición para ellos a lo largo de su vida y los prepararán para ser autosuficientes cuando lleguen a la edad en que deban bastarse a sí mismos. Enseñémosles el conocimiento básico de que la tierra es del Señor. Y El tiene un sistema maravilloso para henchirla y renovarla siempre que cuidemos de ella, que la conservemos y no la desperdiciemos."(Elder L. Tom Perry, Liahona enero 1989, pág. 78)

LA CONVERSIÓN

LA CONVERSIÓN

Una joven hizo esta interesante pregunta: "Yo nací en una familia miembro de la Iglesia, por lo que sus enseñanzas y tradiciones me son familiares y estoy acostumbrada a ellas, pero, ¿cómo puedo saber si estoy realmente convertida y no solo acostumbrada al Evangelio?"

Aunque la pregunta fue respondida en aquella ocasión, desde entonces he pensado varias veces en lo que la conversión significa, tanto para alguien que ha nacido en un hogar Santo de los Últimos Días, como para quien que se une a la Iglesia en un momento posterior de su vida. En esta oportunidad quisiera volver sobre esta interrogante, atendida su vital importancia. Al hacerlo, me parece oportuno agradecer a esta joven por su sincera inquietud, ya que esta es una de las preguntas importantes de la vida y, encontrar la respuesta a ella, uno de los hallazgos más valiosos de nuestra existencia.

"Convertir", según el diccionario significa "cambiar", "mudar", "modificar"; por lo que la conversión de la que hablamos implicaría un cambio en la forma de vida. Aunque cambiar nuestra conducta es parte de la conversión, tal cambio no constituye per se conversión ya que, como veremos, esta tiene un componente interno que involucra al corazón o sentir de las personas. Las vidas de Lamán y Lemuel nos muestran que los cambios externos no implican necesariamente conversión; ellos tuvieron varios cambios de conducta que fueron positivos, pero no se convirtieron verdaderamente: "... de tal manera que ablandaron sus corazones, y cesaron en sus esfuerzos por quitarme la vida. Y sucedió que se sintieron apesadumbrados de su maldad, al grado de que se humillaron delante de mí, suplicándome que les perdonara aquello que habían hecho conmigo" (1 Nefi 7:19-20). Estos hijos del padre Lehi fallaron en los cambios menos perceptibles a simple vista, aquellos que se desarrollan en la mente y en el corazón de las personas; en otras palabras, la disposición de sus almas nunca cambió.

También existe otra definición lingüística para la palabra "convertir" que es muy interesante, y esta es "reconciliar". De ello se sigue que, estar convertido significaría estar reconciliado o en armonía. ¿Reconciliado o en armonía con quién? Me gusta esta definición porque en ella subyace un principio eterno. Nuestra naturaleza es ser hijos de Dios y esta misma naturaleza nos llama a estar con Él, pero el pecado nos aleja de Su presencia y, si según Pablo, todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios (véase Romanos 3:23), la conversión no viene a ser otra cosa que reconciliarnos o volver a estar en armonía con nuestro Dios y Padre o, en otras palabras, con nuestra naturaleza de hijos de Dios.

Una verdadera conversión implica una mutación del alma, un cambio interior que nos hace aceptar voluntariamente a Dios como parte esencial de nuestra vida. Alma hijo, habiendo experimentado en carne propia una conversión grande y excepcional, enseñaba con poder esta verdad. Él entendía claramente que no basta con una modificación de nuestra conducta. Así, después de enseñar el principio de la conversión a los miembros de la Iglesia de Zarahemla, les preguntó si habían nacido espiritualmente de Dios; si habían recibido Su imagen en sus rostros o sí habían experimentado un gran cambio en sus corazones (véase Alma 5:14).

Es posible que una persona que ha nacido en un hogar de miembros de la Iglesia no sienta cambios en su vida, ya que probablemente ha vivido siempre las normas del Evangelio como algo natural, tal como la jovencita de la pregunta. En estos casos el miembro de la Iglesia puede contemplar su vida, sus pensamientos y deseos, los hechos de su diario quehacer y ver si estos se encuentran en armonía con la voluntad de Dios y si conscientemente acepta Su voluntad en su existencia. Sobre este respecto, es útil también recordar que el cambio puede manifestarse de diferentes maneras, como por ejemplo, cuando tenemos el deseo de hacer la voluntad de Dios sin mediar compulsión; cuando sentimos que Dios y Su Hijo Jesucristo son importantes en nuestra vida, cuando tenemos la necesidad de contar con la compañía del Espíritu Santo; cuando sentimos que debemos arrepentirnos de lo malo, cuando deseamos hacer el bien a nuestros semejantes, entre otras.

Es necesario enfatizar que no hay que buscar cambios bruscos y asombrosos; de hecho, conversiones de este tipo, son la excepción. Ha habido sobre la Tierra personas cuyo cambio de corazón fue algo instantáneo, se convirtieron en un solo evento, el mismo Alma hijo es buen ejemplo de ello. Pero como ya se ha señalado, para la mayoría de nosotros la conversión será un proceso que irá ocurriendo con el tiempo, que puede tomar años o incluso toda la vida. Es decir, nuestro corazón va a ir cambiando a través de las épocas, quizás imperceptiblemente, probablemente sin ángeles y sin estruendos, pero lo cierto es que, si decidimos cambiar, entonces llegará el momento en que sentiremos -o nos daremos cuenta con la certeza de nuestra propia existencia -que nuestro corazón es distinto, que amamos a Dios, que queremos llevar la clase de vida que agrada a nuestro Padre Celestial, pero que a la vez nos agrada también a nosotros.

Un buen ejemplo del proceso de conversión de una persona que era hijo de miembros de la Iglesia es el de Nefi, hijo de Lehi. Cuando su padre habló concerniente a la voluntad del Señor de que él y sus hermanos deberían volver a Jerusalén por las planchas de bronce, el respondió de una manera notable: "... Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado" (1 Nefi 3:7). Pero lo verdaderamente relevante no es la respuesta, sino lo que hizo a Nefi capaz de decirla. Antes de pronunciar esta recordada frase, él decidió que era importante preguntar a Dios sobre lo que su padre había dicho, no para cuestionarlo, sino para conocer por sí mismo la voluntad del Señor : "Y sucedió que yo, Nefi... clamé por tanto al Señor; y he aquí que él me visitó y enterneció mi corazón, de modo que creí todas las palabras que mi padre había hablado... " (1 Nefi 2:16). En una ocasión posterior, luego de escuchar la visión que su padre había tenido acerca del Mesías, él deseó ver y escuchar las mismas cosas. Nefi era un fiel joven hijo de miembros, pero para llegar a ser el profeta que fue, debió aprender y tener experiencias que lo convirtieron, que le permitieron crecer y desarrollar su confianza en el Señor. Él no se quedó esperando que algo sucediera, ni tampoco quiso permanecer neutral o indeciso, sino que decidió tomar un rumbo en su vida y ese rumbo fue acercarse al Señor, conocerlo más, amarlo más y por eso preguntaba en oraciones y el Señor le respondía.

Felizmente, la oportunidad de acercarse a Jesucristo y obtener un testimonio personal de Él, está al alcance de todo el que lo quiera. De hecho, el Señor nos invita abierta y amorosamente a venir a Él.

 

 

TRADUCCIÓN Y PUBLICACIÓN DEL LIBRO DE MORMON

TRADUCCIÓN Y PUBLICACIÓN DEL LIBRO DE MORMON

Las opiniones expresadas en este artículo son las opiniones del autor y no representan la posición del Instituto Maxwell, la Universidad Brigham Young, o La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

1994 por Stephen D. Ricks. Transcripción de una conferencia presentada en el marco de la serie de conferencias del Libro de Mormón. 

 Me complace estar en condiciones de pasar algún tiempo con ustedes el día de hoy hablando de la traducción del Libro de Mormón. Tengo la esperanza de que al final de la conferencia de hoy podamos conocer un poco más acerca de lo que José Smith dijo y pensaba sobre la traducción del Libro de Mormón. 

1. ¿Qué dijo José Smith?

2. ¿Lo qué otros -asociados, colegas y compañeros de trabajo, que lo conocieron en ese período de tiempo- dijeron sobre el proceso de traducción?

 3. Y más allá de eso, hacer las preguntas que se refieren específicamente a los medios y el método que se utilizó en el proceso de traducción. Por medios me refiero a los instrumentos, los objetos que se utilizaron. Y descubrir lo que podemos aprender de eso.

 4. Además de que, finalmente, ¿qué método se utilizó en el proceso de traducción? ¿Cómo es que José utilizo efectivamente estos instrumentos, los objetos que le fueron dados, a fin de ser capaz de traducir? Estas cuatro preguntas son las que espero podamos discutir. 

Todos estamos familiarizados, en mi opinión, con la ahora famosa carta a Wentworth, la carta que contiene los trece artículos de fe, en la que José describe el auge y el progreso de la Iglesia. En esta carta también se describe un poco acerca de la traducción del Libro de Mormón. Dijo que el Libro de Mormón fue traducido por medio del Urim y Tumin, mediante el don y el poder de Dios. En otras ocasiones utilizó un lenguaje similar en relación con el proceso de traducción. En una carta que escribió a una persona muy popular, a quien se refirió como “el ministro judío Josué”, dice que la traducción se produjo por el don y el poder de Dios. Y en otros lugares, donde habla de la utilización del Urim y Tumin, o los Pectorales, o los intérpretes nefitas, como se denominan en el Libro de Mormón (y aquí debo añadir que el término entre paréntesis Urim y Tumin que se utilizan normalmente para describir los objetos o los instrumentos que se utilizaron para la traducción, en realidad nunca se encuentra así en el Libro de Mormón), siempre y en cada ocasión simplemente utilizo la frase de que fueron usados por el don y el poder de Dios. Podemos preguntarnos, por qué es que José era tan reticente a responder a esta pregunta con más detalle? Y sabemos que así fue, porque en 1831, en la Conferencia de octubre en Orange, Ohio, su hermano Hyrum, tan amado y quién hizo mucho, y que tanto hizo por José, le pidió, frente a la congregación, por favor, si se levantaba y contaba a los asistentes de la conferencia como había, con mayor detalle, relatar exactamente la forma en que el Libro de Mormón fue traducido. Y en respuesta a esa petición, José dijo que no era conveniente para él más que decir lo que ya se había dicho acerca del Libro de Mormón, y fue así que mayores detalles no se proporcionaron. Reticencias que, sospecho, fueron el resultado de algunas malas experiencias que José podría haber tenido desde cuando dio a conocer las cosas sagradas a los individuos. Recordamos, por supuesto, que en el principio cuando José quería que la gente supiese acerca de las experiencias de la primera visión, el resultado fue una mayor persecución de la que él podría haber imaginado.

Hubo otro problema. A principios de la Iglesia, muchos de los primeros miembros de esta comenzaron a creer que era sólo por y a través de la utilización de la piedra del vidente que era posible recibir la revelación. Por lo tanto, comenzaron a sentir que para que fuesen legítimas las revelaciones que estuviesen dándose, era un requisito que la piedra del vidente tuviese que estar allí. José, como veremos, pronto abandonó la piedra del vidente porque se sintió que ya no tenía necesidad de usarla. Esta gente siguió creyendo que la piedra era fundamental. Por lo tanto, creo que a causa de esta actitud entre algunos miembros de la Iglesia, así como la actitud que pudieran tener los sospechosos que se encontraban fuera de la Iglesia, decidió no decir nada más de lo que él dice que hay en estas declaraciones, que “fue por el don y el poder de Dios ” como tradujo el Libro de Mormón. Sin embargo, afortunadamente, otros testigos han dicho más sobre ello. Han hablado tanto en términos de los instrumentos u objetos que se utilizaron con el fin de traducir el Libro de Mormón y además, también hablan en cierta extensión sobre el método que se utilizó. Y me gustaría tenerlos a ellos en cuenta. Durante el proceso de traducción se menciona el uso de dos instrumentos de trabajo. Uno de ellos era la piedra del vidente. Todos, en mi opinión, conocemos la palabra, pero me gustaría que tuviésemos esto en cuenta, por que la palabra vendrá en el contexto de otros significados también. Y, en adición a esta, otra palabra, los “intérpretes”, a veces también llamados los intérpretes nefitas, o los Pectorales. Estos dos objetos parecen haber sido utilizados desde el principio en el proceso de la traducción del Libro de Mormón. La piedra del vidente, hablaremos de ella en primera instancia. Parece que fue inicialmente encontrada por Joseph y su hermano Alvin, cuando trabajaban en la propiedad de Chase Mason en 1822 y es descrita, por uno de los testigos, como del tamaño de un pequeño huevo de gallina, con la forma de un zapato. Estaba compuesta de capas de diferentes colores que pasaban diagonalmente a través de ella. Era muy dura y lisa, tal vez por el hecho de llevarla en el bolsillo.Descargarlo completo

SESIÒN DEL SACERDOCIO CONFERENCIA OCTUBRE 2010

SESIÒN DEL SACERDOCIO RECUERDA DAR PAUSA A REPRODUCTOR DE MUSICA

REUNION GENERAL DE SOCIEDAD DE SOCORRO

TESTIGOS ESPECIALES DE CRISTO

TESTIGOS ESPECIALES DE CRISTO

 

Aquí les dejamos Este Excelente video En español :

Oradores: Gordon B. Hinckley Premortal Ministry: Neal A Maxwell,Ruseell M. Nelson Mortal Ministry : Joseph B. Wirthlin, Richard G. Scott, L. Tom Perry , Henry B. Eyring, Robert D. Hales, David B. Haight, Dallin H. Oaks, Jeffrey R. Holland, Gordon B. Hinckley, M. Russell Ballard Postmortal Ministry : Boyd K. Packer, James E. Faust, Thomas S. Monson , Gordon B. Hinckley

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Parte 1 Parte 2 Parte 3

EL DAR EL TESTIMONIO

EL DAR EL TESTIMONIO

En mis experiencias en casa y en la Iglesia, aprecio cada vez más el poder de dar testimonio. Pocos relatos sobre la historia de la Iglesia han surtido un impacto más profundo en mí que las siguientes palabras del presidente Brigham Young (1801–1877), sobre quien el testimonio puro ejerció una gran influencia:

“Si todo el talento, el tacto, la sabiduría y el refinamiento del mundo descansaran sobre una única persona, y esa persona fuera enviada a mí con el Libro de Mormón y me lo presentara y me declarara la verdad de él empleando la más excelsa elocuencia terrenal, intentando corroborarla mediante su conocimiento y la sabiduría del mundo, para mí habría sido como el humo que asciende y se desvanece. Cuando vi a un hombre sin elocuencia o talentos para hablar en público y que sólo pudo decir: ‘Yo sé, por el poder del Espíritu Santo, que el Libro de Mormón es verdadero, que José Smith es un Profeta del Señor’, el Espíritu Santo que procedía de aquel individuo ilumin[ó] mi entendimiento y [percibí] la luz, la gloria y la inmortalidad manifiestas ante mí”1. Empleemos las Escrituras y las palabras de los profetas para examinar qué es el testimonio y cómo deberíamos expresarlo. 

Qué es un testimonio 

El testimonio suele definirse como el conocimiento o la certeza de una verdad que una persona declara mediante el poder convincente del Espíritu Santo. El apóstol Pablo enseñó: “...nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). Dado que las cosas de Dios sólo pueden conocerse mediante el poder del Espíritu, del mismo modo sólo se pueden declarar por el Espíritu, y eso es testificar.

Puesto que el testimonio es personal, al compartirlo solemos emplear el verbo en primera persona del singular (por ejemplo: sé; aunque a veces los padres, los misioneros o los líderes de la Iglesia tal vez emplean la primera persona del plural: sabemos). El testimonio se puede reconocer por el empleo de verbos poderosos, como son: saber, testificar, creer, dar fe, declarar, afirmar, dar testimonio. A menudo comprende la declaración de lo que uno sabe, siente, experimenta o cree, como por ejemplo: “¡Escuchamos!

¡Contemplamos! ¡Admiramos!” (José Smith— Historia 1:71, nota). Habitualmente, un testimonio es una declaración breve, precisa y concisa.

El presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió la siguiente observación: “En el campo misional tuve una experiencia que me sirvió para aprender mucho en cuanto al testimonio. A pesar de que todo parecía estar bajo control, no progresábamos como debíamos. No se trataba precisamente de algo que estábamos haciendo cuando en realidad no debíamos hacerlo, sino de algo que debíamos hacer y que no estábamos haciendo.

“Llevamos a cabo una serie de conferencias de zona para incrementar la espiritualidad en la misión. En vez

de programar instrucciones sobre la mecánica de la obra misional, decidimos efectuar reuniones de testimonios. En la última conferencia, en el testimonio de uno de los humildes élderes, encontré la solución al problema. Hubo algo diferente en cuanto a la declaración de aquel atemorizado y nuevecito misionero. No estuvo de pie por más de un minuto, pero pese a ello, por medio de su expresión comprendí qué era lo que faltaba.

“Los testimonios que escuchamos de todos los demás misioneros se ajustaron, más o menos, a las siguientes palabras: ‘Estoy agradecido por estar en el campo misional. He aprendido muchas cosas. Tengo un buen compañero. He aprendido mucho de él. Estoy agradecido por mis padres. Mi compañero y yo tuvimos una experiencia interesante la semana pasada. Estábamos folleteando y...’ Entonces el misionero relataba la experiencia y después decía algo más o menos así: ‘Estoy agradecido por estar en el campo misional. Tengo un testimonio del Evangelio’, y terminaba diciendo ‘en el nombre de Jesucristo. Amén’.

“Pero el testimonio del misionero que mencioné fue diferente. Sin el más mínimo interés de tomar mucho tiempo dijo simple y rápidamente con voz temblorosa: ‘Sé que Dios vive. Sé que Jesús es el Cristo. Sé que tenemos un profeta de Dios guiando esta Iglesia. En el nombre de Jesucristo. Amén’. “Ése fue un testimonio. No fue simplemente una experiencia ni una manifestación de agradecimiento, sino que se trató de una declaración y de una testificación.

“La mayoría de los misioneros habían dicho que tenían un testimonio pero no lo habían declarado. Este otro joven élder lo había declarado en pocas palabras, en forma directa y elemental, pero al mismo tiempo poderosa.

“Fue entonces que comprendí lo que estaba funcionando mal en la misión. Nos estábamos limitando a relatar experiencias, a expresar agradecimiento, a reconocer que teníamos un testimonio, mas no estábamos testificando”2.

La Primera Presidencia ha recalcado la importancia deser breves y concisos al dar testimonio: “Nos preocupa que haya miembros que desean compartir su testimonio durante una reunión de ayuno y testimonios y no tengan la oportunidad de hacerlo. Se insta a los obispados a ayudar a todas las personas a aprender cómo expresar un testimonio breve y sincero del Salvador, de Sus enseñanzas y de la Restauración, para que haya más miembros que tengan la oportunidad de participar”3.

Lo que no es un testimonio 

En ocasiones se puede aprender mucho acerca de un principio al determinar lo que no es. He aprendido que un testimonio:

• No es una exhortación. Las personas que se ponen de pie durante la reunión de ayuno y testimonios y exhortan a los demás o incluso tratan de llamarlos al arrepentimiento, aun con la mejor de las intenciones, usurpan la autoridad y con frecuencia ofenden a los presentes y perturban el espíritu de la reunión.

• No es una experiencia, a pesar de que las experiencias pueden ilustrar creencia y convicción.

• No es una manifestación de gratitud o de amor, aunque frecuentemente esos sentimientos se incluyen apropiadamente cuando se comparte un testimonio.

• No es una confesión pública.

• No es un sermón ni un discurso sobre un punto de doctrina, aunque alguien podría citar un pasaje de las Escrituras y a continuación dar testimonio de él.

• No es una larga explicación de cómo es que se sabe sino de lo que se sabe.

• No es simplemente pronunciar las palabras: “Tengo un testimonio”

. No es incorrecto decir eso, pero es de esperarse que, después de pronunciarlas, se exprese algo acerca de las doctrinas, de las verdades y de los principios de los que se tiene un testimonio. 

Cómo dar testimonio durante las lecciones y los discursos  

Después de impartir una lección o dar un discurso, por lo general la persona debiera concluir su mensaje con un testimonio formal, como punto culminante de todo lo que se haya dicho. Los misioneros de tiempo completo suelen incluir un testimonio breve y conciso al final de cada principio clave que enseñan y luego concluyen la charla con un testimonio a modo de resumen de los principios clave que se enseñaron.

Aconsejo a los maestros que actúen con cautela en el aula o desde el púlpito a fin de no abusar del uso del testimonio durante sus lecciones y discursos. Es posible que los miembros no escuchen con atención, ni por medio del Espíritu, a testimonios demasiado frecuentes, y los investigadores podrían quedar confusos. Peor aún, podrían interpretar el testimonio como una especie de expresión legal o jurídica. Sencillamente, podríamos hacer que lo sagrado se volviera trivial, con lo que se perdería la fuerza de nuestro testimonio. El Señor nos advierte: “...lo que viene de arriba es sagrado, y debe expresarse con cuidado y por constreñimiento del Espíritu” (D. y C. 63:64). 

Ejemplos de testimonios 

En las Escrituras hay numerosos ejemplos de testimonios puros. Alma sabía que, a fin de rescatar a su pueblo, debía expresar un testimonio puro (véase Alma 4:19). Primero dice a su pueblo cómo es que sabe (véase Alma 5:45–46) y luego da testimonio puro de lo que sabe: “Os digo yo que sé por mí mismo, que cuanto os diga concerniente a lo que ha de venir es verdad; y os digo que sé que Jesucristo vendrá; sí, el Hijo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia, de misericordia y de verdad. Y he aquí, él es el que viene a quitar los pecados del mundo, sí, los pecados de todo hombre que crea firmemente en su nombre” (Alma 5:48).

Otro poderoso ejemplo de un testimonio puro se halla en el relato del profeta José Smith y de Sidney Rigdon de la visión de los tres grados de gloria: “Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! “Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre; “que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76:22–24).

El libro José Smith—Historia, en la Perla de Gran Precio, se publica en formato de folleto para la obra misional con el título El testimonio del profeta José Smith (artículos 36081 y 32667 002). En este relato, el Profeta declara de manera sencilla pero directa: “...había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación” (José Smith—Historia 1:25). Sabemos que Juan el Bautista expresa un testimonio puro cuando emplea la expresión doy testimonio: “Y yo, Juan, doy testimonio de que vi su gloria, como la gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, sí, el Espíritu de verdad que vino y moró en la carne, y habitó entre nosotros... “Y yo, Juan, doy testimonio, y he aquí, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma y reposó sobre él; y vino una voz de los cielos, que decía: Éste es mi Hijo Amado. “Y yo, Juan, testifico que recibió la plenitud de la gloria del Padre” (D. y C. 93:11, 15–16).

En algunos pasajes de las Escrituras, el Padre o el Hijo también dan testimonio. Por ejemplo, Nefi oyó el testimonio de Dios el Padre, que declaró: “...Sí, las palabras de mi Amado son verdaderas y fieles. Aquel que persevere hasta el fin, éste será salvo” (2 Nefi 31:15).

El Salvador testificó del profeta José Smith y de la traducción del Libro de Mormón: “Y ha traducido el libro, sí, la parte que le he mandado; y vive vuestro Señor y vuestro Dios, que es verdadero” (D. y C. 17:6).

El Salvador testificó de Sí mismo: “Soy el primero y el último; soy el que vive, soy el que fue muerto; soy vuestro abogado ante el Padre” (D. y C. 110:4).

Siento un profundo agradecimiento por el poder del testimonio puro. Sigo examinando la forma en que expreso mi propio testimonio a fin de que se ciña a los principios correctos que se enseñan en las Escrituras y que imparten los profetas de los últimos días. Testifico que la expresión de un testimonio puro va acompañada de poder divino. 

NOTAS
1. Deseret News, 9 de febrero de 1854, pág. 4; véase
Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
Brigham Young, 1997, pág. 73.
2. Véase Enseñad Diligentemente, 1985, págs.
283–284.
3. Carta de la Primera Presidencia, 2 de mayo de 2002;
véase también M. Russell Ballard, “Testimonio puro”,
Liahona, noviembre de 2004, págs. 40–43.

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REFLECTIONS OF CHRIST -HYMNS OF OUR SAVIOR

REFLECTIONS OF CHRIST  -HYMNS OF OUR SAVIOR

01 - Joy To The World
02 - Come, Thou Fount Of Every Blessin
03 - In Humility, Our Savior
04 - Amazing Grace
05 - Be Still, My Soul 1
06 - I'll See You There
07 - I Need Thee Every Hour
08 - I Know That My Redeemer Lives
09 - Oh, May My Soul Commune With Thee
10 - Jesus, Lover Of My Soul
11 - Nearer, My God, To Thee
12 - Reflections Of Christ Theme

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"ESCALANDO EL MONTE A LA EXALTACION" De lo telestial a lo terrestre-Genevieve De Hoyos

"ESCALANDO EL MONTE A LA EXALTACION"  De lo telestial a lo terrestre-Genevieve De Hoyos

A la edad de veintitrés años, cuando mi mamá sugirió que me quedara en Uruguay para cumplir una misión, no estaba bien preparada para representar a la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días. Ciertamente había ganado un fuerte testimonio de Dios, y una gran dependencia de él, y no dudaba que José Smith era un profeta. Había leído toda la Biblia y todo el Libro de Mormón. Mi familia había sido activa en todas las ramas en las cuales habíamos residido. Y cuando no había rama o misioneros, siempre habíamos quedado en contacto con la iglesia, primero en Francia, y después en Argentina, y en Uruguay. Pero no tenía mucho conocimiento. Me di cuenta de mi falta de preparación cuando fui con una de las hijas de nuestro presidente de misión, a folletear. Un hombre nos preguntó cual era la diferencia entre nuestra iglesia y las muchas iglesias protestantes que trataban de ganar conversos entre los católicos. Y aunque las dos más o menos contestamos algo, me quedé con la espina de quefrancamente, no sabía con exactitud por qué nuestra iglesia era diferente.

Sintiéndome algo abatida, visité a nuestro Presidente Frederick S. Williams, y compartí con él esa experiencia y mi ignorancia. Él inmediatamente buscó en sus estantes un libro (en Inglés), en el cual encontré una lista de los profetas que encabezaron las siete dispensaciones. Y así, por primera vez en mi vida, entendí que nuestra iglesia poseía el mismo evangelio que fue revelado tantas veces por nuestro Señor, por medio de los profetas de Dios.

Más tarde un misionero me prestó una lista de nuestras creencias comparándolas con lo que creían otras iglesias Cristianas. Lo que más me extrañó fue que nuestra iglesia era la única iglesia Cristiana que cree en la vida pre-mortal. Para entonces ya había notado que, al hablar con investigadores, a pesar de que ninguna de las iglesias enseña esa doctrina, nadie protestaba cuando nos referíamos a nuestra vida premortal. Obviamente, muchos son los que "recuerdan," aun si muy vagamente, de su estadía allí. En ese tiempo, usábamos mayormente la Biblia para tener un punto de referencia con nuestros investigadores, así que busqué en ese libro todas las referencias posibles sobre una vida anterior. Había pocas, pero ésas definitivamente indicaban que habíamos existido antes de nacer. En mi misión, la vida pre-mortal llegó a ser uno de mis temas favoritos.DESCARGAR LIBRO

LIBRO NUEVO "MI DEBER A DIOS"en español

LIBRO NUEVO "MI DEBER A DIOS"en español

Vives en una época de grandes oportunidades y desafíos; una época en la que se ha restaurado el sacerdocio. Tienes la autoridad para administrar las ordenanzas del Sacerdocio Aarónico. A medida que ores y ejerzas esa autoridad con dignidad, podrásbendecir en gran medida la vida de  las personas que te rodeen.

Este libro, junto con las Escrituras y el folleto Para la fortaleza de la juventud, te ayudará a cumplir tus responsabilidades.

Nuestro Padre Celestial tiene gran confianza en ti, cuenta contigo y tiene una importante misión para que la cumplas; te ayudará si acudes a Él en oración, escuchas los susurros del Espíritu,  obedeces los mandamientos y guardas los convenios que has hecho. A medida que cumplas tus deberes tendrás un gran sentimiento de logro y estarás preparado para recibir el Sacerdocio de Melquisedec, recibir los convenios y las ordenanzas del templo, prestar servicio dignamente en una misión, y llegar a ser un padre y un esposo digno. Que el Señor te bendiga en tus empeños.

 

LA PRIMERA PRESIDENCIA

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¿ CUAL ES NUESTRA DOCTRINA ?

¿ CUAL ES NUESTRA DOCTRINA ?

Robert L. Millet es profesor de la historia y doctrina de la Iglesia y ex decano de Educación Religiosa en BYU.

Se nos ha mandado enseñarnos “el uno al otro la doctrina del reino”. “Enseñaos diligentemente, —implora el Señor— Y mi gracia os acompañará, para que seáis mas perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al de reino de Dios, que os conviene comprender” (DyC 88:77–78). Pero, exactamente ¿qué debemos enseñar? ¿Qué es la doctrina?

Antes de empezar estos comentarios, permítanme afirmar que entiendo implícitamente que la autoridad para declarar, interpretar y aclarar la doctrina descansa en los apóstoles y profetas vivientes. Por lo tanto, este artículo solamente hablará acerca de la doctrina y en ninguna manera intento enseñar más allá de mi propia mayordomía.


La doctrina: su propósito, poder y pureza

La doctrina es “el grupo básico de enseñanza o entendimiento cristianos (2 Tim. 3:16). La doctrina cristiana se compone de las enseñanzas que deben entregarse mediante la instrucción o la proclamación [...] La doctrina religiosa se ocupa de las preguntas más esenciales y comprehensivas”.1

Además, “la doctrina del evangelio es sinónimo de las verdades de salvación. Contiene las aseveraciones, las enseñanzas y las teorías verdaderas que se encuentran en las escrituras; incluye los principios, los preceptos y las filosofías reveladas de la religión pura; los dogmas, las máximas y las opiniones de los profetas son parte de ella; también los Artículos de Fe son una parte de ella, así como cada declaración inspirada de los agentes del Señor”.2

La doctrina central y salvadora es que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador y Redentor de la humanidad; que Él vivió, enseñó, sanó, sufrió y murió por nuestros pecados; y que se levantó de los muertos al tercer día con un cuerpo resucitado glorioso e inmortal (véase 1 Corintios 15:1–3; DyC 76:40–42). El profeta José Smith se refirió a estas verdades centrales como “los principios fundamentales” de nuestra religión y dijo que “todas las otras [...] son únicamente dependencias de esto”.3

El presidente Boyd K. Packer observó: “La verdad, la gloriosa verdad, proclama que existe un Mediador [...] Mediante Él se puede extender la misericordia a cada uno de nosotros, sin temor a ofender la eterna ley de la justicia. Esta verdad es la raíz misma de la doctrina cristiana. Mucho podéis saber del evangelio al ramificarse desde allí, pero si solamente conocéis la ramas y esas ramas no tocan la raíz, si han sido cortadas del árbol de esa verdad, no habrá vida, ni substancia, ni redención en ellas”.4

Tal consejo nos dirige hacia lo que es de más valor, ya sea en sermones o en el salón de clases, y es lo que debe recibir nuestro mayor énfasis. Hay poder en la doctrina, poder en la palabra (véase Alma 31:5), poder para sanar el alma humana (véase Jacob 2:8), poder para transformar el comportamiento humano. “Si la verdadera doctrina se entiende, cambia la actitud y el comportamiento”, ha enseñado el Presidente Packer. “El estudio de las doctrinas del evangelio mejorará el comportamiento de las personas más fácilmente que el estudio sobre el comportamiento humano. Es por eso que enfatizamos tanto el estudio de las doctrinas del evangelio”.5

El elder Neal A. Maxwell también ha indicado que “las doctrinas que se creen y se practican nos cambian y nos hacen mejores, a la vez que aseguran nuestro acceso vital al Espíritu. Ambos resultados son cruciales”.6

Quienes somos maestros asociados con la Iglesia de Jesucristo tenemos la obligación de aprender las doctrinas, enseñarlas apropiadamente y comprometernos a hablar y actuar de acuerdo con ellas. Solo de esta manera podemos perpetuar la verdad en un mundo lleno de error, evitar la decepción, enfocarnos en lo que más importa y encontrar gozo y felicidad en el proceso. El Presidente Gordon B. Hinckley declaró: “He hablado antes acerca de la importancia de conservar pura la doctrina de la Iglesia y ver que se enseñe en todas las reuniones. Me preocupa mucho esto. Los pequeños errores en la enseñanza de las doctrinas pueden llevar a falsedades grandes y malignas”.7

¿Cómo podemos “conservar pura la doctrina”? ¿Qué podríamos hacer?

1. Podemos enseñar directamente de los libros canónicos, las escrituras. Las escrituras contienen la intención, la voluntad, la voz y la palabra del Señor (véase DyC 68:3–4) para los hombres y mujeres de días antiguos y, por ende, contienen la doctrina y las aplicaciones que son tanto oportunas como intemporales. “Y toda escritura dada por inspiración de Dios es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre [o mujer] de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (Traducción de José Smith [TJS] de 2 Timoteo 3:16–17).  DESCARGAR