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LA VERDAD RESTAURADA

Uno por uno: El modelo de servicio del quinto evangelio

Uno por uno: El modelo de servicio del quinto evangelio

El Nuevo Testamento presenta la obra mortal de Jesucristo como una misión no solo para grupos grandes sino también para los individuos. Las narraciones del Evangelio muestran que en muchos casos hubo un contacto físico directo entre Jesús y otras personas mientras Él ministraba entre el pueblo. Por ejemplo, cuando Él sanó de una fiebre a la suegra de Pedro, Jesús “tocó” su mano (Mateo 8:14–15: énfasis agregado; ver también Marcos 1:30–31; Lucas 4:38–39). En otra ocasión Jesús “extendió su mano y tocó” a un leproso para sanarlo (Mateo 8:1–3; énfasis agregado). Tocó los ojos de dos ciegos mientras Él los sanaba (ver Mateo 9:27–31). Sanó la sordera y un impedimento del habla cuando Él metió Sus dedos “en” las orejas de un hombre (Marcos 7:32–37). Él “puso las manos encima” de un ciego (Marcos 8:22–26). Él sanó a un joven endemoniado cuando “tomándole de la mano le enderezó” (Marcos 9:14–29; véase también Mateo 17:14–21; Lucas 9:37–43). El Salvador sanó a la hija de Jairo cuando la “tomó de la mano” y la levantó de entre los muertos (Mateo 9:23–26; véase también Marcos 5:35–42; Lucas 8:49–55). Los evangelios del Nuevo Testamento registran más milagros en los cuales pudo haber sido posible un contacto físico directo. 

En algunas ocasiones las personas se esforzaron para tocar al Salvador, como fue el caso cuando la mujer que padecía un flujo de sangre “tocó el borde de su manto” (ver Lucas 8:43–46; énfasis agregado). Sin embargo, en algunas ocasiones hubo algo más que el simple hecho de tocar. En el caso de la mujer recién citado, Jesús dijo que Él sabía que “poder ha salido de mí” (Lucas 8:46). José Smith explicó que “el poder al que se hace referencia aquí es el espíritu de vida” y que algunas veces nos debilitamos al dar bendiciones. Estos comentarios de Jesús y de José Smith infieren que en dichas ministraciones hubo una transmisión de poder. 

Jesús, de acuerdo con Marcos y Lucas, con frecuencia efectuó sanidades no solamente tocando a las personas sino por medio de una formal imposición de manos (ver Marcos 5:23; 6:5; 7:32; 8:22–25; Lucas 4:40; 13:13), y Él les exigió a sus discípulos que hicieran lo mismo (ver Marcos 16:18). La sanidad también se efectuaba mediante esta imposición de manos en la Iglesia posterior a la Resurrección (ver Hechos 9:12, 17; 28:8). Jesús también bendijo a los niños imponiendo las manos sobre ellos (ver Marcos 10:13–16). En la biblia La imposición de manos tiene un significado y un propósito distintos. La autoridad o poder no se traspasaba literalmente por medio de los brazos y manos a las personas, sino que la imposición de manos era una representación simbólica de quién o qué era el centro de esa acción ritual. En el Antiguo Testamento el uso de la imposición de manos se relacionaba al sacrificio y a la sucesión en un oficio. En el Nuevo Testamento, se asociaba con sanidades, con el bautismo del Espíritu Santo y con la asignación a deberes administrativos específicos en la Iglesia. Todos los ejemplos que se mencionan en el Nuevo Testamento sobre la imposición de las manos tienen las siguientes características fundamentales y unificadoras: el contexto siempre es sagrado, como lo muestra la mención frecuente de la oración, y en cada caso, algo se logra con el uso de esa práctica, aunque la imposición de manos sea una acción simbólica. 

3 Nefi—El quinto evangelio 

El tercer libro de Nefi, conocido en círculos de Santos de los Últimos Días como el quinto evangelio, describe el ministerio de Cristo entre los Nefitas posterior a Su Resurrección en términos similares a los que se usan en los cuatro evangelios en el Nuevo Testamento. Allí se enfatizan las experiencias personales del pueblo Nefita con el Mesías resucitado, y se menciona su contacto físico personal con Él así como Su imposición de manos como el acto simbólico para transmitir autoridad y poder. Además, se usaron varias formas de la palabra ministrar en relación con éstas experiencias. En su introducción al relato de la aparición, Mormón declara: “He aquí, os mostraré que a los del pueblo . . . les fueron manifestados grandes favores, y se derramaron grandes bendiciones sobre sus cabezas, al grado de que poco después de la ascensión de Cristo al cielo, Él verdaderamente se manifestó a ellos, mostrándoles su cuerpo y ejerciendo su ministerio a favor de ellos; y más adelante se hará una relación de Su ministerio” (3 Nefi 10:18–19; énfasis agregado). Leer articulo completo

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