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01/04/2008 15:47. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

01/04/2008 15:46. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

01/04/2008 15:44. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

01/04/2008 15:43. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

El Divorcio

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Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Un buen matrimonio no requiere un hombre o una mujer perfectos; sólo requiere un hombre y una mujer dispuestos a esforzarse juntos por alcanzar la perfección.

Recibí la impresión de hablar sobre el divorcio. Éste es un tema delicado porque provoca emociones muy fuertes en las personas a las que ha afectado de alguna forma. Algunos se ven a sí mismos o a sus seres queridos como víctimas del divorcio, mientras que otros se ven como sus beneficiarios. Algunos ven el divorcio como prueba del fracaso, mientras que otros consideran que es una compuerta esencial para escapar del matrimonio. En una forma u otra, el divorcio afecta a la mayoría de las familias de la Iglesia. Sea cual fuere su perspectiva, tengan a bien escuchar mientras intento hablar con franqueza sobre los efectos del divorcio en las relaciones familiares eternas que procuramos obtener de acuerdo con el plan del Evangelio. Hablo de ello por preocupación, pero con esperanza.  Seguir Leyendo




26/02/2008 19:35. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

El poder de los himnos para nutrir el alma

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Élder Jay E. Jensen
Del Quórum de los Setenta

Los himnos tienen una función primordial en la espiritualidad, la revelación y la conversión.

Este magnífico coro brinda sermones inspirados. De hecho, “el canto de los himnos es muchas veces en sí un elocuente sermón”. Cuando era joven, cantar los himnos de Sión influyó en mi testimonio y en mi conversión al Evangelio restaurado. Crecí en el pequeño pueblo de Mapleton, Utah, y asistí a las reuniones en lo que hoy se conoce como “la vieja capilla blanca”. Mi madre tiene 95 años y todavía vive en Mapleton. Cuando la visito, paso por “la vieja capilla blanca” y un sinfín de dulces recuerdos me embarga. Entre ellos, se encuentra el poder transformador de los himnos que cantábamos en las reuniones del sacerdocio, de la Escuela Dominical y en la reunión sacramental. Mis experiencias fueron similares a las del presidente Hinckley, que cuando era diácono, asistió a una reunión general del sacerdocio con su padre y cantaron “Loor al profeta”2. Más tarde dijo: “tuve una impresión imperecedera: la de que José Smith fue en verdad un profeta de Dios”3. Yo creo que una y otra vez, muchos de nuestros miembros tienen la misma experiencia. Los himnos tienen una función primordial en la espiritualidad, la revelación y la conversión.   Seguir leyendo




26/02/2008 19:24. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

Papá ¿ Estas despierto ? por Élder F. Melvin Hammond .

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Hace poco, el élder Pace, el élder Condie y yo nos reunimos con la Primera Presidencia. Al entrar en la sala, el presidente Hinckley nos miró con detenimiento y luego, con una sonrisa, dijo: "¿Cómo pueden tres hombres de pelo blanco ser la Presidencia de los Hombres Jóvenes de esta Iglesia?". Sólo le respondimos: "Porque usted nos llamó, Presidente".

Jovencitos, esperamos que estén entusiasmados con el programa "Sacerdocio Aarónico: Cumplir nuestro deber a Dios". Ha sido presentado a todo el Sacerdocio Aarónico en el mundo y tiene como fin bendecirles espiritual, física, social y mentalmente. Los requisitos son importantes y requerirán el máximo de sus esfuerzos. Podrán establecer metas personales y lograrlas con la ayuda de sus padres y extraordinarios líderes. Por toda la Iglesia se percibe un gran entusiasmo relacionado con este programa. Queremos que cada uno de ustedes cumpla los requisitos y reciba el anhelado premio "Mi deber a Dios". Hace muchos años llevé a nuestro único hijo, que era sólo un niño, en su primer viaje de campamento y pesca. El cañón era empinado y el descenso era difícil; pero la pesca era excelente. Continua leyendo

01/02/2008 03:55. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

" Un Real Sacerdocio " Conferencia 177- Octubre 2007

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Presidente Thomas S. Monson

El tiempo y las circunstancias pueden cambiar, pero los atributos de un verdadero poseedor del sacerdocio de Dios permanecen constantes.

Hermanos, al mirar de un lado al otro de este edificio majestuoso, sólo puedo decir, que es una inspiración verles. Es increíble pensar que, en miles de capillas por todo el mundo, otros como ustedes —poseedores del Sacerdocio de Dios— están recibiendo este programa mediante una transmisión vía satélite. Las nacionalidades varían y los idiomas son muchos, pero nos une algo en común: Se nos ha confiado poseer el sacerdocio y actuar en el nombre de Dios. Se nos ha conferido una sagrada responsabilidad y es mucho lo que se espera de nosotros. Continua...

25/01/2008 15:07. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

Los débiles y sencillos de la Iglesia -Sesión del sábado por la mañana-Conferencia octubre del 2007

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Presidente Boyd K. Packer

El Señor no estima a un miembro de la Iglesia más o menos que a cualquier otro.

Rendimos honor al presidente James E. Faust; lo extrañamos. Su amada esposa Ruth está presente esta mañana, y le expresamos nuestro amor. Damos la bienvenida a aquellos que han sido llamados a los puestos que el presidente Hinckley ha mencionado.

En nombre de todos los que hemos sido sostenidos hoy, nos comprometemos a hacer lo mejor que podamos y a ser dignos de la confianza que se ha depositado en nosotros.

Hemos sostenido a los oficiales generales de la Iglesia, en lo que es un procedimiento solemne y sagrado. Esta práctica común ocurre siempre que se llama o se releva de sus puestos a líderes o a maestros, o siempre que hay una reorganización en una estaca, barrio, quórum u organización auxiliar (véase D. y C. 124:123, 144; véase también D. y C. 20:65–67; 26:2). Es algo único de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Siempre sabemos quién es llamado a dirigir o a enseñar y tenemos la oportunidad de sostener u oponernos a esa medida. Eso no resultó como un invento del hombre, sino que se estableció en las revelaciones: “…a ninguno le será permitido salir a predicar mi evangelio ni a edificar mi iglesia, a menos que sea ordenado por alguien que tenga autoridad, y sepa la iglesia que tiene autoridad, y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia” (D. y C. 42:11; cursiva agregada). De este modo, se protege a la Iglesia de cualquier impostor que quisiese tomar control de un quórum, de un barrio, de una estaca o de la Iglesia. Seguir leyendo

Escuchar o bajar MP3

El élder Packer, nos enseña la importancia de cada una de nuestras responsabilidades en la Iglesia , haciendo énfasis  en que todo hombre o mujer que trabaja en la iglesia es igual para el Señor.

Nos explica que existe  una tendencia natural de ver a aquellos que son sostenidos en cargos de dirección y considerar que están en un nivel más alto y que tienen más valor en la Iglesia o para sus familias que un miembro común y corriente. De alguna manera pensamos que tienen más valor para el Señor que nosotros. ¡Eso simplemente no es así!

22/01/2008 16:29. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

Conferencia General Octubre 2007 "ANDAR SIN IRA"

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Que el Señor los bendiga y los inspire a andar sin ira.

Mis amados hermanos, dondequiera que se encuentren, ya sea aquí en el Centro de Conferencias o en la sala de una capilla allende de la mar, qué maravilloso es que podemos hablarles desde este Centro de Conferencias y que ustedes puedan oír lo que decimos en lugares remotos como en la Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Esta noche he decidido hablar del tema de la ira. Reconozco que esto es un poco fuera de lo común, pero pienso que es muy oportuno.

Un proverbio del Antiguo Testamento dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Continua

17/01/2008 03:10. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

EL GRAN MANDAMIENTO

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Élder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Cuando ayudamos al más pequeño de los hijos de nuestro Padre Celestial, lo ayudamos a Él.

Hermanos y hermanas, quisiera hacer una pregunta muy importante. ¿Qué cualidad nos define mejor como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?

Hoy deseo hablar acerca de la respuesta a esa pregunta.

En el siglo I a. de C., los miembros de la creciente Iglesia en Corinto estaban entusiasmados con el Evangelio. Casi todos eran conversos recientes a la Iglesia; muchos habían llegado atraídos por la predicación del apóstol Pablo y de otras personas.

Sin embargo, los santos de Corinto también eran contenciosos y discutían entre ellos. Algunos se sentían superiores a los demás, y se llevaban a juicio los unos a los otros.

Cuando Pablo se enteró de eso, con un sentimiento de frustración les escribió una epístola suplicándoles que estuvieran más unidos. Les respondió muchas de las preguntas por las que habían estado discutiendo y al final de su misiva les dijo que deseaba mostrarles “un camino aún más excelente”1.

¿Recuerdan las palabras que escribió después?

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”2.

El mensaje de Pablo a este nuevo grupo de santos fue simple y directo: nada de lo que hagan tendrá gran influencia si no tienen caridad. Pueden hablar en lenguas, tener el don de profecía, entender todos los misterios y poseer toda ciencia, y aun cuando tengan la fe para mover montañas, si no tienen amor, de nada les sirve3.

“La caridad es el amor puro de Cristo”4. El Salvador ejemplificó ese amor y lo enseñó aún mientras lo atormentaban aquellos que lo odiaban y lo despreciaban. Leer mas ....

http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-777-10,00.html

18/12/2007 23:16. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

Que se escuche nuestra voz

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ÉLDER M. RUSSELL BALLARD
Del Quórum de los Doce Apóstoles Expresemos nuestra opinión y fomentemos medios de difusión más edificantes, inspiradores y aceptables.En septiembre, las cadenas de televisión de Estados Unidos trasmiten nuevos programas y estrenos. Un amigo me dijo que este año harán su debut treinta y siete series de televisión. Al leer las reseñas periodísticas, él notó que son muy pocos los programas aptos para sus hijos. La mayoría de las comedias, de los dramas y de los "reality shows" contienen inmoralidad, violencia y una sutil burla de los valores tradicionales, así como de las familias tradicionales los límites de la tolerancia del público.  Cada año, los programas nuevos empeoran y van más allá de los límites de la tolerancia del público. Lo que proviene de Hollywood, de Internet y de gran parte de la música de hoy crea una red de decadencia que puede atrapar a nuestros hijos y poner en peligro a todos nosotros.Los líderes de la Iglesia tienen la responsabilidad de declarar su postura sobre los asuntos morales y de aconsejar a las personas y a las familias. La familia es la unidad básica de la sociedad; es la unidad básica de la eternidad; por lo tanto, cuando hay fuerzas que la amenazan, los líderes de la Iglesia deben actuar.La familia es el núcleo del plan de nuestro Padre Celestial ya que todos formamos parte de Su familia y porque la vida terrenal nos da la oportunidad de formar también la nuestra y de asumir la función de padres. Es en nuestra familia donde aprendemos el amor incondicional, el cual podemos obtener, y acercarnos más al amor de Dios. Es en la familia donde se enseñan los valores y se edifica el carácter. Nunca seremos relevados de los llamamientos de "padre" y "madre", y no hay mayordomía más importante que la responsabilidad que tenemos para con los hijos espirituales de Dios que vienen a nuestra familia.Con ese contexto sobre la importancia preeminente de la familia y ante las amenazas que enfrenta la familia de hoy, no es de sorprenderse que la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles utilizaran palabras fuertes en la Proclamación al mundo sobre la familia: "Advertimos a las personas que... no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos"1. Uno de esos profetas fue Malaquías, que amonestó que los padres volvieran el corazón hacia los hijos, y que los hijos lo hicieran hacia los padres, no fuese que toda la tierra fuera maldecida (véase Malaquías 4:6).A esas advertencias tan antiguas como el Antiguo Testamento y tan actuales como la Proclamación, agrego mi propia voz de amonestación, específicamente con respecto a los medios de difusión y a los efectos tan negativos que pueden tener en la familia y en la vida familiar.Debido a su alcance e influencia, los medios de hoy presentan opciones amplias que denotan un gran contraste. En discrepancia con su aspecto dañino y permisivo, los medios de comunicación ofrecen mucho que es positivo y productivo. La televisión ofrece canales de historia, de descubrimiento y de educación. Aún se pueden encontrar películas, comedias y dramas que entretienen y edifican y que representan correctamente las consecuencias del bien y del mal. Internet puede ser un gran instrumento de información y comunicación, y abunda la buena música en el mundo. Entonces, nuestro mayor reto es escoger sabiamente lo que escuchamos y lo que miramos.Como dijo el profeta Lehi, por causa de Cristo y de Su expiación, somos "libres para siempre, discerniendo el bien del mal, para actuar por [nosotros] mismos, y no para que se actúe sobre [nosotros]... libres para escoger la libertad y la vida eterna... o escoger la cautividad y la muerte" (2 Nefi 2:26-27).Las elecciones que hagamos relacionadas con los medios de difusión podrían simbolizar las elecciones que hagamos en la vida. El elegir programas de televisión y películas que están de moda, que son sexualmente excitantes y de mal gusto, podrían ser la causa, si no tenemos cuidado, de que también escogiéramos lo mismo en nuestra vida.Si no hacemos buenas elecciones, los medios pueden devastar a nuestra familia y apartar a nuestros hijos del estrecho sendero del Evangelio. En la realidad virtual y percibida de las pantallas del cine y la televisión, se representan con regularidad puntos de vista y conductas destructivos para la familia como algo agradable, de moda, emocionante y normal. A menudo, los ataques más devastadores contra la familia no son directos ni de frente, ni abiertamente inmorales. La iniquidad inteligente es demasiado astuta, pues sabe que la mayoría de la gente aún profesa creer en la familia y en los valores tradicionales; más bien, los ataques son sutiles y amorales; los asuntos del bien y del mal ni siquiera se mencionan. Por todas partes se ven la inmoralidad y las insinuaciones sexuales, por lo que algunos piensan que si todos lo hacen, debe estar bien. Ese mal pernicioso no está en la calle, está entrando en nuestro hogar, directamente al corazón de nuestra familia.Para ser fuertes y felices, las familias deben nutrirse con las verdades mencionadas en el decimotercer Artículo de Fe, creyendo en "ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres". Felizmente, hay muchos hombres y mujeres de todas las culturas y religiones que también aspiran a lo "virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza".Pero vivimos en esos "tiempos peligrosos", sobre los cuales el apóstol Pablo se refirió cuando nos amonestó que habría "hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural... calumniadores... aborrecedores de lo bueno... impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios" (2 Timoteo 3:1-4).Hombres y mujeres conspiradores que buscan ganancia en lugar del bien, "[incitan] a la gente" a cometer "toda clase de... maldades" (véase Alma 11:20), evitando que se usen los medios de comunicación para fines nobles.La nueva moralidad que se predica desde el púlpito de los medios no es más que la vieja inmoralidad. Ataca a la religión, debilita a la familia, convierte la virtud en vicio y el vicio en virtud, arremete los sentidos y quebranta al alma con mensajes e imágenes que no son virtuosos, ni bellos, ni de buena reputación ni dignos de alabanza.Ha llegado el momento en que los miembros de la Iglesia deben expresar su opinión y unirse a tantas personas preocupadas para oponerse a la influencia ofensiva, destructiva y agresivamente mezquina de los medios de comunicación que azota la tierra.Según la Fundación Kaiser Family, el porcentaje de los programas de televisión durante las horas de mayor audiencia que tienen un contenido sexual se elevó del sesenta y siete por ciento en 1998 y al setenta y cinco por ciento en 20002. Los medios tienen numerosos efectos negativos con ese tipo de programas; fomentan una actitud insensible hacia las mujeres, que a menudo se representan como objetos de maltrato y no como a preciosas hijas de Dios, que son esenciales para Su eterno plan. Denigran y ridiculizan los antiguos valores tan preciados de la abstinencia de relaciones íntimas antes del matrimonio y de la fidelidad total entre marido y mujer después del matrimonio. La conducta anormal que exhiben las supuestas "estrellas" confunde y engaña a los niños y jóvenes que las admiran y que quieren emularlas. En la confusión moral creada por los medios de comunicación, se dejan de lado los valores eternos.Además, vemos un rápido aumento de pornografía cibernética, la cual crea una adicción sexual con el uso de Internet. Al mirar esa pornografía y al participar en las peligrosas charlas en línea, algunos quedan tan adictos que abandonan sus convenios matrimoniales y obligaciones familiares y, a menudo, arriesgan hasta su empleo. Muchos andan al margen de la ley y otros desarrollan una tolerancia a su conducta pervertida y se arriesgan más a fin de alimentar su adicción inmoral. Los matrimonios y las relaciones se derrumban y, a menudo, los adictos pierden todo lo que es de valor real y eterno.Según un observador social: "La televisión... ha reemplazado a la familia, a la escuela y a la iglesia, en ese orden, como principal instrumento de socialización y de transmisión de valores... La codicia, el libertinaje, la violencia, la satisfacción sin límites del placer personal, la ausencia de restricciones morales... es el plato diario, servido seductoramente a nuestros hijos"3.Debemos estar preocupados por la letra violenta y sexual de gran parte de la música popular de hoy y por el relativamente "arte" nuevo del video musical. Según los observadores de la industria, el cuarenta por ciento de la audiencia de esos videos tiene menos de dieciocho años4. Un estudio indica que aproximadamente tres cuartas partes de los videos musicales que tienen un argumento utilizan imágenes sexuales, y casi la mitad usa la violencia5. Las modas creadas a su imagen están sumamente alejadas de lo "virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza". Ciertamente en nuestros días los hombres llaman "a lo malo... bueno, y a lo bueno malo" (Isaías 5:20).Permítanme decir de nuevo que la familia es el blanco principal del ataque del adversario y, por lo tanto, debe ser el punto principal de nuestra protección y defensa. Como lo he mencionado antes, cuando uno se detiene a pensar desde el punto de vista táctico del diablo, tiene sentido luchar contra la familia. Cuando Satanás quiere perturbar la obra del Señor, no envenena la provisión de crema de maní del mundo, doblegando así a todo el sistema misional de la Iglesia, ni envía una plaga de laringitis al Coro del Tabernáculo Mormón, ni promulga leyes que prohíban la gelatina ni los guisos. Cuando Satanás realmente quiere arremeter y perturbar la esencia de la obra de Dios, ataca a la familia y lo hace intentando no tener en cuenta la ley de castidad, confundiendo la identidad sexual y desensibilizando la violencia, además de hacer común el lenguaje vulgar y blasfemo, y que la conducta inmoral y anormal parezca la norma y no la excepción.Tenemos que recordar la declaración de Edmund Burke: "Lo único que se requiere para que triunfe la maldad es que las buenas personas no hagan nada"6. Debemos elevar la voz conjuntamente con otros ciudadanos preocupados de todo el mundo y oponernos a las tendencias actuales. Debemos decir a los patrocinadores de los programas ofensivos que ya es suficiente. Debemos apoyar los programas y los productos que son positivos y edificantes. Si nos unimos a nuestros vecinos y amigos que comparten nuestra preocupación, podremos enviar un mensaje claro a los responsables. Se pueden encontrar las direcciones de las empresas y de sus filiales locales en los sitios web en Internet. Las cartas y los correos electrónicos tienen más poder de lo que suponen muchas personas, en especial cartas como la de una hermana de la Sociedad de Socorro que decía: "Yo represento a un grupo de más de cien mujeres que se reúnen cada semana y a menudo hablan del daño que su programa está causando a nuestros hijos".Claro está que la forma más básica de protestar contra el impacto negativo de los medios de comunicación es simplemente no verlos, ni leerlos, ni pasarlos. Debemos enseñar a los miembros de nuestra familia a seguir el consejo de la Primera Presidencia a los jóvenes. En el cuadernillo "Para la Fortaleza de la Juventud" queda muy clara la instrucción respecto al entretenimiento y los medios:"No asistas a ningún entretenimiento que sea vulgar, inmoral, violento ni pornográfico, ni lo mires ni participes en él de ninguna forma. No participes en entretenimiento que represente en cualquier forma la inmoralidad o el comportamiento violento como algo aceptable..."Ten el valor de salir del cine o de una fiesta donde se muestren videos, de apagar la computadora o la televisión, de cambiar la estación de radio o de dejar de lado una revista si lo que se esté presentando no reúne las normas de tu Padre Celestial. Hazlo incluso si otros no lo hacen"7. Hermanos y hermanas, no permitan que otros los controlen; niéguense a ser manipulados; rehúsen apoyar programas que violen los valores familiares tradicionales. Quizás al comienzo seamos una voz pequeña; sin embargo, expresemos nuestra opinión y fomentemos medios de difusión más edificantes, inspiradores y aceptables.Además de expresar nuestra opinión, permítanme concluir con siete cosas que todo padre puede hacer para disminuir el efecto negativo de los medios de comunicación en nuestras familias:1. Debemos tener consejos familiares y elegir nuestras normas relacionadas con los medios de difusión.2. Debemos pasar suficiente tiempo de calidad con los hijos para que nosotros, y no los medios de comunicación ni los amigos, seamos constantemente la influencia principal en su vida.3. Debemos personalmente hacer buenas elecciones en cuanto a los medios de difusión y dar un buen ejemplo a nuestros hijos.4. Debemos limitar cada día la cantidad de tiempo que nuestros hijos ven la televisión, juegan videojuegos o usan Internet. La realidad virtual no debe convertirse en su realidad.5. Debemos usar filtros para Internet y para la televisión para evitar que nuestros hijos vean por casualidad lo que no deben ver.6. Debemos tener la televisión y la computadora en un cuarto de uso común en el hogar, no en un dormitorio o un cuarto privado.7. Debemos dedicar tiempo para ver programas apropiados con nuestros hijos y analizar con ellos cómo hacer elecciones que les edifiquen y eleven en lugar de degradarlos y destruirlos.Que Dios nos bendiga con el valor y la sabiduría de hacer todo lo que cada uno de nosotros pueda para ayudar a alejar a los medios de difusión de la oscuridad y orientarlos hacia la verdad y la luz. Y que Dios bendiga a nuestras familias para que sean fuertes y leales a los principios del Evangelio, ruego humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.

14/12/2007 02:40. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

En las llanuras de Judea

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Por el élder Bruce R. McConkie

Del Consejo de los Doce


 

Pedro dijo: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministra, ministre conforme al poder que Dios da" (1 Pedro 4:11) y esto significa que los hombres de buena voluntad deben ser guiado por Dios, por el poder del Espíritu Santo. Esto es lo que deseo en este momento.

Esta mañana escuchamos a nuestro Presidente, al oráculo presidente del reino de Dios en la tierra, decir; "Alabanzas cantaremos al Altísimo, en Belén ha nacido hoy el Redentor". Allí recibimos testimonio seguro que a la tierra vino, mi alma a salvar. El es portavoz del El Hijo de Dios, Ser supremo y puro, de la voluntad y el deseo del Señor dada de pecado y muerte, y eterno pesar a los Santos de los Últimos Días y al mundo entero. No se me ocurre nada que pueda ser más importante en este tiempo, que seguir ese modelo y hablar como el presidente Lee habla, vivir como él vive, a menos, que tengamos la dicha de asociarme eternamente con la clase de personas con las que él se asociará.

He consultado con el Señor sobre lo que debería decir; le he hecho algunas sugerencias con respecto a lo que creía apropiado, dependiendo siempre, por supuesto, de su aprobación. Y si ahora puede mi lengua desatarse con fácil expresión y vosotros escuchar con oído atento, todos nos beneficiaríamos al procurar adorar al Señor en espíritu y en verdad.

He escrito un pequeño poema que titulé, "En las llanuras de Judea", y me gustaría leeros:

Me detuve, de Judea en las llanuras, Y celestes sones y melodías escuché.

Allí un ángel me anunció de las alturas, Que un Niño del linaje de David iba a nacer.

Sobre los pastores que en la noche vigilaban,

Una luz brillante y gloriosa apareció, Y desde los cielos coros santos cantaron.

La salvación está en Cristo. El es nuestro Salvador y Redentor; El vino al mundo a redimir a la humanidad de la muerte temporal y espiritual causada por la caída de Adán, y nos dio un plan, un sistema de salvación que se llama evangelio de Jesucristo. Este plan es para que todas las personas, en todas partes que tengan fe en Cristo, se arrepientan de sus pecados y hagan convenio en las aguas del bautismo de guardar los mandamientos, y servir a Dios con todo su corazón, poder, mente y fuerza; puedan, a continuación, recibir el don del Espíritu Santo y gocen de su compañía, a fin de poder vivir, de ahí en adelante, en rectitud y devoción todos sus días, con la seguridad y la promesa de que haciéndolo, lograrán paz en esta vida y eterna gloria en la vida venidera.

Ahora bien, nosotros somos los agentes y representantes del Señor; El nos ha dado la plenitud de su evangelio eterno, los cielos se han abierto en nuestra época y la voz de Dios se oye nuevamente; han bajado ángeles directamente de su presencia. Se le han dado otra vez al hombre mortal las llaves y el poder, la autoridad y el sacerdocio, y una vez más tenemos todas las leyes y prerrogativas y poseemos todos los poderes necesarios para salvar y exaltar al alma humana. En este reino, en esta Iglesia, tenemos las llaves del reino de Dios, las llaves para la salvación de todos los hombres, en todas partes.

Y El nos ha dado el mismo cometido que dio a aquellos que en los días antiguos tuvieron los mismos poderes, o sea el cometido de llevar su palabra a todo el mundo y poner la salvación a disposición de todos sus hijos en todas partes. Ahora bien, esto nos coloca en la obligación de aprender cómo llevar a cabo esta tarea de incomparable y trascendental magnitud. . . ¿Cómo vamos a proclamar las verdades de la salvación entre nuestro propio pueblo y llevar al mundo el mensaje de la restauración?

Tenemos aquí algunos principios eternos y lo que hagamos en nuestros días no solamente es lo mismo en principios sino que es exacta y precisamente lo que hicieron los profetas y hombres justos de épocas pasadas.

En los primeros tiempos de esta dispensación el Señor dijo que: "... los élderes, presbíteros y maestros de esta iglesia enseñarán los principios de mi evangelio que se encuentra en la Biblia y el Libro de Mormón, que contiene la plenitud de mi evangelio" (D. y C. 42:12). Y en otra ocasión dijo que nos había enviado "para testificar y amonestar al pueblo" (D. y C. 88:81).

Por una parte tenemos la responsabilidad de enseñar la doctrina del evangelio, y por otra la de testificar por conocimiento personal de que sabemos que las cosas que proclamamos son verdaderas; pienso que estos dos cometidos están perfectamente ilustrados en el ministerio de los hijos de Mosíah. El registro nos dice que éstos "eran hombres de sana inteligencia" que "habían escudriñado diligentemente las escrituras para poder conocer las palabras de Dios. . . No sólo eso; habían orado y ayunado mucho; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios" (Alma 17:23).

Esto nos indica dos cosas:

En primer lugar, es un requisito que conozcamos las doctrinas de la Iglesia y estamos obligados a hacerlo; debemos atesorar las palabras de vida eterna; debemos razonar tan inteligentemente como nuestra capacidad nos lo permita; debemos hacer uso de cada una de las facultades y aptitudes con que se nos ha investido para proclamar el mensaje de salvación y hacerlo comprensible para nosotros mismos y para los demás hijos de nuestro Padre Celestial. Pero además, después de haber cumplido con todo esto e incluso en el proceso de cumplirlo, tenemos la obligación de dar testimonio —de hacer saber al mundo y a nuestros compañeros en la Iglesia— que en nuestro corazón y por revelación del Espíritu Santo a nuestra alma, conocemos la verdad y la divinidad de la obra y la doctrina que enseñamos.

Ahora permitidme tomar de los registros antiguos una clásica ilustración de cómo se logra esto. Pedro y sus compañeros tenían la misma obligación, en su época, que nosotros tenemos en la nuestra: llevar el mensaje de salvación hasta los cabos de la tierra.

Supongo que él leería y enseñaría las revelaciones que hicieron Isaías y los otros profetas sobre Cristo y su evangelio; razonó con la gente sobre ellas siguiendo el divino consejo, "Venid pues, dice Jehová, y arguyamos juntos... ; obedeció el decreto divino, presentad vuestras pruebas. . " (Isaías 41:21).

Pero también hizo algo más: después de haber enseñado la doctrina y haber razonado con la gente, dio su testimonio personal de la verdad y divinidad de lo que había presentado; y el Señor lo preparó para hacerlo dándole la oportunidad de pasar por experiencias espirituales, y dejando que el poder del Espíritu Santo descansara sobre él.

Recordaréis, por ejemplo, que Pedro y algunos otros de los Doce junto con un grupo de santos, se encontraban en un cuarto cuando el Señor Jesús se les apareció. Todos los que allí se encontraban reunidos se quedaron asombrados y espantados. El Señor les dijo: "¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo." (Lucas 24:38-39) Entonces ellos extendieron las manos y lo tocaron, y palparon las heridas que marcaban su cuerpo. Y El pidió carne y la comió delante de ellos.

Pero Tomás no se encontraba entre ellos y no pudo creer el testimonio de sus compañeros; ocho días más tarde, el Señor hizo otra aparición, esta vez ante todo el grupo, y le dijo: "Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Y Tomás exclamó: "¡Señor mío, y Dios mío!" (Ver Juan 20:24-28).

Todo esto fue hecho para mostrar que Jesús había salido de la tumba con su cuerpo tangible; en esta forma el Señor les dio a Pedro y sus compañeros un testimonio de la veracidad y divinidad de su gloriosa resurrección. El se había levantado de los muertos porque era el Hijo de Dios; y si El era el Hijo de Dios, el evangelio de salvación que ellos proclamaban era verdadero. . . Por lo tanto, tenían la responsabilidad de convencer a los hombres de que El se había levantado de los muertos. Ahora bien, como ya lo mencioné, habrían de tratar de hacerlo citando a Isaías o razonando sobre las revelaciones, y así lo hicieron. Pero después tuvieron que ofrecer su testimonió personal; y ahora deseo leer una muestra de tal testimonio, ofrecido por Pedro, cuando dijo ante un grupo de gentiles:

"Dios envió mensajes a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. . .

"Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:

"Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo, bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

"Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.

"A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase;

"No a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos."Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. . . " (Hechos 10:36-42).

Y a continuación, da esta categórica declaración: "De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre." (Hechos 10:43)

Permitidme leer otro testimonio más que ofreció Pedro:

"Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

"Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada de la magnífica gloria una voz que decía. Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.

"Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo." (2 Pedro 1:16-18).

No quiero disminuir en lo más mínimo la obligación del evangelio, de escudriñar las revelaciones, de aprender a razonar y analizar, a presentar el mensaje de salvación entre nosotros mismos y al mundo, con todo el poder y la habilidad que tengamos; pero todo eso, por sí mismo no es suficiente. Cuando hayamos cumplido con todo, tenemos que obrar de acuerdo con el mandamiento que el Señor nos dio en nuestros días.

“. . .sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios" (Isa. 43:12).

Tenemos que poner un sello divino de aprobación sobre la doctrina que enseñamos, y ese sello es el del testimonio, el sello de un conocimiento personal recibido por medio del Espíritu Santo.

Pedro pudo, haber razonado y discutido mucho, después de lo cual la gente podría argüir y decirle, "usted no entiende las Escrituras; sus interpretaciones son erróneas. Tal o cual cosa está equivocada." Pero no es posible argüir con un testimonio: así, es que después de haber razonado, sí Pedro les dijera, como debe de haberlo hecho en esencia muchas veces, "Estando yo en un cuarto, el Señor vino atravesando las paredes y apareció ante nosotros, Lo reconocí, Era la misma persona con quien yo había trabajado y viajado durante tres años y medio: la persona que vivió en mi casa, en Capernaum. Toqué las marcas de los clavos en sus manos y pies; metí la mano en su costado; lo contemplé mientras comía y bebía delante de nosotros. Yo sé que El es el Hijo de Dios porque el Santo Espíritu de Dios ha dado este testimonio a mi alma." Pero habiéndoles dicho esto, ya no habría quedado nada por discutir. No es posible argüir con esa clase de presentación. Es posible decir, como Festo le dijo a Pablo: "Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco" (Hechos 26:24), pero en el análisis final lo único que, puede hacerse es aceptar o rechazar el testimonio recibido. O es verdadero o es falso; no hay términos medios.

Os preguntaréis cómo podéis probar y establecer que el Padre y el Hijo aparecieron a José Smith; que en nuestros días aparecen ángeles, que ha habido una restauración del evangelio y que todas las cosas que preguntamos al mundo son verdaderas, Tenéis que razonar con las revelaciones y esto nos presenta problemas. Tenemos la verdad. El Señor es el autor del sistema que hemos recibido. Pero después de haber razonado y analizado, tenéis que presentaros como un testigo personal que sabe lo que está diciendo; tenéis que hacer lo mismo que hicieron los hijos de Mosíah, hablar y enseñar por el espíritu de profetas y de revelación; y el resultado es que cuando habláis, lo hacéis con autoridad. Esta es la gran diferencia que nos separa del mundo, y gracias sean dadas a Dios porque tenemos este conocimiento. Hemos recibido la revelación, y estamos en condición de hablar con autoridad.

Y eso es lo que me propongo hacer en esta ocasión con todas las fuerzas de mi alma, porque soy uno entre las numerosas huestes de Israel de los últimos días, que tiene este conocimiento. Conozco personalmente la verdad y la divinidad de esta obra y de la doctrina que enseño.

Empecé este discurso con el poema "En las llanuras de Judea".

Permitidme terminarlo con otro: "¡Cristo vive!"

A comer nos sentamos, llenos de dolor,

Pues hombres perversos asesinaron al Señor.

En la cruz de muerte lo habíamos visto

Y vimos su cuerpo en la tumba tendido.

Mas en medio de nosotros volvió El a pararse.

¡Cristo vive! ¡Vive! ¡Es el mismo de antes!

Comió y bebió. Su cuerpo de carne tocamos.

Y a sus pies reverentes nos arrodillamos.

A Tomás le dijo con su voz serena:

"Toca mis manos, las mismas son éstas

Que en la cruz clavaron, cuando allí sufrí

Aflicción y muerte, por el mundo, por ti"

A mí, en solemne tono su voz me habló:

"Tócame y ve que de carne y hueso soy"

"¡Ante El inclinaos!", mi alma gritó "

¡Aclamad al Salvador, nuestro Señor y Dios!"

Y de esto testifico, seria y solemnemente, con pleno conocimiento de lo que digo, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén

10/12/2007 12:40. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

El Señor Dios de la Restauracion

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Elder Bruce R. McConkie

del Consejo de los Doce


Somos los siervos del Señor, y Él nos ha mandado que comuniquemos un mensaje al mundo. Es un mensaje que tiene para la gente hoy día, y nos lo ha revelado a nosotros. Se nos manda que salgamos, en su nombre y por su poder, y expliquemos a todas las personas lo que les depara el futuro y lo que el Señor quiere que ellas hagan al respecto.

La paz ha sido quitada de la tierra. Esta es una época de guerras y rumores de guerras (véase D. y C. 45:26) y en breve las plagas, las pestes y la desolación barrerán la tierra.

Vivimos en un tiempo de angustia y perplejidad; las naciones se sienten inquietas, y todo se halla en conmoción. El corazón de los habitantes de la tierra desmaya a causa del temor, y el día grande y terrible del Señor esta cerca, aun a las puertas (véase D. y C. 45:26; 110:16).

Vivimos en una época de maldad e impiedad. Las personas son por lo general carnales, sensuales y diabólicas, se han olvidado de Dios y están deleitándose en las lascivias de la carne. El crimen, la inmoralidad, los abortos y las abominaciones homosexuales rápidamente están convirtiéndose en el estilo de vida entre los malvados y los impíos. Pronto el mundo se verá en un estado de corrupción igual al que existía en la época de Noé.

Si queremos escapar de los peligros que nos esperan, si queremos permanecer en el día de la venida del Señor, si queremos lograr la paz en esta vida y ser herederos de la vida eterna en el mundo venidero, debemos recibir el mensaje que ha sido enviado de lo alto y obedecer los consejos que contiene.

Ese mensaje que es nuestro mensaje al mundo es el de la restauración; es la declaración de que los cielos se han abierto, que la voz de Dios de nuevo se oye; es la proclamación de paz por medio de la obediencia a las leyes y ordenanzas del santo evangelio; es la alegre nueva de que otra vez hay administradores autorizados que poseen las llaves del reino y tienen el poder para ligar en la tierra y sellar en el cielo (véase D. y C. 27:13).

La única manera en que las personas pueden escapar de la abominación desoladora que se derramara sobre los inicuos en los últimos días es que se arrepientan y vivan de acuerdo con el evangelio (véase D. y C. 84:117), que es el mensaje de paz y salvación para todos; se nos ha mandado que proclamemos sus verdades salvadoras a todos los habitantes de la tierra. Por lo tanto, ahora proclamamos que el gran Dios que se sienta en su trono en los cielos ha restaurado en esta época nuestra la plenitud de Su evangelio sempiterno; nuevamente ha dado a los hombres toda doctrina, verdad y principio, todo derecho, poder y hace, todo lo que sea necesario para salvar y exaltar a Sus hijos en la gloria mas alta.

Una vez mas hemos recibido las mismas alegres nuevas que iluminaron la mente y vivificaron el alma de hombres fieles en épocas de antaño. El Señor Jehová, por medio de su propia voz, por el ministerio de ángeles enviados de su presencia y por el don del Espíritu Santo, ha dado nuevamente ese plan y sistema que salvo a Adán, a Enoc, a Abraham y a Moisés, y a todos los santos de la antigüedad. Nuestra divina comisión -el mandamiento que hemos recibido de Aquel cuyos siervos somos- nos manda que enseñemos las doctrinas de salvación y que testifiquemos de su veracidad eterna. Así que hoy, con toda solemnidad enseñamos y testificamos esas maravillosas verdades que han llegado a nosotros.

La religión verdadera se halla únicamente donde los hombres adoran al Dios verdadero y viviente. De la adoración de dioses falsos siempre resulta una religión falsa. La vida eterna misma, que es el mayor de todos los dones de Dios, solamente esta al alcance de aquellos que conocen a Dios y a Jesucristo, al cual El ha enviado (véase D. y C. 6:13; Juan 17:3).

En este mundo moderno esta de moda la adoración de dioses falsos de toda clase. Hay quienes se postran ante ídolos de madera y de piedra, y otros que murmuran sus suplicas a efigies e imágenes. Hay quienes adoran reses y cocodrilos, y otros que proclaman a Adán, a Ala o a Buda como su ser supremo. Hay quienes dan el nombre de Dios a alguna entidad de espíritu que es inmaterial, increada e incógnita, que llena la inmensidad del espacio y esta presente en todas partes y en ningún lugar en particular.

Y aun hay aquellos que apoyan la teoría casi increíble de que Dios es un alumno eterno matriculado en la Universidad del Universo, donde diligentemente se ocupa en aprender nuevas verdades y acumular conocimientos nuevos y extraños.

Resulta despreciable casi una blasfemia degradar al Señor Dios Omnipotente diciendo que es un ídolo, una imagen o una entidad de espíritu, o que siempre esta aprendiendo sin poder llegar al conocimiento de toda la verdad (véase 2 Timoteo 3:7).

El primer principio de la religión revelada es conocer la naturaleza de Dios y la clase de ser que El es. En cuanto a nosotros: "sabemos [y testificamos] que hay un Dios en el cielo, infinito y eterno, de eternidad en eternidad el mismo Dios inmutable, el organizador de los cielos y de la tierra, y todo cuanto en ellos hay" (D. y C. 20:17).

Este gran Dios, el Señor Omnipotente, es un personaje con cuerpo "de carne y huesos, tangible como el del hombre" (D. y C. 130:22). Es omnipotente, omnisciente y omnipresente. El tiene todo poder, sabe todas las cosas y, por el poder de su Espíritu, esta en y por en medio de todas las cosas.

Sabemos y testificamos que "creo al hombre, varón y hembra, según su propia imagen, y a su propia semejanza el los creo" (D. y C. 20:18).

Todos somos hijos espirituales del Padre Eterno; somos progenie de padres celestiales y vivimos y moramos en las mansiones de gloria antes que fueran colocados los fundamentos de este mundo.

Nuestro Padre Eterno ordeno y estableció esas leyes cuyo conjunto se llama el evangelio de Dios que nos permiten avanzar, progresar y llegar a ser como El.

Sabemos y testificamos que cuando coloco a los hombres sobre la tierra, El "les dio mandamientos de que lo amaran y lo sirvieran a él, el único Dios verdadero y viviente, y que el fuese el único ser a quien debían adorar" (D. y C. 20:19).

Sabemos y testificamos que el eminente Miguel (o sea, Adán) cayo para que pudiera existir el hombre terrenal y que "el Dios Omnipotente dio a su Hijo Unigénito" (D. y C. 20:21) para rescatar a los hombres de la muerte temporal y espiritual traída al mundo por esa caída.

Sabemos y testificamos que Cristo "fue crucificado, murió y resucito al tercer día;" que "ascendió al cielo, para sentarse a la diestra del Padre, para reinar con omnipotente poder de acuerdo con la voluntad del Padre; a fin de que fueran salvos cuantos creyeran y se bautizaran en su santo nombre, y perseveraran con fe hasta el fin" (D. y C. 20:23-25).

Sabemos y testificamos que la salvación esta en Cristo, que la recibimos por motivo de su bondad y su gracia, y que El es nuestro abogado para con el Padre.

Testificamos que es el único mediador entre el hombre y Dios, que por medio de su sacrificio expiatorio el hombre caído puede ser reconciliado con Dios; y que "quito la muerte y saco a luz la vida v la inmortalidad por el evangelio" (2 Timoteo 1:10).

Adoramos al Padre en el nombre del Hijo por el poder del Espíritu Santo, e invitamos a las personas de todas partes a que vengan y se unan a nosotros. No hay salvación en la adoración de dioses falsos; no hay salvación en la religión falsa; no hay salvación en el error, sea en la forma que sea.

El hombre por si solo no puede salvarse; ninguno puede levantar de la tumba su materia reducida a polvo y hacer que viva de nuevo en gloria inmortal; ninguno puede crear una gloria celestial, cuyos habitantes moren en esplendor eterno para siempre.

Todos los ídolos, efigies e imágenes combinadas, desde el principio del mundo hasta el fin del tiempo, jamas tendrán el poder para limpiar y perfeccionar a una sola alma humana. Ni Adán, ni Ala, ni Buda, ni persona alguna, real o imaginaria, podrán traer la salvación al hombre caído.

Una nada espiritual, desconocida, increada, inmaterial, jamás ha podido ni podrá revestir a los hombres con los dones del Espíritu, ni asegurarles un hogar celestial eterno.

Y ciertamente un dios estudiante, con poderes finitos, que apenas estuviera experimentando en los laboratorios eternos, no seria un ser en quien yo por lo menos, me sentiría inclinado a depositar confianza alguna.

La verdad acerca de Dios, la verdad acerca de la religión, la verdad acerca de la salvación, todas estas solo se pueden conocer por medio de la revelación.

En nuestra época el hombre jamás hallara paz, seguridad ni salvación en el mundo; las guerras, las plagas y la desolación continuaran cubriendo la tierra como un diluvio. El crimen y la maldad aumentaran, la iniquidad abundara, el amor entre la gente se enfriara (véase Mateo 24:12). No hay porque suponer que llegara el día en el que los hombres inicien solos, sin la ayuda divina, una época de rectitud en la tierra.

Pero aquellos que se vuelvan a Cristo, que crean en su evangelio, acepten su Iglesia, vivan de acuerdo con sus leyes, y, por este medio, adoren al Padre en su santo nombre, hallaran paz, seguridad y salvación. En el mundo, los seres humanos encontraran aflicción; en Cristo hallaran la paz (véase Juan 16:33).

De modo que afirmamos que somos los siervos del Señor, que El se nos ha revelado por el poder del Espíritu Santo; sabemos a quien adoramos. Tenemos el glorioso privilegio de hablar de El y de sus enseñanzas, y hablamos con autoridad y no como los escribas. Sabemos, por las revelaciones que el Espíritu Santo ha dado a nuestra alma, que Dios es nuestro Padre, que Jesucristo es el Señor de todo, y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es el reino de Dios sobre la tierra y se ha colocado como una luz sobre el monte para proclamar la verdad acerca de Dios a un mundo caído.

Cuando hablamos por el poder del Espíritu Santo, nuestras palabras son Escritura, y son como la voz, el propósito y la voluntad de Aquel que nos ha enviado.

Nuestro testimonio es que el Dios Omnipotente es nuestro Padre Eterno que vive en reinos celestiales, que el Señor Jesucristo es su Hijo en el sentido verdadero y literal de la palabra, que el Santo Mesías vino al mundo para morir sobre la cruz por los pecados de la humanidad; y que el Espíritu Santo, un personaje de espíritu, un varón de espíritu, es su ministro y testigo, cuyas revelaciones, dones y gracias están disponibles para los fieles en toda nación y entre todo pueblo.

Y ahora os decimos, como se nos ha mandado:

"Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas" (D. y C. 133:38-39).

Venid y adorad al Señor en la belleza de la santidad; venid y adorad al Señor, al Omnipotente, al Rey de la Creación. Venid a Cristo, creed y obedeced su ley, porque ninguno viene al Padre sino por El o por Su palabra. Venid y regocijaos en las revelaciones del Señor a José Smith y a los profetas de los últimos días, porque ellos son los reveladores de Cristo y los testigos de Dios en estos días postreros.

Volveos al Señor, nuestro Dios, arrepentíos de todos vuestros pecados, abandonad las falsas doctrinas; apartaos de los dioses falsos, y buscad la verdad. No seáis engañados por doctrinas de hombres ni de demonios. Allegaos a la verdad y sed creyentes como en el caso de aquellos de los tiempos antiguos, para quienes se abrieron los cielos e hicieron "firmes su vocación y elección" en los días de su probación terrenal (véase 2 Pedro 1:10).

Oh, Dios, nuestro Padre, te pedimos que mires a tus hijos en todas partes con amor y misericordia, que les concedas arrepentimiento y los lleves por tu santo camino para que logren la paz en esta vida y la vida eterna en el mundo venidero. En el nombre del Señor Jesucristo. Amen.

10/12/2007 12:21. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.

Bebed de la fuente

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(Discurso pronunciado el 2 de octubre de 1974 durante la Conferencia General de la Sociedad de Socorro por B.R. McConkie.)

Tomo el texto de las palabras del Señor Jesús: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga". (Mateo 11:28 30.) Quiero hacer hincapié en tres frases: primero, 'Venid a mi'; segundo, "aprended de mí"; y tercero, "hallaréis descanso para vuestras almas".

Nos gustaría que todos los Santos de los Últimos Días leyerais todos los libros canónicos, que meditarais en vuestros corazones las verdades eternas que allí se encuentran y que os pusierais de rodillas y le pidierais orientación al Señor, con toda sinceridad y teniendo fe, para que las entendáis y comprendáis. Instamos a cada uno de vosotros para que las leáis, y no simplemente que leáis las palabras, sino que meditéis y oréis acerca de lo que estáis leyendo a fin de que nazca en vosotros el deseo de vivir en rectitud, que es el fruto del estudio de la palabra pura y perfecta de Dios. Deseamos que la Iglesia empiece a beber de la fuente el mensaje puro y perfecto que el Señor ha dado por boca de sus profetas, el mensaje que se encuentra en los libros canónicos de la Iglesia.

Aquellos que aman al Señor lo ' manifiestan viviendo de acuerdo con sus mandamientos; y aquellos que obedecen sus mandamientos son los que pueden obtener vida eterna en su reino.

Desde mi punto de vista, me parece formidable que estudiemos los cuatro Evangelios, ya que en éstos se encuentra la historia de la vida del Señor. Es ahí, más que en ningún otro lugar, donde podemos cumplir con la instrucción, "aprended de mí". Son la fuente a donde nos dirigimos para llegar a amar al Señor, y aquellos que aman al Señor lo manifiestan viviendo de acuerdo con sus mandamientos; y aquellos que obedecen sus mandamientos son los que pueden obtener vida eterna en su reino.

Nuestro deseo en esta vida es tener paz y gozo y heredar la vida eterna en cl mundo venidero. Estas son las dos bendiciones más grandiosas que a la gente le es posible heredar. Podemos obtenerlas leyendo y aprendiendo las palabras de vida eterna, aquí y ahora, y obedeciendo los mandamientos que nos preparan para la gloria inmortal en cl mundo venidero.

Ahora, permitidme hablar de estos maravillosos libros que conocemos como los cuatro Evangelios. Estos contienen tesoros escondidos y desconocidos. Todavía no hemos captado la llegar a saber con absoluta certeza la visión de lo que podemos extraer de forma en que El proclama que es el ellos. ¿Os sorprendería si os dijera que en los cuatro Evangelios hay más conocimiento, más verdad que se ha revelado concerniente a la naturaleza y a la clase de persona que es Dios, nuestro Padre, que en el resto de los libros canónicos? Todo lo que necesitamos hacer es aprender la manera de adquirir ese conocimiento. Necesitamos dirección y el Espíritu del Señor para que nos dirija a medida que estudiamos.

Vosotros recordaréis que Felipe se encontró con un eunuco de la Corte de Candace. El eunuco leía las profecías mesiánicas en el libro de Isaías. Felipe le preguntó: "¿Entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare'?" (Hechos 8:26 31.)

Necesitamos que alguien nos enseñe la manera de estudiar los libros canónicos de la Iglesia, y después, si seguimos las sencillas fórmulas que se proveen, tendremos una nueva visión de entendimiento doctrinal, y nacerán en nuestro corazón nuevos deseos de vivir rectamente.

Consideremos los Evangelios. Estos son la historia de la vida del Señor; los evangelios hablan de El. El es el Hijo de Dios. En Cristo, Dios estaba mostrando al mundo la naturaleza y la clase de Ser que es. Es vida eterna conocer al Padre y al Hijo y poder llegar a ser como ellos son. Conocemos al Padre por medio de llegar a entender al Hijo. El Hijo es el revelador de Dios. Nadie viene al Padre, sino por el Hijo o por su palabra. Deseamos conocer al padre y al Hijo, y su historia principal se encuentra en los Evangelios.

¿Os sorprendería si os dijera que hay más conocimiento y doctrina acerca del sacrificio expiatorio del Señor Jesús en los cuatro Evangelios que en ninguna otra parte de las Escrituras? Todo lo que necesitamos es la llave para abrir ese conocimiento. Podemos Hijo de Dios.

Por ejemplo, hay el relato en que sana a uno que estaba ciego de nacimiento. Lo hace sin que se le pida y lo hace con el propósito de reunir a una congregación. Por todo Jerusalén se da a conocer este incidente. La muchedumbre se congrega para ver qué es lo que El está haciendo. Después, a la congregación, les enseña: "Yo soy el buen pastor", o en otras palabras, "Yo soy el Señor, Jehová". En su sermón declara: "Yo y el Padre uno somos". Predica un grandioso sermón para declarar que es el Hijo de Dios, sus palabras son verificadas porque abrió los ojos del hombre que había nacido ciego. (Juan 9 y 10.)

La misma cosa se ilustra cuando levanta a Lázaro de los muertos. Jesús viene y predica un sermón en el cual dice: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá". En otras palabras, dice: "La inmortalidad viene por mí; la vida eterna es por mí y por medio de mí. Yo soy el Hijo de Dios y hago que estas cosas sean posibles". Y para que no haya ninguna duda acerca de su doctrina, les manda que quiten la piedra de la puerta de la tumba, y dice: "¡Lázaro, ven fuera!", y el cuerpo que ya había empezado a descomponerse se levanta y sale. El levantar a Lázaro de entre los muertos es otro testigo, para todo el mundo y por todas las eternidades, de que el Hombre que lo hizo es en realidad la resurrección y la vida; que la inmortalidad y vida eterna vienen por El; que El es el Hijo del Dios Viviente. (Juan 9 y 10)

Veamos otro ejemplo: Después de su resurrección, Jesús camina por el camino de Emaús y conversa con dos de sus discípulos. Se da a conocer cuando parte el pan. Poco después se aparece en el aposento alto a diez de los Apóstoles (Tomás no se encontraba presente) cabe mencionar que era una congregación de los santos, en los cuales, sin lugar a dudas, se encontraban hermanas fieles de esos días, y a todo el grupo, no sólo a los diez, les pregunta: "¿Tenéis aquí algo de comer'?" Entonces le dan parte de un pez asado y un panal de miel. El lo toma y come delante de ellos. Entonces palpan las marcas en sus manos y en sus pies y le meten la mano en el costado. Qué gran ocasión para la enseñanza. Ese pequeño episodio que sucedió en el camino a Emaús y culminó en el aposento alto es la ilustración más grandiosa, de todas las revelaciones jamás dadas, en cuanto a la clase de persona que es un ser resucitado y la manera en que nosotros, que fuimos creados a su imagen, podemos llegar a ser si somos fieles en todas las cosas. (Lucas 24.)

Os estoy sugiriendo que todos tenemos una oportunidad maravillosa de llegar a amar al Señor y de obtener el deseo de obedecer sus mandamientos, y como resultado, ser herederos de paz en esta vida y la vida eterna en el mundo venidero. No es sólo leer; es leer, meditar y orar para que el Espíritu del Todopoderoso sea partícipe en el estudio y nos dé entendimiento.

Hace algunos años decidí realizar un estudio profundo de los cuatro Evangelios como se encuentran en el Nuevo Testamento. Cuando terminé, utilizando las palabras de Juan como texto "Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31), escribí lo siguiente:

"Y así terminan los evangelios

"Esos sagrados escritos que hablan del nacimiento, ministerio, misión, sacrificio expiatorio, resurrección y ascensión del Hijo de Dios;

"Esos registros revelados que enseñan con poder y convicción las verdades eternas en las cuales los hombres deben creer para obtener la salvación en el reino de Dios;

"Esos relatos verídicos de la vida de Cristo que llevan al hombre a amar al Señor y obedecer sus mandamientos;

"Esos sagrados y solemnes testimonios que abren la puerta para recibir la paz en esta vida y la vida eterna en el mundo venidero.

"En estos sagrados escritos, en estos relatos del evangelio, en estos testimonios de la vida de nuestro Señor

"Vemos a Jesús el Todopoderoso, el Creador de todas las cosas desde el principio recibir un tabernáculo de barro en el seno de María.

"Nos paramos cerca del Infante en el pesebre y escuchamos voces celestiales proclamar su nacimiento.

"Lo observarnos enseñando en el templo y confundiendo a los hombres sabios cuando sólo tenía doce años de edad.

"Lo vemos en el río Jordán sumergirse bajo las manos de Juan, mientras que los ciclos se abren y el personaje del Espíritu Santo desciende corno paloma; y escuchamos la voz del Padre hablar con palabras de aprobación.

"Varaos con El hasta el desierto a un lugar apartado donde el diablo lo tienta, lo trata de engañar y busca la manera de extraviarlo de las sendas de Dios.

"Nos maravillan y sorprenden sus milagros; habla y los ciegos ven; toca y los sordos oyen; manda y los cojos caminan, los paralíticos se levantan de sus careas, los leprosos son limpiados y los espíritus malignos abandonan los lugares de los cuales se han apropiado.

"Nos regocijamos ante el milagro de ver almas enfermas de pecado recuperarse, de discípulos que dejan todo lo que tienen para seguirlo, de santos que vuelven a nacer.

"Nos maravillamos cuando los elementos obedecen su voz: camina sobre el agua; las tormentas cesan; castiga a la higuera y ésta se marchita; convierte las aguas en vino; con unos cuantos pescados y un poco de pan alimenta a miles.

Los cuatro Evangelios contienen tesoros escondidos y desconocidos. Todavía no hemos captado la visión de lo que podemos extraer de ellos. De acuerdo con la inspiración divina, muchos padres están usando los libros canónicos pura enseñarles a sus hijos las doctrinas del reino.

Al leer las Escrituras, debemos meditar y orar para que el Espíritu sea partícipe en el estudio y nos dé entendimiento.

"En Betania nos sentamos con el Señor de vida, como hombre, en la intimidad del círculo familiar; lloramos con El en la tumba de Lázaro; ayunamos y oramos a su lado cuando se comunica con su Padre; comemos, dormimos y caminamos con El por las sendas y en las aldeas de Palestina; lo vemos hambriento, sediento, cansado, y nos maravillamos de que un Dios deseara pasar por tales experiencias terrenales.

"Bebemos profundamente de sus enseñanzas; escuchamos parábolas que jamás hombre alguno profirió; aprendemos lo que significa escuchar a uno con toda autoridad anunciar la doctrina de su Padre.

"Lo vemos:

"Lleno de pesar llorando por sus amigos, lamentándose por la destrucción inminente de Jerusalén;

"Compasivo perdonando los pecados, cuidando a su madre, sanando a los hombres física y espiritualmente;

Enojado limpiando la casa de su Padre, mostrando indignación justa por la profanación de la misma;

"Triunfante al entrar en Jerusalén en medio de los gritos de hosanna al Hijo de David, transfigurado ante sus discípulos en el monte, parado en toda la gloria de la resurrección en una montaña en Galilea.

"Nos reclinamos con El en un aposento alto, separados del mundo y escuchamos algunos de los sermones más grandiosos de todos los tiempos, mientras que participamos de los emblemas de su cuerpo y su sangre.

"Oramos con El en Getsemaní y temblamos bajo el peso de la carga que El lleva a medida que grandes gotas de sangre salen de cada uno de sus poros; bajamos la cabeza avergonzados cuando Judas le da el beso de la traición.

"Estamos a su lado ante Anás y Caifás; vamos con El ante Pilato y Herodes y otra vez Pilato; participamos del dolor, sentimos los insultos, temblamos ante la burla y sentimos repugnancia por la terrible injusticia e histerismo que lo lanzan inescapablemente hacia la cruz.

"Sentimos el pesar de su madre y otros en el Gólgota cuando los soldados romanos le traspasan con clavos sus manos y sus pies; temblamos cuando la espada le hiere el costado, y le acompañamos en el momento en que voluntariamente da su vida.

"Estamos en el jardín cuando el ángel quita la piedra, cuando sale revestido de inmortalidad; caminamos con El en el camino a Emaús; nos hincamos en el aposento alto y sentimos las marcas de los clavos en sus manos y en sus pies y metemos la mano en el costado, y con Tomás exclamamos: `¡Señor mío, y Dios mío!'

"Caminamos hacia Betania y allí, mientras ángeles ministran, presenciamos su ascensión para estar con su Padre; y nuestro gozo es completo porque hemos visto a Dios con el hombre.

"Vemos a Dios en El porque sabemos que Dios era en Cristo, manifestándose al mundo a fin de que todos los hombres conocieran esos Seres Celestiales, el conocimiento de los cuales es la vida eterna.

"Y, ahora, ¿qué más podemos decir acerca de Cristo? ¿De quién es Hijo? ¿Qué obras fueron las que realizó? ¿Quiénes pueden testificar hoy día de estas cosas?

"Y ahora, que quede escrito nuevamente yes el testimonio de todos los profetas de todos los tiempos que El es el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, el Mesías prometido, el Señor Dios de Israel, nuestro Redentor y Salvador; que vino al mundo para dar a conocer al Padre, para revelar nuevamente el evangelio, para ser nuestro gran Ejemplo, para llevar a cabo la expiación eterna e infinita; y que pronto vendrá otra vez para reinar personalmente sobre la tierra y para salvar y redimir a todos aquellos que lo aman y lo sirven. "Que también quede escrito, tanto en la tierra como en los cielos, que yo también sé de la verdad de estas cosas de las cuales han testificado los profetas. Porque estas cosas me han sido reveladas por el Espíritu Santo, y por lo tanto testifico que Jesús es el Señor de todo, el Hijo de Dios, por cuyo nombre se logra la salvación." (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, vol. I , págs. 873 876. )

Ahora, lo maravilloso acerca del sistema de la religión revelada que Dios nos ha dado en estos días es, primeramente, que es verdad; segundo, que cada hombre, mujer y niño en la Iglesia puede llegar a tener el conocimiento absoluto, nacido del Espíritu, la convicción firme y segura de que Jesús es el Señor, de que la salvación está en Cristo, y que si vamos a El y aprendemos de El y obedecemos sus mandamientos, tendremos paz, gozo y felicidad en esta vida y seremos herederos de la vida eterna en el mundo venidero.

Instamos a todos en la Iglesia a beber de la fuente; a estudiar los libros canónicos de la Iglesia; a leer, meditar y orar; a pedirle a Dios comprensión; a obtener el poder del Espíritu Santo en sus vidas para que cada persona sepa, independientemente de otra, acerca de la verdad y la divinidad de estas cosas, porque de allí se deriva el gozo y la satisfacción y la paz que ofrece el evangelio.

Dios permita que así sea. Esta obra es verdadera y es del Señor. Su mano está en ella; El ha decretado el éxito. Continuará progresando, y vosotros y yo, en esta vida y en la venidera, heredaremos estas gloriosas bendiciones si hacemos ahora aquellas cosas que estoy seguro todos sabemos en nuestro corazón que debemos hacer. En el nombre del Señor, Jesucristo. Amén.

07/12/2007 10:08. Autor: administrador. #. Tema: Discursos No hay comentarios. Comentar.