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LA VERDAD RESTAURADA

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CÓMO FUNCIONAN LOS CONSEJOS DISCIPLINARIOS

Tras la debida notificación y fijación de fecha, se lleva a cabo el consejo disciplinario, el cual  empieza con una oración, seguida por una declaración del oficial presidente o del representante que él haya asignado en lo que respecta a la falta informada. Si el miembro niega dicha falta, se presenta la evidencia que exista tocante a ella. El miembro, entonces, presenta a sus testigos y evidencia y hace cualquier comentario o declaración que estime necesario en cuanto a sus sentimientos y a los pasos que haya tomado, si tal fuera el caso, conducentes al arrepentimiento. Tras responder preguntas y hacer aclaraciones ante el consejo, se excusa al miembro y los líderes deliberan y oran al respecto. La decisión final descansa sobre el oficial presidente, quien actúa por medio de la inspiración. Se les pide a los demás líderes del sacerdocio participantes que den su voto de apoyo a la decisión y, si las hubiera, que expresen sus diferencias de opinión.

El consejo toma en consideración muchos factores, como ser, si se violaron los convenios del templo o matrimoniales; si se abusó de una posición de confianza o autoridad; la reiteración, magnitud y alcance de la transgresión; la edad, grado de madurez y de experiencia del transgresor; los intereses de víctimas o de familiares inocentes; el tiempo transcurrido entre la transgresión y la confesión; si la confesión fue voluntaria o no y las evidencias que existan de un arrepentimiento sincero.

Aquellos que toman parte en el consejo deben guardar todo bajo el más estricto grado de confidencia y tratar el asunto con un espíritu de amor. Esto incluye ser respetuosos y solemnes durante el proceso disciplinario. ¿Se imaginan cómo se sentirían ustedes si fueran una persona arrepentida que aguarda la decisión de la presidencia de la estaca y oyeran hablar en voz alta y risas procedentes de la sala del sumo consejo? Aunque esas conversaciones y risas no tuvieran nada que ver con la situación que se estuviera tratando, resultaría totalmente inapropiado.

Recuerden que el objetivo del consejo disciplinario no es ejercer retribución, sino ayudar al miembro a efectuar los cambios necesarios para que la persona pueda volver limpia a Dios. Aquellos que comparecen ante cualquier consejo disciplinario de la Iglesia tienen el derecho de que se les trate con respeto y cortesía.

Cuando un miembro acusado de haber cometido una falta se presenta ante un consejo disciplinario, el consejo puede adoptar una de cuatro decisiones: (1) ninguna medida, (2) un período de prueba formal, (3) la suspensión de derechos o (4) la excomunión.

Aun cuando se hubiera cometido una transgresión, es posible que el consejo decida no tomar ninguna medida en ese momento. (Se le aconsejaría al miembro recibir asesoramiento adicional de parte de su obispo.)

El período de prueba formal es un estado disciplinario provisional, impuesto con el fin de ayudar al miembro a lograr un arrepentimiento completo. El oficial presidente del consejo especifica las condiciones bajo las cuales se le levantaría el período de prueba. Durante ese período, el obispo o el presidente de estaca se mantiene en estrecho contacto con el miembro para ayudarlo en su progreso personal.

A1 igual que en el caso de la prueba formal, la suspensión de derechos es generalmente una medida disciplinaria temporaria para contribuir al proceso del arrepentimiento. Las personas a quienes se le suspenden los derechos retienen su condición de miembros de la Iglesia. Se les anima a asistir a las reuniones generales, aunque no se les permite dar oraciones ni discursos. Tampoco pueden desempeñarse en cargos eclesiásticos, tomar la Santa Cena, votar en favor o en contra de oficiales, tener la recomendación para el templo ni ejercer el sacerdocio. Sin embargo, sí pueden pagar el diezmo y las ofrendas y continuar usando los gárments del templo, si los hubieran recibido.

La excomunión es el juicio más severo que puede imponer un. consejo disciplinario de la Iglesia. La persona que es excomulgada deja de ser miembro de la Iglesia negándosele, por consiguiente, los privilegios como tal, incluyendo el uso de sus gárments y el pago de diezmo y ofrendas. Puede asistir a reuniones públicas de la Iglesia pero, al igual que en el caso de aquel a quien se le suspenden los derechos, no puede tomar parte activa en dichas reuniones. A la persona excomulgada se le insta a arrepentirse y a vivir de manera tal que con el tiempo se haga digna de que se le vuelva a bautizar y se reintegre totalmente a la actividad en la Iglesia.

Se da gran consideración al carácter confidencial de las decisiones adoptadas por un consejo disciplinario de la Iglesia. Nunca se hace ningún anuncio cuando a un miembro se le somete a un  período de prueba formal. Las decisiones de suspensión de derechos o excomunión tampoco son anunciadas públicamente a menos que la transgresión sea de amplio conocimiento, que la conducta del transgresor constituya una amenaza para la comunidad o que se haga necesario el anuncio para disipar rumores. Aun cuando se haga un anuncio, se le limitará a una declaración general de la decisión adoptada.

PROTEJÁMONOS CONTRA EL PECADO

PROTEJÁMONOS CONTRA EL PECADO

Debemos tener constante cuidado con nuestros pensamientos. Los pecados graves casi siempre empiezan con pensamientos indignos. Hace algunos años, bajo la dirección de la Primera Presidencia, entrevisté a un hombre con miras a que se le restauraran la autoridad del sacerdocio y las bendiciones del templo. Se le había excomulgado mientras servía en un importante llamamiento en su barrio. En el curso de nuestra conversación, le pregunté: "¿Cómo fue que sucedió todo esto?".

En un tono de voz serio me contestó: "Todo empezó cuando decidí hojear una revista pornográfica.

Ese insignificante incidente me llevó a cosas cada vez más inmorales incluyendo películas y videos eróticos hasta que cometí adulterio con una prostituta".

El hombre continuó diciendo: "Al pensar en todo eso, me cuesta creer que fui capaz de hacer cosas tan horribles. Pero las hice y todo empezó con una revista pornográfica. Hermano , hágale saber a los santos que deben tener cuidado con lo que miran y lo que ven en la televisión, en películas y en videos".

Otro joven que cayó en más o menos las mismas circunstancias, más tarde atribuyó su retorno a la Iglesia a la influencia de varios amigos y miembros del barrio que lo pusieron bajo sus alas y le ayudaron a reconocer que era un alma digna de salvar. El presidente del quórum de élderes, en particular, y su familia, ofrecieron su amistad a ese joven y a su esposa. Les hicieron sentirse amados, necesitados, valorados y bienvenidos en la Iglesia.

Una hermana a quien, tras años de fiel y abnegado servicio a la Iglesia, se le tuvo que disciplinar, dijo: "No tenía idea de que fuera capaz de cometer una transgresión tan grave. Había dado por sentado que si sabía que algo estaba mal, nunca lo haría. Cuán poco entendí la extraña dinámica de la conducta humana, o aquello de lo que yo era capaz".

No debemos nunca olvidar que Satanás es real y que tiene el poder de "prender" a los seres mortales "con sus sempiternas cadenas . . . y los conduce astutamente al infierno" (2 Nefi 28:19, 21). Los consejos disciplinarios de barrio y de estaca son una parte importante del plan de Dios de redimir a Sus hijos de las cadenas del pecado. Todos los que sirven en esos consejos o que tratan de influir positivamente en la vida de seres queridos que han sido disciplinados,  deben tener presente la importancia de amar sin juzgar; ser sensibles y considerados sin entrometerse; ser afectuosos sin condescendencia; perdonar y olvidar. Por sobre todo lo demás, tenemos que recordar lo que dijo el Señor: "He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más" (D&C 58:42).

Siendo que todos, en mayor o menor grado, somos espiritualmente impuros a causa del pecado y que, por consiguiente, tenemos necesidad del sacrificio. expiatorio del Señor Jesucristo, ¿podemos encontrar justificativo para no obrar de esa manera?

EXTENDAMOS UNA MANO AL PENITENTE

EXTENDAMOS UNA MANO AL PENITENTE

Es muy difícil que quienes nunca hayan pasado por una situación tal lleguen a comprender plenamente el trauma que experimentan quienes son suspendidos o excomulgados de la Iglesia.

"Lo que sentí fue horrible", dijo un hombre, "pero sabía que era la voluntad del Señor. Pude percibir el espíritu de interés entre los hermanos presentes cuando se me dio a conocer la decisión del consejo. Sólo sentí amor y compasión".

Pese a ello, el dolor es difícil de sobrellevar. "Lleno de angustia y pesar", dijo, "lloré, oré, pasé noches enteras en vela aterrorizado por la idea de que llegara a perder a mi esposa y mis hijos para siempre. Aun cuando me mantuve en contacto regular con mi obispo, me sentía solo, muchas veces presa de un sentimiento de rebeldía y al mismo tiempo de culpa por ser rebelde.

"Al mirar hacia atrás ahora, comprendo que, pese a haber sido terriblemente difícil, fue necesario que pasara por todos esos desafíos personales. Todo el proceso fue una gran bendición para mí. El arrepentimiento es algo que cada uno debe encontrar por sí mismo con el paso del tiempo".

Otra persona que fue excomulgada explicó su sentir de esta manera: "El progreso eterno es una bendición enorme. Es como nadar en un río en el cual la meta es alcanzar la cabecera. Lo importante del progreso no es dónde uno se encuentre en el río sino que esté nadando río arriba.

Después de haber caído tanto como consecuencia de mis faltas, me hace sentir bien el verme liberado del peso del pecado y poder nadar hacia la cabecera espiritual otra vez".

Los amigos y la familia son vitalmente importantes para la persona que batalla por regresar a las vías del Evangelio. Quienes rodean a tal persona deben refrenarse de juzgar y deben hacer todo cuanto esté de su parte por demostrar amor. El Señor ha mandado: "Por tanto, os digo que debéis perdonaros los unos a los otros; pues el que no perdona las ofensas de su hermano, queda condenado ante el Señor, porque en él permanece el mayor pecado. Yo, el Señor, perdonaré a quien sea mi voluntad perdonar, mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres" (D&C 64:9-10).

Una hermana que había sido presidenta de la Sociedad de Socorro nos cuenta del amor y el apoyo que recibió a lo largo de un doloroso período en que le fueron suspendidos sus derechos de miembro: "Cuando los hermanos del obispado me escucharon, pude sentir un amor que nunca había sentido antes. Todos lloraron conmigo".

A pesar de que, al principio, sintió como si el corazón "fuera a quebrarse en miles de pedazos", al día siguiente le invadió un espíritu de consuelo y comprendió que no sería abandonada.

Una de las cosas más difíciles para ella fue ir a las reuniones de la Iglesia al domingo siguiente, aun cuando resultó mucho más fácil de lo que había pensado. El obispo se tomó el tiempo de recibirla y darle la bienvenida. Con y sin palabras, los miembros del obispado, quienes habían participado en el consejo, expresaron su amor e interés. Nadie más estaba enterado de la situación. "No hubo la más mínima señal de falta de respeto", dijo ella.

Con el transcurso de las semanas y de los meses, se dio cuenta de que su dolor y sufrimiento, de hecho, la estaban ayudando en el proceso de purificación. Lo que es más, ese dolor y ese sufrimiento constituían un elemento imprescindible en dicho proceso. Y el dolor que su familia experimentó se vio en parte aliviado gracias a la bondad y la consideración demostrada por otras personas.

Con agonía ella reconoce: "Todo miembro de la Iglesia debe comprender que también él o ella es capaz de pecar. ¡Cuán grande el precio que he pagado por engañarme a mí misma en cuanto a lo que estaba haciendo!".

RAZONES JUNTOS

RAZONES JUNTOS

Un miércoles por la noche, cierto obispo tenía unos pocos minutos entre dos entrevistas, así que decidió pasar por la capilla para ver cómo marchaban los ejercicios de apertura de la Mutual. Lo que vio lo frustró y mortificó bastante.

"No lo podía creer", dijo con un movimiento de cabeza que denotaba desazón. "Tres de mis presbíteros estaban sentados sobre la mesa de la Santa Cena riéndose a carcajadas, mientras la presidenta de las Laureles trataba de dar comienzo a la reunión desde el púlpito. Algunas jovencitas estaban recostadas sobre los bancos de un lado de la capilla manteniendo una conversación muy animada, en tanto que un par de Scouts jugaban a las pulseadas sobre la baranda del estrado.

"Eché una mirada alrededor para ver qué era lo que estaban haciendo los asesores para retomar el control de la situación, pero sólo vi a dos de mis asesoras de las Mujeres Jóvenes conversando en el fondo de la capilla, al parecer ignorantes de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Ni el presidente de los Hombres Jóvenes ni la presidenta de las Mujeres Jóvenes se hallaban en el salón en ese momento. Aquello era un verdadero caos.

El obispo fue hasta el frente de la capilla y restauró el orden, pero por el resto de la semana, no pudo quitar de su mente la imagen de aquellos adolescentes y algunos de sus líderes comportándose de una manera tan irrespetuosa en la capilla. Al domingo siguiente, en la reunión de obispado, comentó el incidente con sus consejeros y les preguntó qué opinaban que se debía hacer. Discutieron el asunto por unos momentos y decidieron que sería un buen tema para tratar en la reunión del consejo de barrio. Así fue que a la semana siguiente el obispo presentó su preocupación ante la totalidad del consejo. "En mi opinión", dijo, "lo que tenemos entre manos es una falta de respeto hacia la capilla como un lugar especial, un recinto importante donde todos los domingos se lleva a cabo una ordenanza sagrada. ¿Cómo podemos enseñar eso a nuestros jóvenes para que lo entiendan?"

Un profundo silencio se produjo en la reunión. Todas las miradas estaban fijas en el obispo con gran expectativa. Finalmente, el líder del grupo de sumos sacerdotes habló: "¿Qué es lo que desea que hagamos, obispo?", preguntó.

"No lo sé," respondió el obispo. "Sinceramente no tengo ninguna respuesta en este caso. Tengo algunas ideas, pero realmente me interesa escuchar lo que puedan decirme. Ustedes son los padres de esos jóvenes; son sus líderes y maestros. Ustedes les conocen y les aman tanto como yo. Realmente quiero saber qué opinan. ¿Cómo llegamos a ellos? ¿Cómo les enseñamos?".

"Muy bien", dijo la presidenta de la Sociedad de Socorro, "si quiere que le diga la verdad, no es sólo la juventud la que tiene problemas para captar ese concepto. Hay personas mayores que tampoco parecen no saber cómo ser reverentes en la capilla".

"Y las cosas se ponen todavía peor en el salón de actividades", agregó el presidente del quórum de élderes. "¿Ha prestado atención a algunos de los incidentes que ocurren durante los partidos de básquetbol de los hombres? Hay veces que me cuesta creer que la mayoría de los hermanos con quienes estoy jugando son ex misioneros y que estamos jugando en un centro de reuniones que ha sido dedicado. Ese solo hecho tendría que hacernos elevar un poco nuestras

normas de comportamiento".

"Tendríamos que tratar de captar la atención de todos los presentes desde el comienzo de la reunión sacramental", comentó uno de los consejeros en el obispado. "Mi esposa me dijo que la semana pasada, cuando empecé a leer los anuncios, apenas si me oía por encima de todo el barullo que había en la capilla".

"Muy bien, entonces estamos todos de acuerdo en cuanto a que existe un problema", dijo el obispo. "¿Qué es lo que vamos a hacer al respecto?"

"Hay una canción que cantan los niños en la Primaria que me viene la mente", dijo la presidenta de la Primaria. "Dice: `La reverencia es más que estar quietos; es recordar al Señor, ver las bendiciones del Padre en los cielos; es un sentimiento de amor. Cuando soy reverente, en mis actos se ve, mis palabras expresan bondad. Cuando soy reverente, yo sé que Jesús y el Padre muy cerca están"’ ("La reverencia es amor", Canciones para los niños, 12).

"Considero que eso es lo que tenemos que enseñarles a nuestros niños, a nuestros jóvenes y a nuestros adultos", continuó diciendo la presidenta de la Primaria. "No se trata solamente de estar callados durante la reunión sacramental. Este problema está relacionado con el grado de amor y respeto que sentimos hacia nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo. Cualquier cosa que hagamos que no se refiera a ese asunto en particular, no servirá para nada".

"En otras palabras", dijo el presidente de los Hombres Jóvenes, "el comportamiento irrespetuoso en la capilla es apenas una manifestación exterior de un problema mucho más profundo que parece existir en todo el barrio. Todo se resume a tener un testimonio personal.DESCARGAR ARTICULO COMPLETO

CÓMO SE ADQUIERE UN TESTIMONIO

  Existe una ley sobre la cual todas las bendiciones se basan. El testimonio es una bendición que se recibe de Dios, de manera que se puede ganar un testimonio conociendo la ley en la que está basado. Los santos profetas han cumplido con la ley y recibido testimonios, y éstos abundan en las Santas Escrituras. Podemos citar como ejemplos del antiguo Testamento y del Nuevo, así como de las Escrituras de los Santos de los Últimos Días, los siguientes: Job, Pedro y José Smith. Habiendo recibido la bendición de un testimonio, los profetas han declarado la ley y manera de proceder que todos tienen que obedecer a fin de recibir la misma bendición. Proponemos en seguida un brevísimo bosquejo de la manera que ellos han sugerido para obtener un testimonio: 

1. Deseo

En primer lugar, uno debe tener un deseo de conocer la verdad acerca de Dios, sus planes y propósitos. Todos los hombres finalmente .serán recompensados de acuerdo con sus deseos. Los deseos justos conducen a vidas justas; los deseos injustos conducen a vidas injustas. "Deleítate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." En uno de los discursos más notables sobre la fe, el profeta Alma amonestó a sus oyentes, y a nosotros, a que despeinemos el deseo de creer: "Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta poner a prueba mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, hasta creer que hay lugar en vosotros para una porción de mis palabras."

2. Estudio e instrucción

 Sin embargo, el deseo no es suficiente; debe convertirse en conocimiento de aquello acerca de lo cual uno quiere obtener un testimonio, y esto se logra por medio de un esfuerzo intelectual. Por tal razón se presentan al mundo las Escrituras modernas con un mandato divino: "Escudriñad estos mandamientos." En toda generación se han dado Jas mismas instrucciones. Durante su ministerio terrenal nuestro Señor dijo: "Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida cierna; y ellas son las que dan testimonio de mí." Nada puede substituir el conocimiento del evangelio si uno desea obtener un testimonio del mismo. Se deben estudiar y aprender los objetos y principios sobre Jos cuales se fundará la seguridad espiritual que uno busca, y se debe estudiar la doctrina a fin de convertir este deseo en conocimiento.

3. La obediencia a las doctrinas

Tampoco es suficiente el conocimiento a menos que se convierta en acción. La creencia puede ser meramente pasiva, y se hace necesario poner en práctica las doctrinas para que tengan significado en el desarrollo de un testimonio.

Nuestro Señor nos lanza un reto a que pongamos por obra sus doctrinas y determinar en esta forma si son de Dios: "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si Ja doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta." Debemos tomar nota de las expresiones que el Señor usa. Dice que tal persona "conocerá"; no dice que "supondrá", sino que "conocerá". Es una reiteración de la ley del testimonio y ]a manera de conocer el evangelio nacido de Dios.

 4. Oración

El testimonio viene del Espíritu; no de la sabiduría terrenal. "Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios." Mientras se está esforzando para obtener un testimonio, la persona debe pedir sinceramente a Dios que le conceda su espíritu de entendimiento y un testimonio de seguridad. En el último capítulo del Libro de Mormón se nos instruye de esta manera: "Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntaseis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, El os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo; "Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas." El testimonio es verdaderamente el principio de la adoración en espíritu y en verdad, y de este modo se inicia el progreso espiritual. Los que son valientes en su testimonio se salvan en el reino celestial, mientras que aquellos que "no son valientes por el testimonio de Jesús" recibirán un reino menor.

 

EL PADRE NUESTRO O LA ORACIÓN DE JESUCRISTO

EL PADRE NUESTRO O LA ORACIÓN DE JESUCRISTO

 

El ejemplo de nuestro Señor y el espíritu de la oración manifestada en su vida diaria impulsó a los discípulos a pedir instrucciones sobre la manera de orar. "Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar."6 Respondiendo a la solicitud, Jesús repitió como ejemplo perfecto de la oración un breve compendio de adoración y súplica nacida del alma, que nosotros conocemos comúnmente como el Padrenuestro. El les dijo: "Vosotros, pues, oraréis así: 

"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre." De esta manera iniciamos la oración confesando nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Mientras reverenciamos su nombre, nos dirigimos a Él, no tanto como el Supremo Creador de gloria infinita, sino en virtud de nuestro parentesco con un Padre amoroso cuyos hijos somos.

"Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra."—Con estas palabras nos referimos al advenimiento efectivo del reino de los cielos cuando Dios gobierne en la tierra. El que verdaderamente desea que venga este reino vivirá de acuerdo con la ley de Dios y ofrecerá sus servicios para acelerar su venida. El que se esfuerza por establecer la supremacía de la voluntad de Dios se une a Él en los asuntos de la vida.

"El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy."—De esta manera se nos enseña a que pidamos día tras día el alimento que hemos menester, no un gran abastecimiento para lo futuro. Necesitamos el sostén de la vida, y propiamente debemos pedirlo para recordarnos que dependemos completamente de Dios en lo que concierne a las necesidades de la vida. El hombre justo se siente agradecido por su pan cotidiano.

 "Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores"—Una de las necesidades principales del hombre es el perdón. Sin embargo, no lo recibimos sino al grado que lo merecernos, y estas palabras nos lo recuerdan. El perdón es una dádiva demasiado preciosa para echarse a los pies de los que no perdonan. Uno no puede tener el corazón contrito para pedir misericordia si no concede a otros lo que pide para sí mismo.

"Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal."—No debemos entender por esto que Dios conduciría jamás a un hombre a la tentación. Esta vida terrenal es un campo de ensayo, un estado de probación. Lo que esta súplica parece significar es que seamos preservados de las tentaciones que sobrepujan nuestro poder para resistir. Le pedimos a Dios que no nos abandone en nuestras tentaciones y que nos proteja. En este mundo caído nos sobrevendrán la tentación y el mal, y rogamos que seamos librados sin daño de estas cosas.

"Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos." Aquí el hombre reconoce la supremacía de Dios. Es por medio de El que vivimos y obramos y existimos. Es propio confesar su majestad y dominio, y sería un sacrilegio afirmar nuestra independencia de Él.

"Amén"—La oración del Señor concluye con un solemne amén. Esta palabra significa literalmente "así sea". En esta forma queda sellada la oración y se da fe de que es una expresión verdadera del alma del suplicante.

 

EL TEMPLO COMO UN LUGAR DE ASCENSIÓN A DIOS

EL TEMPLO COMO UN LUGAR DE ASCENSIÓN A DIOS

Quiero hablar del templo como un lugar de ascensión a Dios, tratar al templo como una modelo de realidad, una realidad de cosas por venir, y hablar de motivos de ascensión alrededor del mundo. Sólo pondré algunos ejemplos de la amplísima literatura y de la vasta colección de tradiciones. Porque la idea de ascensión está vinculada con el templo alrededor del mundo y la idea de ascensión se encuentra también por todas partes del mundo, sólo tocaré algunas culturas. Hay bastante más fuentes de donde esto viene.

Nuestra meta, finalmente, (hemos dado un seminario que trata de ambos temas) es hablar de ascensiones en todo el mundo, y organizarlas a fin de que los no mormones puedan sacar provecho de ello, pero a su vez, los Santos de los Últimos Días que estén familiarizados con el templo puedan ver patrones, y espero que algunos de ustedes vean algunos de ellos en este día.

La idea de la ascensión es ubicua (una palabra culta para decir omnipresente) en el mundo. Se le puede encontrar en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, en Segunda de Corintios, Capítulo 12, donde Pablo dice en un lenguaje modesto lo que es probablemente su propia experiencia.

Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar (N.T. en inglés literalmente dice: que no le son lícitas a un hombre pronunciar) (2 Cor 12:1-4).

Esta idea de ascensión, la cuál es presupuesta allí, también presupone una estructura del cosmos, la cual es indicada, a grandes rasgos, en la siguiente diapositiva.

Básicamente, aquí tenemos la idea del Seol, el bajo mundo, debajo de donde vivimos; La tierra, acá se tiene el templo terrenal; Acá tiene al cielo, el segundo cielo, los cielos de las estrellas, del mar, y el tercer cielo, la morada de Dios. Y todo está dispuesto en éste tipo de orden jerárquico.

Hay un templo celestial que se corresponde con el templo terrenal. Las ventanas de ese cielo que separa el Mar Celestial de nosotros, son las ventanas a través de las cuales Dios envía sus bendiciones, y las ventanas por las cuáles directamente nos cae la lluvia.

Es una buena explicación de cómo el agua cae del cielo que está encima de nosotros y también fue una explicación, a propósito, de cómo nos golpean los meteoritos algunas veces, porque ese cielo de allá arriba está realmente hecho de roca, y alguna que otra vez, un pedazo cae completamente, y el meteorito llega a pegarnos. Todo ello tiene cierto sentido. Digo, es científico de alguna forma —ya que explica los datos observados-. Asi es como esta idea de los tres cielos subyace en la experiencia de Pablo. También está claramente relacionada con algunas otras cosas de las que sabemos: La idea de los reinos celestial, terrestre y telestial.

Hay algunas otras cosas acerca de ese pasaje de 2 Corintios 12 que quiero señalar. Pablo dice que este hombre "fue arrebatado al paraíso, y oyó palabras inefables (indecibles), las cuáles no le son lícitas a un hombre pronunciar". Hay una diferencia entre esas dos expresiones. Las palabras indecibles tienen que ver con cosas que usted literalmente no puede expresar. Éstas son cosas que no pueden ser pronunciadas — la experiencia es inefable. Pero también tenemos, aquellas palabras que no le son lícitas a un hombre pronunciar. Usted pudiera decir algo acerca de tal cosa o asunto, pero usted no lo puede hacer. No se supone que usted debiera hablar de eso. En el primer caso, porque la que experiencia mística (usando esa palabra en un sentido muy amplio) es incomunicable, y en el segundo caso, porque la experiencia podría ser expresada, pero no se debería decir.DESCARGAR ARTICULO COMPLETO 24 PAG.

 

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EL OBISPO Y SUS CONSEJEROS

EL OBISPO Y SUS CONSEJEROS

"La Iglesia no es más grande que un barrio. . . Todo lo necesario para nuestra redención, con excepción del templo, se encuentra en el barrio. Y ahora estamos teniendo templos cada vez más cercanos".

 

Anoche en la sesión del sacerdocio, el presidente Hinckley rindió tributo a nuestros obispos, los aconsejó y les dio una bendición. Según la regla de los dos testigos que nos explicó el élder Oaks ayer, yo soy un segundo testigo.

Hace algunos años serví con Emery Wight en un sumo consejo de estaca. Durante 10 años, Emery había servido como obispo del Barrio Harper, en una zona rural. Lucille, su esposa, fue nuestra presidenta de la Sociedad de Socorro de estaca.

Lucille me contó que una mañana de primavera fue a su casa un vecino que quería hablar con Emery. Ella le dijo que su esposo se encontraba arando. El vecino entonces le confió su preocupación. Más temprano esa mañana, al pasar por el campo notó que, en un surco a medio terminar, la yunta de caballos de Emery estaba inmóvil y con las riendas recogidas sobre el arado. Pero Emery no se encontraba allí. El vecino no pensó que ocurriera nada malo hasta que, más tarde, cuando volvió a pasar por el campo, vio que la yunta no se había movido de allí. Él saltó la cerca y cruzó el campo hasta donde se hallaban los caballos, pero Emery no estaba por ningún lado; entonces corrió de inmediato a hablar con Lucille.

Con mucha calma, Lucille le respondió: "Ah, no se preocupe; sin duda alguien ha tenido algún problema y vino a buscar al obispo".

La sola imagen de aquella yunta de caballos parada en medio del campo durante horas simboliza la devoción de los obispos de la Iglesia y de los consejeros que les ayudan. Bien podría decirse, en sentido figurado, que todo obispo y todo consejero deja su yunta en un surco a medio terminar cuando alguien necesita su ayuda.

A través de los años, he pasado muchas veces por ese campo. Es un recordatorio del sacrificio y del servicio de aquellos que son llamados a servir en los obispados de barrio, y también de sus esposas y familiares sin cuyo sostén no podrían servir.

Recientemente, un domingo de mañana muy temprano, estuve en aquel mismo campo. Miré hacia el hogar en el que Emery y Lucille criaron a sus hijos y hacia las colinas al fondo del mismo. Cuando era muchacho, salí de la casa del obispo Wight con otros Scouts; caminábamos hasta las montañas y Emery iba enseñándonos a cada paso de la jornada.

Pablo escribió: "Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar".1

Esas palabras, apto para enseñar, tienen un significado especial. Apto quiere decir "hábil, bien dispuesto, preparado".

No hay nada en todo el mundo que pueda compararse al oficio de obispo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Con excepción de los padres, el obispo tiene la mejor oportunidad para enseñar y disponer que se enseñen las cosas de mayor significado. El obispo tiene la extraordinaria oportunidad de enseñar a los padres en cuanto a sus responsabilidades; y entonces debe facilitarles el tiempo necesario para que ellos enseñen a sus hijos.  

El obispo es responsable de los hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico y también de las mujeres jóvenes. Es él quien recibe y da cuenta de los diezmos y de las ofrendas. Él es responsable de los asuntos temporales de la Iglesia, de visitar a los pobres, y tiene muchos otros deberes. DESCARGAR COMPLETO PARA SEGUIR LEYENDO

DISCURSO DEL EL HERMANO W. CLEON SKOUSEN EN BYU

DISCURSO DEL EL HERMANO W. CLEON SKOUSEN EN BYU

Hermanos y hermanas, al llegar al final de este hermoso día de reposo quiero expresarles mi aprecio personal por tener el privilegio de haber sido invitado a un lugar tan agradable, liemos sentido un espíritu muy dulce, y la hermosa música que se cantó, referente a una de nuestras escrituras favoritas, fue tan apropiada para el tema que espero poder tener la bendición del Señor al disertar esta noche.

Alma declaró que deseaba tener la voz de un ángel, que pudiera, sonar como una trompeta... lo que los hijos de Mosiah habían hecho para convertir a miles de lamanitas, reyes, reinas y aún miles de ellos; los trajeron al conocimiento de los nefitas.

Alma solo deseaba poder detener a los lamanitas para evitar su ataque; solo quería tener la voz de un ángel para proclamar el arrepentimiento como habían hecho sus hermanos y luego él dijo que no deseaba algo más que hacer la obra a la que había sido llamado y la guerra se desató. Fue la peor guerra en la historia de los hijos de nefi. La guerra se desató después de esa hermosa canción. Estos fueron grandes hombres.

Mientras permanecía sentado, no pude menos que pensar en la voz de otro ángel que les habló a ustedes desde este pulpito creo que fue el 19 de diciembre de 1971. Esa voz angelical apenas podía expresarse. Era difícil de entender.

Había sufrido una severa operación en, la cual casi perdió su articulación. Y él estaba tan débil en el habla que la Primera Presidencia ni siquiera quería que viniera. Pero, esa era su estaca y él no iba a perderse la dedicación de este hermoso Centro de Estaca.

Entonces él vino; aún le dolía la garganta debido al cobalto, etc. y trataba de hablar lo mejor que podía. Su corazón estaba tan mal que debió permanecer sentado toda la noche. Nadie lo hubiera notado porque él se mostró muy activo y entusiasta y se expresó en la mejor manera que pudo. No hubiera podido perderse esto .Hablando hoy con el Presidente Reeve, el Presidente Lyon y la Hna. Lyon, me contaron algunas de las hermosas cosas que ocurrieron de tras del escenario. Este hombre maravilloso pensó que había venido para decir adiós, él pensó que era el fin.

El debía someterse a una operación a corazón abierto. Casi no le quedaba voz. Cuando se le sugirió que aún podía servir al Señor como Profeta el dijo: " No, no, el hermano Lee es el próximo y vivirá por mucho tiempo. El vivirá más que nosotros, los apóstoles más ancianos".

Han pasado casi tres años desde que esa voz angélica fue llamada a hablar a todo pueblo, lengua, nación y gente como el Presidente de la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El creció en este valle. Tiene nuestro espíritu. Este valle tiene su espíritu, lo puedo sentir aquí. Ustedes tienen su espíritu; han sido para él una bendición así como él ha sido una bendición para ustedes. Esta noche quiero honrar el nombre del Presidente Kimball, por la voz, que es uno de los más efectivos penetrantes llamados al arrepentimiento que ésta generación jamás haya escuchado.

Debo sonreírles a mis estudiantes. Cada vez que él Presidente a Kimball viene a la Universidad de Brigham Young, apena pueden esperar. Quieren salir temprano de sus clases para poder estar seguros de tener un asiento, porque cada vez que él habla en la Universidad, siempre hay más gente de lo que el Marriot Center puede abarcar. Por lo tanto, todos quieren tener un asiento, en lugar de un escalón. DESCARGAR DISCURSO COMPLETO

EL ATAJO A LA PERFECCIÓN

EL ATAJO A LA PERFECCIÓN

Por cierto que somos muy buenos para decirnos unos a otros y a nosotros mismos cuán perfectos debemos ser para heredar el reino. Lo que olvidamos a menudo es explicar cómo se obtiene esa perfección. Lo cierto es que existe un pequeño secreto  “un atajo”,  y si no conocemos el secreto o el atajo a la perfección, podemos terminar agotados tras intentar ser perfectos por nosotros mismos. El gran secreto es éste: Jesucristo compartirá con nosotros Su perfección, Su pureza, Su rectitud y Sus méritos. En Su misericordia, nos ofrece el beneficio de Su perfección, en ausencia de la nuestra, para satisfacer las demandas de la justicia.

En principio, se nos considera perfectos, se nos acepta como perfectos, al ser uno con un Cristo que es perfecto. A la larga, esto hace posible que, en un futuro, lleguemos a ser perfectos en base a nuestros propios méritos, pero ese futuro es mucho después del Juicio y de que hayamos heredado el reino de Dios mediante el mérito, la misericordia y la perfección de Jesucristo. Así que la meta más importante de esta vida mortal es llegar a ser uno con Cristo por medio del convenio del evangelio y tener acceso a Su perfección por medio de esa unión, en vez de permanecer separados y desorientados mientras tratamos ( ¡en vano!) de generar nuestra propia perfección y, por consiguiente, de salvarnos a nosotros mismos.

Permítanme darles un ejemplo. Hace unos cuantos años, nuestra familia vivió en Williamsport, estado de Pensilvania. Las cosas nos iban bastante bien allí. Teníamos nuestro propio hogar en un vecindario muy agradable, y estábamos encantados con nuestros vecinos. Yo tenía un buen empleo en una universidad de la comunidad y progresaba en mi carrera. Parecíamos ser felices; teníamos la noche de hogar todas las semanas, orábamos regularmente como familia, y mi esposa y yo teníamos nuestras oraciones juntos todas las noches. Contábamos con la recomendación para el templo y asistíamos a él lo más seguido posible. Yo era miembro del obispado de nuestro barrio y Lanas, mi esposa, era la presidenta de la Sociedad de Socorro.

Ese fue un año particularmente memorable para Lanas, Además de ser presidenta de la Sociedad de Socorro, se recibió por segunda vez en la universidad (como contadora), aprobó el examen profesional, empezó a trabajar en una firma local, dio a luz a nuestro cuarto hijo (Michael)-todo eso en su tiempo libre, por supuesto. A decir verdad, Lanas, se encontraba bajo bastante presión ese año, pero, como sucede con muchos maridos, no me di cuenta de la inmensa presión bajo la cual se encontraba hasta que la situación explotó. ¡Y qué explosión!

Un buen día, las luces simplemente se apagaron. Fue como si Lanas, hubiera muerto en cuanto a las cosas espirituales; estaba exhausta. Adoptó una posición pasiva hacia la Iglesia. Cuando sus consejeras en la Sociedad de Socorro la llamaron, les dijo que podían hacer lo que quisieran y que ella había pedido ser relevada de su llamamiento. Uno de los peores aspectos de este repentino cambio fue que Lanas, no tenía interés en hablar del asunto; no estaba dispuesta a decirme lo que le pasaba.

Finalmente, una noche, después de casi dos semanas, y tras insistir en que se desahogara, obviamente enojada me dijo: "Muy bien. ¿Quieres que te diga lo que me pasa? Pues te lo diré: Ya no doy más. Ya no puedo llevar mi carga; es muy pesada. No puedo hacer todo lo que se supone que debo hacer. Ya no puedo levantarme a las cinco y media de la mañana y hornear pan, coser la ropa y ayudar a los niños con sus tareas de la escuela, además de hacer mis propias tareas y de prepararles la bolsa del almuerzo; y después limpiar y ocuparme de mis deberes en la Sociedad de Socorro, estudiar las Escrituras, trabajar en mi genealogía, colaborar con la comisión de fomento de la escuela de los niños, organizar nuestro almacenamiento de alimentos, ir a las reuniones de estaca y escribirles a los misioneros . . . " Empezó a nombrar, una por una, todas las cosas que no podía hacer o que no podía hacer a la perfección todos aquellos ladrillos que habían sido colocados sobre su espalda en nombre de la perfección hasta que terminaron por agobiarla.

"Trato de no gritarles a los niños", continuó diciendo, "pero a veces no puedo evitarlo; me enojo y empiezo a gritar. Y trato de no enojarme, pero no hay caso. Trato de no tener malos sentimientos hacia ciertas personas, pero los tengo. Sé que no tengo una actitud muy cristiana. Por más que trate de amar a todos, es inútil. No tengo el talento que tiene la hermana Fulana, y no puedo ser tan amorosa como la hermana Mengana. Steve, no soy perfecta; nunca voy a serlo, y no puedo seguir fingiendo que lo soy. Finalmente he llegado a la conclusión de que nunca alcanzaré el reino celestial, entonces, ¿para qué seguir matándome intentándolo?"

Y así fue que dio comienzo una de las noches más largas de nuestra vida de casados. Le pregunté a lanas, "¿Tienes un testimonio?", a lo cual respondió, "Por supuesto que sí  eso es lo más terrible de todo. Sé que el evangelio es verdadero, pero no puedo vivir como se espera que lo haga". Le pregunté si había cumplido con sus convenios bautismales, y me contestó, "No. He tratado y vuelto a tratar, pero no puedo guardar todos los mandamientos en todo momento". Le pregunté si había observado los convenios que había hecho en el templo, y otra vez me dijo: "Trato de hacerlo, pero por más que me esfuerce, no puedo hacer todo cuanto se me pide que haga."

Antes de proseguir, quisiera aclarar que la razón por la que hace muchos años le propuse matrimonio a Lanas, fue porque ella es la persona más extraordinaria, dulce, genuinamente amorosa y abnegada que yo jamás haya conocido. Así que, lo que me estaba diciendo, sencillamente no tenía sentido. La conversación continuó dentro de ese tono - ella enumerando todas sus faltas e imperfecciones y yo tratando de hacerle reconocer que su autopercepción era injusta y de encontrar la verdadera causa del problema. Finalmente se me ocurrió de qué se podía tratar y, a decir verdad, me sentí como un tonto. Todo un experto en el campo de la religión y ni siquiera había visto tamaña realidad ante mis ojos. Lo que por fin descubrí fue que lanas, no entendía plenamente la médula misma del evangelio -la expiación de Cristo. Conocía los requisitos pero no reconocía las buenas nuevas.

¿Quién hubiera pensado que después de todas las reuniones y lecciones, después de todos los testimonios y las noches de hogar, no había captado la esencia del evangelio?

Tenía un buen conocimiento y creía en todo, excepto en la parte más importante. lanas, estaba tratando de salvarse a sí misma; estaba tratando de hacerlo todo utilizando a Jesucristo como un mero asesor; sabía porqué podemos dar a Jesús los títulos de entrenador, alentador, asesor, maestro, hermano mayor, cabeza de la Iglesia y aún de Dios. Todo eso lo entendía, pero lo que no entendía era la razón por la que se le llama el Salvador.(Creámosle a Cristo S.E. Robinson)

¿CREEMOS EN SER SALVOS?

CÓMO EFECTUAR REUNIONES EFICACES DE PRESIDENCIA Y DE OBISPADO

Ahora quisiera ofrecer varias sugerencias con el fin de ayudar a los obispados y a las presidencias a lograr la misión de la Iglesia por medio de sus reuniones ejecutivas. Ante todo, concéntrense en las cosas que más importan. Es fácil distraerse con detalles administrativos, pero los líderes de la Iglesia serán mucho más eficaces si prestan especial atención a satisfacer las necesidades de las personas y de las familias. Concretamente, las presidencias y los obispados deben concentrarse en traer almas a Cristo por medio de las ordenanzas y los convenios del Evangelio. El presidente Boyd K. Packer declaró:

 

Les instamos a concentrarse en la misión de la Iglesia en vez de simplemente administrar las organizaciones y los programas . . . Tal vez se pregunten qué es lo que deben hacer para implementar la misión de la Iglesia en la vida de los miembros. ¿En qué cosas deben canalizar su atención y energía? . . . Tenemos el deber de llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre mediante las ordenanzas y los convenios relacionados con ellas . . . Si prestamos atención . . . a las palabras ordenanza y convenio y después elevamos la vista, seremos iluminados y sabremos cómo fijar nuestra posición y marcar nuestro rumbo . . . Una prueba buena, útil y verdadera de toda decisión importante tomada por un líder de la Iglesia es determinar si un cierto rumbo nos acerca o nos aleja de los convenios . . . Al administrar las organizaciones de la Iglesia, sería una buena idea asegurarnos de que todos los caminos lleven al templo. Es allí donde nos preparamos en todas las cosas para ser dignos de entrar en la presencia del Señor (discurso dado en el Seminario para Representantes Regionales, el 3 de abril de 1987, págs. 3-5; cursiva agregada).

 

Para lograr lo anterior, debe asegurarse de que el temario escrito de cada reunión ejecutiva, especialmente a nivel de barrio o de quórum, se centre primordialmente en la gente y no en los programas, y después ajustarse al temario. Los propósitos de la reunión deben ser claros, y ésta debe empezar y terminar en hora. El oficial presidente debe permitir que haya suficiente tiempo para referirse a las necesidades de la gente. Al considerar cada uno de los nombres que aparecen en el temario, debe pedir a sus consejeros que sugieran ideas y hagan recomendaciones con el fin de ayudar a cada persona a avanzar por medio de las ordenanzas y los convenios del Evangelio.

Tras escuchar cuidadosa y sinceramente a cada una de las recomendaciones, debe tomar una decisión o hacer una asignación que conduzca a un curso de acción específico y medible. Es importante adoptar esas decisiones por medio de la oración y es también importante que él y sus consejeros estén de acuerdo en cuanto a la acción que se adopte. Claro que no es suficiente simplemente hablar de lo que se debe hacer. También debemos hacerlo.

Por consiguiente, todas las decisiones y asignaciones se deben registrar y comunicar a aquellas personas que habrán de llevarlas a la práctica. Se le debe pedir a uno de los miembros del obispado o de la presidencia que se haga responsable de cada asignación, debiendo "volver e informar" en una fecha determinada. (El disponer de una lista de asignaciones en proceso de cumplimiento, mantenida por su secretario o secretario ejecutivo, le permitirá pedir un breve informe al llegar a la fecha concertada.) Asimismo, cuando se delega una asignación, se debe comunicar en cuanto a "qué" más que a "cómo"; o sea, a la persona que recibe la asignación se le hace responsable del resultado que tiene que lograr más bien que del método específico que vaya a usar. Esto le permite a dicha persona buscar inspiración y ejercer su ingenio, dentro de las normas y los procedimientos establecidos por la Iglesia, en el logro de la tarea que le haya sido delegada.(El Divino sistema de Consejos  M.R.Ballard)

EL PAPEL DE LA MUJER EN LOS CONSEJOS ECLESIÁSTICOS

EL PAPEL DE LA MUJER EN LOS CONSEJOS ECLESIÁSTICOS

Al considerar los numerosos consejos y comités que existen en la totalidad de la organización de la Iglesia, se advertirá que los mismos son dirigidos por el sacerdocio. Hay una buena razón para que sea de ese modo. Como lo dijo el presidente John Taylor en una ocasión, el sacerdocio es "el gobierno de Dios, tanto en la tierra como en los cielos, ya que es por ese poder, medio o principio que todas las cosas son gobernadas en la tierra y en los cielos, y es por ese poder que todas las cosas son sostenidas. Gobierna todas las cosas, dirige todas las cosas, sostiene todas las cosas y tiene que ver con todas las cosas relacionadas con Dios y con la verdad" (Millenial Star, 1 de noviembre de 1847, 321; citado en Taylor, Gospel Kingdom, 129).

A1 mismo tiempo, deben recordar todos cuantos poseen esa autoridad que "los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, y que éstos no pueden ser gobernados ni manejados sino conforme a los principios de la rectitud" (D&C 121:36).

 ¿Y cuáles son esos "principios de la rectitud" mediante los cuales uno puede gobernar por lo menosusar -" los poderes del cielo"? El Señor le enseñó a José Smith que el poder o la influencia del sacerdocio se mantiene a través de rasgos de carácter tales como "persuasión . . . longanimidad, benignidad, mansedumbre y . . . amor sincero . . . bondad y . . . conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia" (D&C 121: 41-42). Al considerar los rasgos y las características por medio de los cuales Dios da poder a Su pueblo, los hallo totalmente compatibles con los delicados atributos tradicionalmente ligados a la espiritualidad, a la benignidad, a la mansedumbre, al amor y a la bondad, tan evidentes en muchas de las mujeres de la Iglesia. También sé que hay mucha persuasión, longanimidad y conocimiento puro, así como poca hipocresía y malicia, entre las hermanas que típicamente sirven en los consejos de la Iglesia a los cuales se les asigna, tanto a nivel general como local. En un discurso dado ante Representantes Generales en 1989, el élder Marvin J. Ashton, entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: 

“Reconocemos la magnitud y las virtudes del dedicado trabajo hecho por las organizaciones auxiliares, especialmente aquellas encabezadas por las hermanas: la Primaria, las Mujeres Jóvenes y la Sociedad de Socorro. A medida que tanto

los quórumes como las organizaciones auxiliares se ven fortalecidos y empiezan a cumplir con sus responsabilidades en el logro de la misión de la Iglesia, la carga tan pesada que actualmente descansa sobre los obispos, en muchos aspectos se

verá aliviada . . . No somos ajenos a la gran contribución de las mujeres en la Iglesia. El trabajo de nuestras maravillosas hermanas es vital . . . Es de extrema importancia que los consejos y los comités de estaca y de barrio estén continuamente interesados en los asuntos que incumben a la familia, a la mujer, a la juventud y a los niños. Dichos asuntos deben ser un componente regular de los temarios de esas reuniones, y nuestras líderes deben tomar parte en las

deliberaciones. Nuestras hermanas son compañeras en el liderazgo y su contribución permite que todos los miembros reciban los beneficios de la Iglesia, así como la atención, el desarrollo y la protección que la Iglesia ofrece.

Tengan a bien no pasar por alto la gran fortaleza que proviene de nuestras hermanas” (discurso dado en el Seminario para Representantes Regionales, el 31 de marzo de 1989, 2). DESCARGAR Y SEGUIR LEYENDO

SIERVOS DEL SEÑOR

SIERVOS DEL SEÑOR

La siguiente historia, relatada por el hermano Earl StoweII, nos demuestra la importancia de la orientación familiar. Se asignó al hermano StoweII y a su compañero para que fueran los maestros orientadores de algunas familias menos activas del barrio. El hermano StoweII relata lo siguiente:

"Algunos días después... llegamos a una casa en particular. Como soy bajo de estatura, siempre he tenido que mirar para arriba cuando quiero mirar a alguien a los ojos; pero esta vez tuve que bajar la cabeza a medida que abría la puerta, pues se presentaba ante mí un hombrecito de no más de un metro y medio de estatura.

Era delgado [y entrado en años], pero su postura derecha y sus movimientos llenos de energía, evidenciaban que los años tendrían mucho que luchar para encorvar su fuerte espalda, Sus ojos, pequeños y penetrantes, estaban en extremo separados; su boca lucía como un corte derecho en la porción inferior del rostro y parecía ir de oreja a oreja; su rostro curtido se asemejaba al cuero grueso arrugado.

"Le dijimos que éramos vecinos y que éramos miembros de la Iglesia; que habíamos pasado para conocerlo. Se notaba un poco molesto cuando nos invitó a pasar a una pequeña sala, bien equipada con ceniceros... Nos contó que manejaba un camión y yo pensé que debía de ser una camioneta; pero no era así, se trataba nada menos que de un gigantesco camión volquete (basculador). iMe quedé admirado!

"Los conductores de estos camiones son generalmente hombres grandes. ¿Cómo hace para...?

"Me interrumpió diciendo: ’Tengo una llave inglesa, de 30 centímetros, bastante pesada, cerca del asiento en la cabina... Mis compañeros lo saben y eso nos hace iguales’...

"A medida que pasaban los meses, esperábamos ansiosos el día en que nos tocaba visitar a Ben. Una tarde cuando lo visitamos, se lo veía muy cansado, por lo que sólo estuvimos unos pocos minutos. Cuando íbamos saliendo, Ben nos miró y dijo: ’¿Cuándo van a comenzar a decirme las cosas que tengo que hacer, dejar de fumar, asistir a la Iglesia y todo lo demás?’.

"Le respondí: ’Ben, nosotros nos sentiríamos mucho más felices si usted ya estuviera haciendo esas cosas, pero es usted quien debe decidir lo que debe hacer con su vida. Estamos seguros que le ofenderíamos si le dijéramos lo que tiene que hacer, sabiendo que usted mismo ya lo sabe. Nosotros venimos a verlo, bueno... porque nuestra familia no está completa sin usted’. Él me estrechó la mano por unos segundos.

"Pocos días después, aquella misma semana, recibí una llamada telefónica. Era la voz de Ben. ’¿A qué hora es la reunión del sacerdocio?’ De inmediato me ofrecí para ir a buscarlo en mi automóvil y para tener compañía en mi viaje hacia la capilla.

"La respuesta: ’No, conozco el camino y nadie tiene que llevarme a donde yo sé que debo estar’.

"Cuando llegué a la capilla, él estaba parado fuera, esperando. ’Creo que es mejor que no entre hasta que deje de fumar’, murmuró. Le respondí que sería mucho más fácil dejar de fumar con la ayuda del Señor’. El dijo: ’He fumado desde que tenía ocho años y dudo que pueda dejar de fumar ahora’. Le aseguré que yo sabía que podría hacerlo.

"Muy pronto le dieron el sobrenombre de ’Pequeño Ben’ y a pesar de su escasa educación, su estatura y edad, hizo buenos amigos y pronto comenzó a tomar parte en cuanto proyecto llevaba a cabo el quórum de élderes.

"Una tarde sonó el teléfono: ’Tengo que hablar con usted’. Su voz estaba al borde de la histeria. ’Me han pedido que sea maestro orientador. No puedo hacerlo; fumo y no sé nada de nada. ¿Cómo puedo enseñarle a la gente lo que yo mismo no sé? ¿Qué voy a hacer?’

"Eso me preocupó, ya que ’Pequeño Ben’ era una persona muy especial para nosotros y no queríamos perderlo nuevamente. Comencé a orar en silencio con mucho ahínco. Respiré profundamente y luego comencé a hablar: ’Ben, ¿le dijimos nosotros alguna vez lo que tenía que hacer?’.

" ’No, ustedes sólo me demostraron que yo era importante para ustedes... y en realidad me sentí importante. Quizá ésa es la razón por la que comencé a asistir a la Iglesia’.

" ’Ben, cuando le conocimos descubrimos en usted a alguien que valía la pena cualquier sacrificio y esfuerzo. Ahora, ¿podría usted visitar a estas personas y también acordarse lo importante que ellas son? ¿Podría usted visitarlas y luego decirles que son tan importantes como para verlos de vez en cuando, y que le gustaría compartir con ellos algo que usted mismo ha encontrado?’

"Hubo varios minutos de silencio y luego dijo: ’Por seguro que lo voy a hacer’.

"Al volver del trabajo yo frecuentemente pasaba por la calle donde vivían las familias que visitaba Ben, todas eran menos activas y la mayoría tenía a uno de los padres que no era miembro de la Iglesia y no asistían a las reuniones. Una tarde vi a Ben que caminaba muy rápido llevando una sandía, la más grande que había visto aquella estación; sus manos aferraban fuertemente la sandía y daba la Impresión de que hacía un verdadero esfuerzo con cada paso que daba. Había caminado casi tres cuadras desde el mercado y, finalmente, lo vi entrar en una de las casas.

"La próxima vez que me encontré con él, le dije que lo había visto con la sandía. Bajó la cabeza y agregó: ’Lo que pasó fue que cuando iba para casa pasé frente al mercado y me puse a pensar en esos muchachos. Su padre está sin trabajo y las sandías son escasas y cuestan caras. Yo sabía que ellos no las habían probado este año; así que entré y compré la sandía más grande que encontré’.

"Algunos días después lo vi caminar vivamente en el calor de la tarde, llevando una tarjeta de cumpleaños. Él me contó más tarde: ’Hay una niñita que sólo tiene hermanos y son ellos los que tienen toda la atención, de manera que pensé que en vez de poner la carta en el correo, la llevaría personalmente, así ella también se sentiría importante. Hace algunas semanas, unos chicos le sacaron un brazo a una de sus muñecas. Nadie prestó atención al hecho y sólo la dueña de la muñeca se veía triste. Me llevé la muñeca, le arreglé el resorte que sujetaba el brazo y quedó otra vez en perfecto estado. Ahora, cuando voy a visitarla, ella se acomoda con la muñeca en el suelo y apoya su cabecita en mi pierna’. Me pareció sentir un poco de emoción en la voz de Ben mientras hablaba.

"No había pasado mucho tiempo cuando recibí una llamada telefónica llena de emoción: ’Una de las niñitas de las familias que yo visito se va a bautizar’. Era el resultado tangible de su orientación familiar y yo me alegré muchísimo."Esas familias no habían tenido contacto con la Iglesia en los últimos cinco años, fuera de los maestros orientadores y alguna visita ocasional de las maestras visitantes de la Sociedad de Socorro. Pero Ben me llamó por lo menos ocho veces en los próximos tres años, siempre emocionado, para contarme de una bendición que iba a realizarse, de un bautismo, o de algún jovencito que avanzaba en el sacerdocio. Una vez le pregunté cuál era el secreto para influenciar tan positivamente la vida de tanta gente, a lo que él me contestó: ’Simplemente hice lo que usted me dijo: No les hice saber que era mejor que ellos o lo que yo consideraba, que tenían que hacer. Les dije que el Señor en su bondad había puesto la mesa espiritual para su familia y que cuando ellos no participaba con nosotros, quedaba un espacio vacío y que así la familia no estaba completa’."Ahora, cuando visitamos a nuestras familias, siempre tenemos presente este buen ejemplo del ’Pequeño Ben’ "("Little Ben", Ensign, marzo de 1977, págs. 66-68).

PUBLICANDO LA INTIMIDAD

PUBLICANDO LA INTIMIDAD

El uso de Internet y sus múltiples recursos on line para conectar a la gente, ha hecho posible que un miembro de la familia pueda estar presente en el festejo de las fiestas navideñas, aún a miles de km, observando y escuchando los comentarios de todos, riendo y festejando a pesar de que se encuentre solo en su departamento.

Cualquier persona puede acceder a información de casi cualquier tema. Y todos pueden usar el facebook para compartir ideas, sentimientos, fanatismos, videos, fotos.

Tanto avance debería producir un aumento de la comunicación, pero paradójicamente, ésta se encuentra en ‘terapia intensiva’. La comunicación real en una familia se ve desplazada por la virtual con ex-compañeros de escuela, amigos lejanos en distancia o tiempo, gente con gustos comunes. Las confidencias entre amigas se hacen públicas y, no es nada raro, leer peleas familiares entre hermanos por situaciones no resueltas del pasado. Todos los amigos y los amigos de éstos se convierten en testigos invitados.

Los secretos que uno no se anima a compartir con un amigo personal, se exponen mediante palabras que carecen del sentido de la intención dada por la voz y los gestos.

Entre los más frecuentes, se empieza a ver que la intimidad matrimonial es compartida virtualmente sin temor a ser explícito en algunos temas aún con personas de distinto sexo. Las palabras de los profetas nos han advertido siempre del cuidado que debemos tener al respecto. Fue David O. McKay quien dijo: “No permita que la asociación con otras mujeres divida su afecto; y esto se aplica a la mujer tanto como al hombre”.1 

Muchos encuentran una justificación bastante infantil al decir que ‘necesitan contar sus problemas para recibir ayuda’, cayendo en la trampa de intercambiar información por afecto. Al revelar situaciones íntimas a alguien del sexo opuesto, que no sea nuestro obispo en una entrevista, estamos dando un mensaje confuso al interlocutor: ‘mi esposo/ esposa no me escucha, como me escuchas tu’.

Una equivocada interpretación de la palabra intimidad nos hace pensar que sólo se refiere a la intimidad física. Pero es más que eso. Está conformada por los sentimientos compartidos, los anhelos, miedos, sufrimientos y gozos. Incluye atracción física tanto como espiritual. Implica fe, confianza y comprensión, entre otras cosas que se desarrollan a medida que el matrimonio va creciendo. Cuando utilizamos la computadora para desahogarnos podemos caer en la trampa de alimentar nuestro egoísmo al exponernos como víctimas necesitadas de afecto. Nos vinculamos fácilmente contando las flaquezas de nuestro cónyuge, en algunos casos sin antes haber hecho el esfuerzo de fortalecer el vínculo matrimonial.

Esto es sumamente peligroso porque estamos compartiendo con otros sin pensar en las consecuencias. La información compartida puede ser mal interpretada, puede ser expuesta a otros que no conocemos, puede resultarnos molesta más adelante al percatarnos que abrimos nuestro corazón a la persona equivocada. Mostramos nuestra vulnerabilidad y esa información puede ser utilizada para presionarnos en nuestra debilidad. No tal vez por nuestro ocasional lector, pero Satanás también sabe leer. Por lo tanto siempre se debe mantener una distancia apropiada, tanto emocional como física entre uno mismo y los compañeros de trabajo, conocidos o amigos del sexo opuesto. 

Mantener la intimidad en el matrimonio conlleva un arduo trabajo de comunicación permitiendo que el otro nos vea tal cual somos, que entienda nuestra ‘línea de pensamiento’ (nuestros razonamientos) y nos permita compartir nuestro mundo interno confiadamente. No implica estar de acuerdo en todas las cosas, sino compartir todas las cosas. 

Respetar la intimidad matrimonial incluirá las siguientes pautas:

Equilibrar el tiempo que pasamos con nuestro cónyuge: evaluar si es suficiente, si tiene la calidad que se merece.

Evaluar si la tecnología no une o nos separa: recibir un mensaje de texto de nuestra esposa que nos dice que nos ama en medio de una atareada jornada laboral, es reconfortante. Un llamado telefónico que nos avisa que nuestro esposo llegará temprano para acompañarnos al médico es un mimo en medio de la cotidianeidad de la vida. Que la comunicación del chat sea la única comunicación, es triste.

 

Conversar sin sentir vergüenzas:

Es cuando nuestro cónyuge habla de sus miedos o debilidades no deberíamos interrumpir con comentarios sarcásticos, o menoscabar la situación. Tampoco utilizar la comparación como ejemplo de lo que hace el/la esposo/a de alguien. DESCARGAR PARA SEGUIR LEYENDO

CÓMO USAR EL CONSEJO DE BARRIO PARA BENEFICIO DE LAS PERSONAS Y LAS FAMILIAS

CÓMO USAR EL CONSEJO DE BARRIO PARA BENEFICIO DE LAS PERSONAS Y LAS FAMILIAS

Cuando los líderes de barrio emplean el inspirado sistema de consejos y concentran el esfuerzo de los quórumes y las organizaciones auxiliares en mejorar el bienestar espiritual y temporal de los miembros del barrio, suceden milagros en la vida de las familias y de las personas.

Pero esos milagros acontecen únicamente en la medida en que nosotros los hombres y las mujeres que servimos en los quórumes y en las organizaciones auxiliares de la Iglesia estemos preparados para trabajar juntos a fin de que acontezcan. Puesto que tenemos el mandato del Señor de servir a Sus hijos, quisiera ofrecer tres sugerencias específicas que, si se siguen, pueden ayudarnos a todos a desempeñarnos más eficazmente como miembros de los consejos de la Iglesia, tanto a nivel de barrio como de estaca. Primero, basémonos en los fundamentos. Asegúrense de que la doctrina sea pura. Ajústense a los cursos de estudio aprobados. Cíñanse a los manuales prescritos y estudien y mediten en cuanto a las Escrituras, tanto individualmente como en familia. En este mundo lleno de conflicto y confusión, encontraremos paz y seguridad en la verdad revelada. Una presidencia de estaca en particular llegó a ser conocida por instruir a los líderes de todas las unidades de la estaca a que usaran las Escrituras como material de enseñanza básico del Evangelio. Ellos mismos practicaban lo que predicaban, usando las Escrituras en todas las reuniones de capacitación y en las clases. Un año, al prepararse para conferencias de barrio, invitaron a los miembros mayores de cada barrio a presentar por adelantado preguntas relacionadas con el Evangelio. En la clase de Doctrina del Evangelio, llevada a cabo durante el período de Escuela Dominical de la conferencia de cada barrio, dirigieron a los miembros en un ejercicio de localización de pasajes de las Escrituras que respondían cada pregunta, demostrando así el poder de encontrar respuestas a problemas personales en la palabra revelada de Dios.

Un obispo a quien conozco estaba preocupado ante la creciente falta de reverencia en su barrio, particularmente en los momentos previos al comienzo de la reunión sacramental. Cuando un orador en una conferencia general sugirió que la reverencia podía ser un tema apropiado para llevar a la consideración de un consejo de barrio, el obispo pensó que se trataba de una excelente idea.

"No sé por qué nunca se me había ocurrido llevar este tipo de problema ante el consejo de barrio", dijo el obispo. "Al escuchar esa sugerencia se me iluminó la mente".

El obispo leyó en su ejemplar del Manual General de Instrucciones de la Iglesia que la reunión sacramental "se realiza para que los miembros tomen la Santa Cena, adoren al Señor y reciban instrucción" y que el obispado "planea la reunión y la dirige con dignidad y reverencia" (sección 2, 5).

El manual también indica que el consejo de barrio debe "considerar el progreso" y planear juntos "todos los programas y actividades" (sección 2, 4). Al pensar en cuanto a la calidad de las reuniones sacramentales de su barrio, le resultó claro que la reverencia en el centro de reuniones era un asunto que requería algo de "progreso", y que todo plan para mejorar tendría que incluir "todos los programas y actividades del barrio". Así fue que en el temario de su siguiente reunión de consejo de barrio estaba incluida la "reverencia" como un importante punto de discusión.

"Descubrí rápidamente que los demás miembros del consejo compartían mi preocupación y que tenían excelentes sugerencias para mejorar", dijo el obispo. Algunas de esas sugerencias pasaron a ser parte del esfuerzo del barrio para alcanzar un nivel más elevado de reverencia, entre ellas, la decisión de ofrecer preludios musicales interpretados por miembros del barrio (inclusive jóvenes) durante diez minutos antes del comienzo de la reunión sacramental, de que el obispado estuviera sentado en el estrado varios minutos antes de que empezara la reunión y asignar saludadores para que recordaran a los miembros la importancia de ser reverentes al entrar en la capilla.

"Me complace informar que el grado de reverencia en nuestras reuniones ha mejorado muchísimo", comentó el obispo. "La diferencia en nuestro barrio es el resultado de haber seguido el inspirado consejo de los líderes de la Iglesia y de implantar las indicaciones del manual". DESCARGAR PDF PARA SEGUIR LEYENDO

LIDERES : DOS CONSEJOS DEL ELDER BALLARD

LIDERES : DOS CONSEJOS DEL ELDER BALLARD

LA CONFIDENCIALIDAD EN LOS CONSEJOS

 

Otro importante principio rector de los consejos presidentes de la Iglesia es el de la confidencialidad. Resultaría muy difícil recalcar demasiado la importancia de mantener los asuntos tratados en los consejos dentro de la más absoluta reserva. El profeta José Smith dijo en una ocasión: "La razón por la que no se nos revelan los secretos del Señor, es porque no los guardamos sino que los divulgamos; ni siquiera guardamos nuestros propios secretos sino que ventilamos nuestros problemas ante el mundo; aun ante nuestros enemigos. ¿Cómo podríamos, entonces, guardar los secretos del Señor? Yo puedo guardar un secreto hasta el día del juicio final" (History of the Church, 4:479).

Un obispo aprendió por experiencia propia cuán destructivo puede ser que los miembros de un consejo no sean cuidadosos en salvaguardar las cosas que se tratan en las reuniones. Uno de tales miembros inadvertidamente dejó una copia del temario de la reunión del consejo en un banco de la capilla. La hoja, en la cual había hecho algunas anotaciones tocantes a una familia de cuyos problemas el consejo había estado hablando, fue encontrada por un miembro adolescente de dicha familia. No cuesta mucho imaginar el efecto que esa acción descuidada tuvo sobre la familia en cuestión.

Al enterarse de que habían sido tema de conversación entre los líderes del barrio se sintieron sumamente mortificados. A pesar de que el obispo y los demás miembros del consejo solamente estaban interesados en ayudarles, el daño causado por la falta de cuidado hizo que resultara muy difícil volver a ganarse la confianza de la familia.

Todo miembro de un consejo tiene la obligación de proteger el carácter confidencial de todos los asuntos que trata y analiza. A menudo a las presidencias y obispados se les confían asuntos de naturaleza muy reservada, y comprometen su posición de liderazgo cuando comparten irresponsablemente tal información. Un presidente de estaca fijó la norma de que los miembros del sumo consejo no debían discutir los asuntos tratados por el consejo fuera de las reuniones, ni siquiera entre ellos. Jamás existe razón alguna para que los miembros de un consejo compartan con otra persona (ni siquiera con su cónyuge) detalles de los temas tratados, particularmente aquellos relacionados con necesidades individuales o diferencias de opinión. Si nuestro objetivo es ser una bendición en la vida de la gente y no herir a nadie, debemos simplemente mantener en reserva las cosas confidenciales.

 

EL VALOR DE ESCUCHAR ATENTAMENTE

 

Los presidentes y los obispos que emplean los consejos de la Iglesia de la manera más eficaz son aquellos que dedican la mayor parte del tiempo de las reuniones a escuchar. Si usted es el oficial presidente, lo anterior no quiere decir que deba permanecer sentado sin pronunciar una palabra. Lo que significa es que tiene que escuchar atentamente lo que sus consejeros y los demás miembros del consejo dicen y sienten, y que debe hacer preguntas pertinentes y penetrantes cuando no entienda la posición de ellos. Aun cuando es cierto que la decisión y la orientación final descansa sobre la persona que ha sido llamada para presidir, no tiene objeto contar con miembros de un consejo con características, experiencias y aptitudes particulares, si no va a prestar atención a lo que tienen para decir. Haga saber a los miembros del consejo que usted valora sus sugerencias y que realmente desea que expresen sus respectivas opiniones.

Puesto que el oficial presidente es quien marca la pauta en cada reunión, está en usted asegurarse de que quienes sirven bajo su dirección sientan que su participación es bien recibida.

Por lo general, resulta provechoso escuchar otras opiniones antes de dar la suya. Demasiado a menudo, cuando un líder expresa su opinión primero, la discusión concluye prematuramente. "No tomen todos la palabra al mismo tiempo", dijo el Señor, "sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio" (D&C 88:122).

Al mismo tiempo, aquel que es llamado a integrar un consejo de la Iglesia debe recordar que su participación constituye un privilegio. Con dicho privilegio viene aparejada la responsabilidad de desempeñarse dentro de los confines de la organización, de estar preparado, de compartir, de defender vigorosamente la posición que él o ella considere correcta. Pero igualmente importante

es la responsabilidad de apoyar y sostener la decisión final del líder del consejo. M. RUSSELL BALLARD

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y COMO NOS PERCIBEN

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y COMO NOS PERCIBEN

REXBURG, IDAHO; Febrero de 2010. | Standard Journal - EE.UU | El Elder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, centró en gran parte sus observaciones sobre como la Iglesia de Jesucristo es vista por los no miembros y los medios de comunicación. Enseñó a los estudiantes acerca de como transmitir el mensaje de la fe Santo de los Últimos Días.

El Elder Ballard habló cándidamente acerca de su experiencia con los medios nacionales de comunicación, especialmente sobre sus experiencias durante la campaña presidencial del ex Gobernador de Massachusetts, Mitt Romney. Compartió sobre el reto de defender y transmitir las creencias de la Iglesia de una manera que puedan ser entendidas por las personas que no están vinculadas con la Iglesia.  

El Elder Ballard le preguntó a los estudiantes: -“¿Ustedes recuerdan al Señor Mike Huckabee, (quién también estaba en campaña para ser el candidato republicano a Presidente), que entre otras cosas dijo que los mormones creen que Jesús y el diablo eran hermanos? -¿Recuerdan aquello? Era para los medios de comunicación, El respondió a los estudiantes que sonrieron -¡Bien, ellos lo son!

“Pero los medios de comunicación y los no miembros no lo entienden, porque no tienen la restauración, el evangelio de los Santos de los Últimos Días. No entienden la relación espiritual…todos somos hijos e hijas de Dios, y Lucifer fue uno de aquellos que decidió utilizar su libertad en una manera incorrecta”.

Otra pregunta que los reporteros con frecuencia hacen, es, ¿Por qué los mormones no son cristianos?, Utilizando las escrituras hemos sido criticados por no ser una fe cristiana, por que la Iglesia no considera las doctrinas religiosas del Credo de Nicea del siglo IV. Por lo tanto, no creen en una restauración moderna.

Elder Ballard señaló: -“Les hemos explicado a los reporteros quién es Nuestro Padre Celestial, quién es Jesucristo y quien es el Espíritu Santo, como ha sido revelado a nosotros por medio de la restauración del evangelio mediante el Profeta José Smith. Siempre a molestado a los medios cuando decimos simplemente que no creemos que el Señor Jesucristo se oraba a sí mismo cuando pidió en oración por guía a Su Padre Celestial”. Otra pregunta a menudo hecha por los medios aborda el carácter secreto de la Iglesia.  

“Tenemos casi 19.000 capillas dispersas por todo el mundo, 53.000 misioneros de tiempo completo que están llevando a las personas a las capillas. No comprendo porque se diría que somos una sociedad secreta”.

Explicó  que la pregunta tiene que ver con las restricciones sobre quienes no pueden entrar a los Templos de la Iglesia –“El mundo no tiene ningún concepto de lo que es un templo, ven nuestros templos y piensan que son como una catedral y por qué no pueden ir a esa catedral, somos una sociedad secreta. Tenemos gran alegría al explicarles la finalidad del templo. El templo no es un centro de reuniones, el templo es una Casa dedicada al Señor donde sus hijos hacen convenios sagrados”.

El Elder Ballard habló de la ignorancia espiritual o la oscuridad entre muchos de los hijos de Dios. Recordó a los estudiantes –“Cuán importante es pensar que somos miembros de la Iglesia y tener un conocimiento de quiénes somos y de dónde venimos. Comprendemos que los convenios y los mandamientos que tenemos son necesarios para regresar a la presencia de Nuestro Padre Celestial. Lo comprendemos como miembros de la Iglesia. Lo mismo espero para aquellos que escriben columnas religiosas. Tenemos un gran trabajo por delante que hacer. Tenemos una enorme responsabilidad como miembros de la Iglesia, creo que vamos a tener que aprender a ser más agresivos. Creo que tenemos que aprender a ser un poco más eficaces en nuestra capacidad de compartir lo que sabemos que es verdad con el mundo”.

También habló brevemente sobre la controversia de la Proposición 8, cómo había recibido cartas de miembros cuestionando por que la Iglesia estuvo involucrada. Indicó que la respuesta fue simple.

Hablando de la Biblia, Elder Ballard dijo: -“Adán y Eva recibieron el mandamiento de multiplicar y henchir la tierra….es una experiencia maravillosa y gloriosa criar a los hijos, tenerlo y fortalecer una familia, que esté compuesta de un esposo y una esposa quienes estén casados. El matrimonio es una doctrina vital de la Iglesia y nosotros no podemos hacer nada que no esté a favor del matrimonio”.

Alentó  a los miembros a tratar el tema con amor, pero dijo que la Iglesia no puede sucumbir a abandonar el –“principio grande y maravilloso del matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Elder Ballard concluyó sus palabras al exhortar a los estudiantes a no pensar que “todo está bien en Sión”. Señaló que deben fortalecer sus testimonios de la restauración de la Iglesia: -“Tienen que estar preparados para aquello, y en términos amorosos, amables, suaves, poder defenderlo y enseñarlo. Es lo que el Señor espera de ustedes y lo que espera de mí”.

La Nueva Traducción de la Biblia por José Smith

La Nueva Traducción de la Biblia por José Smith

La restauración del evangelio en los últimos días incluyó la restauración a la Biblia de muchas verdades significativas. Efectuó la restauración de historia bíblica que se había perdido y la restauración de textos bíblicos que  habían sido cambiados u omitidos o que necesitaban aclaración. Más importante aún, incluyó la restauración de doctrina bíblica que había sido quitada, distorsionada, o simplemente mal interpretada por un mundo que no disfrutó la plenitud del evangelio.

Poco después de que se organizó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Señor instruyó a José Smith que empezara una lectura minuciosa de la Biblia para revisarla y hacerle correcciones de acuerdo con la inspiración que recibiría. El resultado fue una obra de un profundo significado para la Iglesia ya que incluye la revelación de muchas verdades importantes y la restauración de muchas de las "cosas preciosas" que Nefi, el profeta del Libro de Mormón, había predicho que serían quitadas de la Biblia (1 Nefi 13: 23-29).  La primera adición a la Biblia se escribió en junio de 1830. Durante los siguientes tres años, el Profeta hizo cambios, adiciones y correcciones según le fueron dados por inspiración divina, a la vez que cumplía con su llamamiento de preparar una traducción más correcta para la Iglesia.  En su conjunto, se les llama La Traducción de José Smith (TJS), nombre que se aplicó por primera vez en los años 1970, o La Nueva Traducción, que es la forma en que José Smith y otros de sus contemporáneos se referían a ella.  En este libro hemos usados los términos La Traducción de José Smith y La Nueva Traducción para el proceso de la traducción y para el texto de los manuscritos originales. El título Versión Inspirada (V.I.) Se refiere a la edición impresa, publicada por la Comunidad de Cristo (históricamente, la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

 

Historia

 

La primera revelación de la TJS fue la que ahora tenemos como Moisés 1 en la Perla de Gran Precio -el prefacio para el libro de Génesis y por lo tanto para todo el Antiguo Testamento- Es el comienzo de los manuscritos mas antiguos de la Nueva Traducción, nombrado OT1. Quienes sirvieron como escribientes en el OT1 fueron los siguientes:   

Oliverio Cowdery   Génesis 1: 1 a 4: 18;  V.I. Génesis 1: 1 a 5: 28;  Moisés 1: 1 a 5: 43

John Whitmer   Génesis 4: 18 a 5: 11; V.I. Génesis 5: 29 a 6: 16; Moisés 5: 43 a 6: 18

Emma Smith Génesis 5: 12-21; V.I. Génesis 6: 17-53; Moisés 6: 19-52

John Whitmer   V.I. Génesis 6: 53 a 7: 1; Moisés 6: 52 a 7: 1

Sidney Rigdon   Génesis 5: 22 a 24: 41; V.I. Génesis 7: 2 a 24: 42; Moisés 7:2 a 8:30  

Al dictar el texto de La Nueva Traducción a estos escribas, el Profeta avanzó hasta Génesis 24: 41 (V. I. Génesis 24: 42), que es cuando dejó Génesis para empezar a traducir el Nuevo Testamento según se lo instruyó el Señor el 7 de marzo de 1831 (ver DyC 45: 60-62) Descargar articulo completo 

EL MATRIMONIO DE JESUCRISTO

EL MATRIMONIO DE JESUCRISTO

“¿Jesucristo se casó?” este ha sido un asunto que se levanta en contra de las opiniones populares de hoy. Las tradiciones han formulado una opinión, popular como el Cristianismo moderno, que Jesús nunca se casó. Los que objetan su matrimonio dicen que él no estuvo sujeto  a las mismas leyes, ordenanzas y principios que han sido impuestas sobre la raza humana.

Los que se oponen a su matrimonio dicen que es pecaminoso en su naturaleza, que son prácticas sensuales y que la unión de los sexos es una cosa mala. Por lo tanto el consenso popular prohíbe a Jesús cumplir con esta ley del matrimonio. El Cristianismo hoy día enseña a un Cristo célibe.

Las razones para creer en el matrimonio de Jesús, más que en que fue célibe, son más lógicas y válida a la luz de la profecía, la historia y la revelación. Sin embargo aquellos que aseguran que Jesús se casó, verán surgir el clamor “blasfemia” como tributo  de un Cristianismo moderno.

A pesar de las opiniones populares y la piadosa modestia de nuestra sociedad, una cuidadosa investigación puede darnos puntos interesantes, si no ventajoso en la búsqueda de la contestación a este relevante tema.   Descargar 46 paginas de articulo completo