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LA VERDAD RESTAURADA

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¿MANIFESTACION O CONFIRMACION?

¿MANIFESTACION O CONFIRMACION?

Dios no otorga manifestaciones espirituales para satisfacer al curioso. Wilford Woodruff relató la ocasión en que un miembro del Consejo de los Doce le dijo: "He orado por mucho tiempo para que el Señor me envíe la ministración de un ángel. Lo he deseado con mucha fuerza, pero mis oraciones no han sido contestadas." El El-der Woodruff, que había contenido muchas experiencias de esa clase, comentó que si ese hombre "orara por mil años, pidiéndole ese don al Dios de Israel, nunca te sería concedido, a menos que el Señor tuviera un motivo para enviarle un ángel. Le dije que el Se-ñor nunca ha enviado ni enviará un ángel sólo para cumplir el de-seo que alguien tiene de ver un ángel". Seguramente la labor de los ángeles es más importante que el satisfacer la curiosidad ociosa; ni visitan a los que son espiritualmente pobres. Wilford Woodruff explicó que ‘si el Señor le envía un ángel a alguien’, es para efectuar una obra que no se puede realizar de otra manera". (Deseret Weekly, noviembre 7 de 1896.)

José F. Smith dijo: "Mostradme Santos de los Ultimos Días que tienen que nutrirse con milagros, seriales y visiones a fin de conservarse firmes en la Iglesia, y os mostraré miembros de la Iglesia que, no son rectos ante Dios y que andan por caminos resbaladizos. No es por manifestaciones Milagrosas que seremos establecidos en la verdad, sino mediante la humildad y la fiel obediencia a los mandamientos y leyes de Dios." (Doctrina del Evangelio, p. 7.)

Las experiencias espirituales vienen a aquellos que han ganado el derecho de recibirlas. La mayordomía de tesoros sagrados se concede solamente a los siervos de confianza. Por medio de la revelación se nos recuerda que "lo que viene de arriba es sagrado, y debe expresarse con cuidado, y por constreñimiento del Espíritu". (D. y C. 63:64.) Con toda seguridad se aplica la misma norma para que se puedan conceder tales cosas. Fue el Maestro mismo quien aconsejó: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas decante de los cerdos..." (Mateo 7:6.) Alma expresó muy adecuadamente este principio en las siguientes palabras: "A muchos les es concedido conocer los misterios de Dios; sin embargo, se les impone un mandamiento estricto de que no han de impartir sino de acuerdo con aquella porción de su palabra que El concede a los hijos de los hombres, conforme al cuidado y diligencia que le rinden' (Alma 12:9.)

Cristo se apareció a muchos después de su resurrección. Pablo nos indica que se apareció "a más de quinientos hermanos a la vez". (1 Corintios 15:6.) Es interesante notar que entre ellos no había ningún incrédulo. Moroni nos explica que "fue por la fe que Cristo se manifestó a nuestros padres, después que El hubo resucitado de los muertos; y no se manifestó a ellos sino hasta después que tuvieron fe en El; por consiguiente, fue indispensable que algunos tuvieran fe en El, puesto que no se mostró al mundo". Eter 12:7.) Muchas veces podemos aprender de lo que Cristo no hizo, tanto como de lo que hizo. Lo que no hizo fue volver a la corte Ju-día, donde se había armado el debate sobre sus obras y testimonio. No volvió a Caifás, a Pilato, a Herodes, a !os escribas, los saduceos, o los fariseos, para manifestarse y probarles que había dicho la verdad. La conversión y la fe no se originan en esas experiencias, y el Dios del cielo no complace a los malvados de esa mane-ra. Lo que hizo el Señor fue volver a los que habían creído, cumpliendo la promesa de que las señales seguirían a sus buenas obras. Es "la generación mala y adúltera", declaró Cristo, la que "demanda señal". (Mateo 16:4.) José Smith afirmó que por medio de revelación se le hizo saber que esas palabras del Salvador debían interpretarse literalmente: cuando alguien viene pidiendo una señal, podemos saber con certeza que ha participado del espíritu de lujuria y es culpable de adulterio. Para ilustrar el punto, José Smith habló de una reunión en la que estaba predicando, y un hombre lo interrumpió demandando una señal. Señalándolo, el Profeta dijo: "Ese hombre es adúltero." Otro hombre de la congregación alzó la voz y dijo "Es cierto, porque yo lo sorprendí en e! hecho." Más tarde, el hombre se arrepintió, confesó su pecado y fue bautizado en la Iglesia. (H C 5:268.)

George A. Smith, uno de los primeros líderes de la Iglesia, y Consejero le Brigham Young, contó el interesante relato que se da a continuación:

"Cuando se acababa de fundar la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, veíamos a personas que se levantaban y decían: '¿Qué señal nos muestran para que podamos creer?' Recuerdo a un predicador Campbellita que vino a ver a José Smith; creo que se apellidaba Hayden. Llegó y se presentó con José, y dijo que había recorrido una distancia considerable para convencerse de la verdad. 'Sr. Smith, le dijo, 'quiero saber la verdad, y una vez convencido, dedicaré mis talentos y mi tiempo a defender y predicar la doctrina de su religión, y quiero que sepa que al convencerme yo, se convencerá mi congregación, que suma unas setecientas personas.' José empezó a hablarle del surgimiento de la Iglesia, y de los primeros principios del evangelio, pero el Sr. Hayden exclamó: 'No, ésa no es la evidencia que yo quiero; lo que deseo es un milagro; quiero ver una manifestación del poder de Dios, un milagro; y si usted puede hacerlo, entonces creeré con toda mi alma y mi corazón, y ejerceré toda mi influencia y poder para convencer a otros; pero si no hace un milagro, me convertiré en su peor enemigo: 'Bien', dijo José, '¿qué quiere que haga; que lo vuelva ciego, o sordo; que lo convierta en un paralítico, o con una mano seca? Escoja lo que quiere, y se hará en el nombre del Señor Jesucristo: 'No es ésa la clase de milagro que yo quiero', dijo el predicador. 'Entonces, señor', replicó José, 'no voy a hacer ninguno; no voy a dañar a nadie para convencerlo a usted. Pero le diré a quién me recuerda: a la primera persona que le pidió una señal al Salvador, pues en el Nuevo Testamento está escrito que Satanás vino al Salvador en el desierto, después que El había ayunado cuarenta días y tenía hambre, y le dijo: 'Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan: Y los hijos del diablo y sus siervos han estado pidiendo señales desde entonces; y cuando en aquel tiempo la gente le pedía señales para probar la verdad del evangelio que predicaba, el Salvador respondía: 'La generación mala y adúltera demanda señal...' " (George A.Smith, J D. 2: 326, 327.)

CÓMO EVITAR Y RESISTIR LA OSCURIDAD

CÓMO EVITAR Y RESISTIR LA OSCURIDAD

De la misma manera en que ciertas influencias llenan su vida de luz, otras traen oscuridad. Con gran frecuencia esa oscuridad llega poco a poco, casi en forma imperceptible si no se está atento. La pornografía puede resultar devastadora. Si participa de ella se le privará de la compañía del Espíritu Santo. La pornografía

le oscurecerá la mente; debilitará su matrimonio y su vida familiar y puede terminar por destruirlos. Los que participan de la pornografía pronto se sienten aislados, indignos e inaceptables para Dios, para sí mismos y para otras personas; se vuelven egocéntricos y disminuye su capacidad de disfrutar de actividades sanas y edificantes con otras personas.

Además malgastan tiempo y dinero valiosos, arriesgan su condición de miembros dignos de la Iglesia y reducen su capacidad de prestar servicio.

Aunque no sean explícitamente pornográficos, ciertos materiales pueden inundar su vida de oscuridad y privarlo de fortaleza espiritual. Con frecuencia algunos programas de televisión, imágenes, películas, canciones y libros se refieren a la falta de castidad y al adulterio como algo corriente, atractivo y gracioso. Evite todo lo que lo aleje del Espíritu Santo.

Las actividades sanas contribuirán a que usted y su familia estrechen más su relación y a que se acerquen más al Señor. Limite el tiempo que dedica a mirar televisión, a jugar videojuegos y a utilizar computadoras con fines recreativos. Fije metas que delimiten su participación en esas actividades; por ejemplo, restrinja el empleo de internet sólo a determinados propósitos.

Al establecer lo que es correcto incluir en su vida, pregúntese lo siguiente:

• ¿Invita al Espíritu Santo?

• ¿Contribuye a edificarme o a elevarme?

• ¿Está de acuerdo con las normas del Evangelio? (Consulte el artículo de fe número trece.)

• ¿Le otorga a la castidad, a la fidelidad y a la familia el lugar que se merecen?

Los que promueven la pornografía son muy determinados en su búsqueda de nuevos clientes, en especial en internet. Con frecuencia utilizan el engaño para ello, por lo tanto, quizás se encuentre con material pornográfico sin siquiera desearlo. Si esto sucede, apártese de él de inmediato. Resista esta oscuridad; no permita que se vuelva parte de su vida. No se detenga a pensar en ella. Usted tiene la capacidad de controlar sus pensamientos y de dirigirlos en otra dirección. 

El Concilio de Los Cielos

El Concilio de Los Cielos

El 3 de octubre de 1918, pocos meses después de la muerte de Hyrum, el presidente Smith se hallaba sentado en su habitación "meditando sobre las escrituras" (D&C 138:1 ) cuando recibió una maravillosa visión. El presidente Smith tuvo la singular oportunidad de mirar más allá del velo y de ver algo de lo que aconteció en el mundo de los espíritus antes de esta vida, así como lo que va a suceder en la existencia que nos aguarda en el más allá.

Lo que él aprendió durante esa experiencia tan singular fue extraordinario. Por ejemplo, llegó a entender este importante concepto en cuanto a los primeros líderes de la Iglesia tales como su padre y su tío, Hyrum y José Smith, así como Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff y otros: "Aun antes de nacer, ellos, con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres" (D&C 138:56).

Una de las lecciones principales que nuestro Padre Celestial nos enseñó en ese "mundo de los espíritus" fue la relacionada con la importante función de los consejos y de aconsejarnos mutuamente en el contexto del gobierno del Evangelio. Desde el principio mismo, Dios llevó a cabo Su obra por medio de un sistema de consejos.

El primer consejo del que tenemos referencia ocurrió antes de que fuera creado el mundo en el cual vivimos, y se verificó en un lugar en el que todos nosotros hemos estado pero que no podemos recordar. Dios, nuestro Padre Celestial, fue la autoridad presidente en esa reunión tan significativa. A Su lado estaba Su primogénito, Jehová, a quien ahora conocemos como Jesucristo.

No sabemos exactamente cómo fue dirigido este Concilio de los Cielos, ni el proceso que se siguió. Aun cuando nos referimos al Concilio de los Cielos como un consejo único, es posible que se hayan efectuado varias reuniones en las que se enseñó el Evangelio, se preordenó a profetas y a otros, y se hicieron asignaciones a varias personas.

Claro que no tenemos conocimiento de todo cuanto aconteció durante ese consejo premortal, pero si nos basamos en lo que sí conocemos, la manera en que nuestro Padre Celestial administró el Concilio de los Cielos ilustra detalladamente varios principios clave en cuanto a la forma de tomar decisiones por medio de los consejos.

EL LÍDER EFICIENTE TIENE VISIÓN

Ante todo, como líder del consejo, Dios se presentó con un plan. A pesar de que es cierto que nuestros consejos terrenales se pueden usar eficazmente para trazar planes de acción, también es verdad que el líder debe presentarse ante el consejo con, por lo menos, una cierta visión.

No es necesario que esa visión ofrezca cada detalle de lo que queremos hacer. Pero si el consejo ha de adoptar decisiones relevantes, el líder tiene que saber en qué dirección tenemos que encaminarnos y qué es lo que queremos que suceda. Sin ese liderazgo y sin esa visión clara, ¿cómo sabrá el consejo si se ha tomado o no una decisión apropiada?

Cuando un líder en la Iglesia inspira a los miembros de un consejo con visión, les ayuda a concentrarse en su verdadera misión a fin de que ayuden a la gente en vez de limitarse a administrar programas.

EL LÍDER EFICIENTE ESTIMULA A LA LIBRE EXPRESIÓN

Segundo, el Concilio de los Cielos permitió que se presentaran diferentes planes. Lo que Satanás propuso a los allí reunidos era muy diferente del plan de nuestro Padre Celestial. Obviamente los argumentos esgrimidos por Satanás fueron persuasivos ya que muchos de nuestros hermanos y hermanas en el espíritu escogieron seguirle. Del mismo modo, nuestros consejos deben siempre dedicar tiempo a tratar y a considerar diferentes puntos de vista. No siempre estaremos de acuerdo con lo que digan otras personas, pero todos nos beneficiaremos con la oportunidad de expresar nuestro parecer y de considerar opiniones o enfoques sobre un determinado problema, que tal vez sean diferentes del nuestro.

EL LÍDER EFICIENTE DA INSTRUCCIONES CLARAS Y PRECISAS

Extendido el llamamiento a una nueva presidenta de la Primaria, quien estaba en ese momento considerando los nombres de sus posibles consejeras.

El presidente de la estaca quedó atónito. "Yo no quería que se relevara a la presidenta de la Primaria", dijo. "¡Simplemente consideré que era un buen momento para cambiar a sus consejeras y tal vez a algunas otras hermanas miembros de la mesa directiva! ".

Si tan sólo se hubiese comunicado claramente con su consejero, ese buen presidente de estaca habría evitado una situación extraordinariamente incómoda. Lo que es más, el segundo consejero tendría que haber aclarado su asignación ante su líder en vez de sacar conclusiones propias de lo que debía hacer en ese caso. Por lo menos en ese asunto, la comunicación entre los miembros de esa presidencia de estaca dejó bastante que desear.

EL LÍDER EFICIENTE TRABAJA EN ETAPAS

El relato de la Creación ofrece importantes lecciones a quienes sirven en obispados y en otros consejos de presidencia. A oficiales tales como presidentes y obispos, la Creación bosqueja tres elementos de liderazgo a ser logrados por medio de un consejo. Primero, adviértase cómo nuestro Padre Celestial dio instrucciones claras y precisas. Envió a Sus representantes escogidos con una expectativa bien definida y después les permitió escoger la mejor manera de encargarse de los detalles.

La segunda lección en liderazgo que la Creación enseña a presidentes, obispos, líderes de grupo y padres, tiene que ver con la naturaleza detallada de las instrucciones dadas por Dios. Él no dijo a los miembros de Su consejo: "Id y cread un mundo". Aun cuando tenía una visión completa de lo que quería que se lograra, llevó a Su consejo por el proceso paso a paso, dándole amplia oportunidad de informar, de asesorarse y de poner en práctica las instrucciones recibidas.

EL LÍDER EFICIENTE DELEGA

La tercera lección que presidentes, obispos, líderes de grupo y padres pueden aprender del consejo de la Creación es que nuestro Padre Celestial no hizo todo Él solo aun cuando bien habría podido hacerlo. En su condición de Dios, tenía toda la autoridad y el poder necesarios para crear el mundo, y sin duda Él era quien tenía la visión completa del proyecto. Pese a ello, decidió delegar responsabilidades, pidiendo informes regulares para asegurarse de que todo se estaba haciendo debidamente.

El Poder del AMOR al Disciplinar

El Poder del AMOR al Disciplinar

El amor en todas sus formas, incluyendo la disciplina, puede ser una gran bendición para los hijos. Ellos deben aprender obediencia de su familia. Deben aprender los principios del corazón a través del ejemplo de los miembros de su familia. Si así lo hacen, asimilarán futuras lecciones del Señor y disfrutarán mucho más de la vida. Sí, el amor que emana de la disciplina administrada con cariño trae consigo el Espíritu del Señor.

 

PRINCIPIOS QUE GOBIERNAN LA DISCIPLINA

 

Con el transcurso de los años he aprendido varios principios sobre la disciplina que han hecho mucho más fácil el volver a nuestros hijos al Señor:

1. No discipline cuando esté enfadado o fuera de control. Espere hasta un poco más tarde.

2. Después de disciplinar, asegúrese de mostrar un mayor amor (véase D&C 121:43).

3. Ame, ame y ame a todos, pero especialmente a aquéllos que parecen merecerlo menos.

4. Al disciplinar, aplique consecuencias lógicas (consecuencias que tengan alguna relación con el pecado cometido). En muchas ocasiones, el dejar que los hijos hagan frente a las consecuencias naturales de sus propios actos es la mejor disciplina posible, siempre y cuando no les vaya a ocasionar daño alguno.

5. Cuando discipline, asegúrese de no apresurarse a apaciguar las cosas. A veces, después de que los padres han aplicado la disciplina, intentan acercarse cariñosamente y mostrar amor por sus hijos demasiado pronto. Existe un tiempo determinado para mostrar mayor amor. Si se hace demasiado pronto y los padres intentan arreglar la situación en vez de permitir que el hijo acuda a ellos, éste puede mal interpretar este afecto como una debilidad de la decisión de los padres. No intente enmendar una relación temporalmente exasperada hasta que sea el momento apropiado.

6. No sea demasiado misericordioso con el transgresor cuando haya quebrantado una ley. Su amor debe ser mayor que eso. No debemos permitir que el Señor se ofenda por nuestra falta de resolución para ayudar a nuestros hijos a seguir un principio correcto.

7. Ame a sus hijos lo suficiente como para hacer que hagan frente a las consecuencias de su propio comportamiento. No les proteja de los resultados.

8. Planee con antelación, antes del acaloramiento del momento, las consecuencias que tendrán que pagar por romper las reglas familiares. Asegúrese de que se entienden con claridad, y entonces los hijos tenderán a disciplinarse a sí mismos.

9. Cuando administre disciplina, no dé justificaciones ni explicaciones para la misma. Si lo hace, terminará mermando su eficacia.

10. Aprecie y ame físicamente a sus hijos. El contacto físico rompe numerosas barreras. Béselos y abrácelos.

11. Reconozca, alabe y felicite toda buena actuación. Felicite a sus hijos por el valor intrínseco de lo que hayan hecho y no porque usted persiga alguna razón manipuladora por su parte ("Me complace lo que has hecho").

Al observar cómo los padres disciplinan a sus hijos, con frecuencia suelen seguir dos pautas diferentes. A mi juicio, uno es correcto y el otro no.

 

PRINCIPIOS INCORRECTOS DE DISCIPLINA

 

1. A veces las conversaciones de los padres con sus hijos se centran únicamente en el problema y no en cómo se sienten los hijos con respecto al problema. Los padres dan consejo, crítica, condenación, etcétera, y los hijos tienden a rebelarse, a contraatacar y a negarse a hablar, por lo que no se soluciona nada.

2. Después de una conversación, los padres imponen la disciplina a sus hijos. Debido a que esta disciplina es externa para los hijos, éstos vuelven a rebelarse, sienten rencor y terminan por rechazarla. Aunque aparentemente aceptan los deseos de sus padres, conservan estas tendencias internas que con el tiempo acaban por salir a la superficie.

3. Los padres se sienten mejor porque han descargado sus sentimientos, pero los hijos continuarán haciendo lo malo más adelante ya que no han aprendido nada, excepto a evitar a los padres que les disciplinan. Además, ya no se llevan tan bien con sus padres, por lo que la relación decrece o se destruye. Quizás lo más importante es que el problema que tenía que corregirse continúa igual y se volverá a repetir.

4. A causa de la naturaleza de la disciplina, las cosas no permanecen en un estado neutral. O bien los hijos aceptan el consejo, cambian, se humillan y se arrepienten, o bien rechazan el consejo, por lo que la disciplina administrada les perjudica a ellos mismos y a su relación con los demás.

Los padres no pueden seguir dando este tipo de disciplina sin que tenga resultados perjudiciales, los cuales terminarán ocasionando la destrucción de sus hijos o de su relación con ellos.

 

El Ayuno y el Porque.

El Ayuno y el Porque.

 Durante su ministerio terrenal nuestro Señor llamó a los Doce a su lado y "les dio autoridad sobre los espíritus inmundos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia".1 Un día, estando El ausente, los discípulos se hallaron imposibilitados para cumplir esta comisión divina. "Reprendió Jesús al demonio"- y la gente se maravilló del poder de Dios manifestado en el milagro. Después de volver a casa los discípulos le preguntaron a Jesús: "¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?" La respuesta fue: "Por vuestra poca fe"; y explicando un poco más la razón, el Señor agregó: "Pero este género no sale sino con oración y ayuno."3 Esto nos enseña que los resultados gradúan según la fuerza dé la fe, y que el ayuno, junto con la oración, ayudan al desarrollo de la fe con su consiguiente influencia benéfica. El Salvador previamente había dado instrucciones relacionadas con el ayuno.4 Ayunar significa "abstenerse de comer o beber",5 y como lo interpreta la Iglesia, ayunar significa abstenerse por completo de "comer o beber".6

 

El por que del ayuno

 

 El ayuno es una responsabilidad que se impone a los miembros de la Iglesia. "Os doy el mandamiento de perseverar en la oración y el ayuno, desde ahora en adelante."7 Las Escrituras expresan varias razones por qué se debe ayunar, algunas de las cuales son:

1. Se considera como una forma de adoración verdadera. El pueblo de Nefi se regocijó por causa de la bondad de Dios hacia ellos. "Por tanto, dieron gracias al Señor su Dios; sí, ayunaron y oraron mucho, y adoraron a Dios con un gozo inmensamente grande."8 Hay muchas otras referencias que mencionan el ayuno como forma de adoración.9

2. Es propio ayunar cuando se ruega a favor de los enfermos. Hallándose-afligido uno de sus hijos, "David rogó a Dios por el niño; y ayunó David".10

3. Es propio ayunar por un sinnúmero de bendiciones especiales que se desean recibir de la mano de Dios. En la época de Alma el pueblo ayunó y oró por la bendición especial de que el joven Alma, hijo de su amado director, pudiera renacer del espíritu: "Empezaron a ayunar y a rogar al Señor su Dios que abriera la boca de Alma ... a fin de que los ojos del pueblo fueran abiertos para ver y conocer la bondad y gloria de Dios."11

4. Una de las funciones importantes del ayuno consiste en utilizar su ayuda para obtener un testimonio. "Os testifico que yo sé que estas cosas de que he hablado son verdaderas ... el Santo Espíritu de Dios me las ha hecho saber. He aquí, he ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo."12

5. El ayuno para obtener un testimonio se relaciona estrechamente con el ayuno para recibir el espíritu de revelación. Moisés ayunó cuando iba a recibir Jos mandamientos: "Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con nosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua."13 Con referencia a los notables misioneros, Alma y los hijos de Mosíah, se dice que "habían orado y ayunado mucho; por tanto tenían el espíritu de profecía y el de revelación".14

6. Es propio ayunar para poder llegar a ser mejores instrumentos en las manos de Dios para la conversión a la verdad de los que no son miembros: "Ayunaron y oraron mucho para que el Señor concediera . . . que pudieran ser instrumentos en las manos de Dios para llevar a sus hermanos, los lamanitas, si posible fuese, al conocimiento de la verdad."15

7. El ayuno es para buscar orientación en la administración de la Iglesia y en la elección de los que han de dirigirla. Después de ayunar, el Espíritu Santo se manifestó en estos asuntos en la época de Pablo: "Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron."16

8. Los pueblos del Libro de Mormón ayunaban y oraban en sus pesares durante su tribulación y justas angustias. Después de haber sufrido muchas bajas en una batalla, leemos que "ciertamente fue un día tristísimo; así como un tiempo de solemnidad, y de mucho ayuno y oración".17

9. El ayuno es uno de los medios por el cual se puede desarrollar la humildad, esa virtud tan necesaria para poder ser santificada una persona. Este resultado sumamente importante del ayuno correcto es razón suficiente para ayunar, aun cuando no hubiera ningún otro beneficio. "No obstante, ayunaban y oraban frecuentemente, y se volvieron más y más. fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de alegría y consolación; sí, hasta purificar y santifi-car sus corazones; santificación que viene por entregar a Dios el corazón."18  

La expresión "entregar a Dios el corazón" nos parece particularmente congruente con referencia a la adoración por medio del ayuno. Impulsa la humildad y la contrición del alma, y por ese medio podemos confiar en recibir la gracia divina. Es una manera sencilla de sujetar el cuerpo al espíritu para poder tener comunión con el Espíritu Santo y su consiguiente fuerza espiritual. Nos parece propio citar, del relativamente desconocido cronista, Amálela, sus razones para ayunar: "Quisiera que vinieseis a Cristo, el Santo de Israel para participar de su salvación y del poder de su redención, sí, venid a El y ofrecedle vuestras almas enteras como ofrenda; continuad ayunando, orando y perseverando hasta el fin; y vive el Señor, que seréis salvos."19 

1) Mat. 10:1. 2) Mat., 17:18. 3) Mat., 17:19-21. 4) Mat., 6:16-18. 5) Diccionario de la Lengua Castellana. 6) Mat. 11:18; Hech. 9:9; Deut. 9:9. 7) Doc. y Con. 88:76. 8) Alma 45:1. 9) Doc. y Con. 59:13,14; Luc. 2:37. 1O) 2 Sam. 12:16. 11) Mosíah 27:22-24. 12) Alma 5:45, 46. 13) Deut. 9:9. 14) Alma 17:3. 15) Alma., 17:9. 16) Hech. 13:2, 3. 17) Alma 29:6. 18) Helamán3:35. 19) Omni 26.

 

 

Escrituras LDS para Iphone

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Con Tu Rostro Puesto en El Hijo

Con Tu Rostro Puesto en El Hijo

Tras mi relevo de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes en abril de 1986, tuve la oportunidad de disfrutar de una semana en Israel. Aquellos dos años habían sido muy difíciles y habían exigido mucho de mí. El ser una buena madre, junto con la gran cantidad de tiempo que se necesita para tener éxito en dicha tarea, había sido mi prioridad principal, por lo que intenté ser madre de jornada completa para un niño de primaria, una chica de secundaria y para un hijo que se estaba preparando para servir una misión. Intenté también ser una esposa de jornada completa para un atareado rector de universidad. También me había esforzado por ser una buena consejera de jornada completa en la Presidencia General, tanto como me lo permitían los ochenta kilómetros de distancia que me separaban del despacho. Pero en un momento tan importante de formación de principios y de comienzo de programas, me preocupaba el no estar haciendo lo suficiente, por lo que intenté correr un poco más rápido.

Hacia el final de mis dos años de servicio, mi salud se estaba resquebrajando. Perdía peso de forma regular y no podía dormir bien. Mi esposo y mis hijos intentaban ayudarme a la par que yo intentaba ayudarles a ellos, por lo que todos estábamos exhaustos. Aun así continuaba preguntándome qué más podía hacer para mejorarlo todo. Las Autoridades Generales, con su compasión habitual, me extendieron un cariñoso relevo al final de mis dos años. A pesar de lo agradecidos que yo y mi familia estábamos por el relevo, tuve un cierto sentimiento de pérdida de asociación y, debo confesar, de identidad para con aquellas mujeres a las que tanto había llegado a querer. ¿Quién era yo, y dónde me encontraba en medio de esta marabunta de exigencias? ¿Iba la vida a ser así de difícil? ¿Cuán exitosa había sido en mis varios y competitivos llamamientos? ¿O no los había magnificado? Los días posteriores a mi relevo fueron tan difíciles como las semanas previas. No había reserva alguna en la que apoyarme, tenía el tanque vacío y no estaba segura de que hubiera una estación de servicio a la vista.

Unas semanas más tarde, mi esposo recibió la asignación de viajar a Jerusalén y las Autoridades Generales que le acompañaban le pidieron que yo fuese con él. "Ve conmigo", me dijo. "Puedes recuperarte en la tierra del Salvador, una tierra de aguas vivas y de pan de vida". Con lo cansada que estaba hice las maletas creyendo, o al menos teniendo la esperanza, de que mi estancia allí me proveería un respiro de alivio.

Un día luminosamente claro y hermosamente brillante me hallaba sentada contemplando el mar de Galilea y releyendo el décimo capítulo de Lucas. Pero, en vez de las palabras de la página me pareció ver en mi mente y oír en mi corazón lo siguiente: "[Pat, Pat, Pat,] afanada y turbada estás con muchas cosas". Y el poder de la revelación personal me envolvió mientras leía: "Pero sólo una cosa [sólo una cosa] es necesaria" (Lucas 10:40-41).

El sol brilla tanto en Israel en el mes de mayo que a una le parece estar sentada en la cima del mundo. Acababa de visitar el lugar llamado Bet-horón, donde el sol "se detuvo" para Josué (véase Josué 10:11-12) y, de hecho, me pareció que me había pasado lo mismo a mí. Al sentarme y meditar en mis problemas, sentí los rayos del sol purificándome como un bálsamo templado que se derramaba en mi corazón, relajando, calmando y consolando mi alma atribulada.

Nuestro amoroso Padre Celestial parecía estar susurrándome: "No tienes que preocuparte por tantas cosas. La cosa necesaria, la única cosa realmente necesaria es mantener tus ojos puestos en el sol, mi Hijo". De repente tuve paz. Sabía que mi vida había estado siempre en Sus manos, desde el principio mismo. El mar que permanecía en paz ante mis ojos había sido un mar tempestuoso y peligroso en muchas, muchas ocasiones. Todo lo que necesitaba hacer era renovar mi fe, aterrarme fuertemente a Su mano y caminar juntos sobre las aguas.

Me gustaría proponer una pregunta para que cada una de nosotras meditara en ella. ¿Cómo es que, como mujeres, damos ese salto que nos lleva de estar preocupadas y consternadas, aun el preocuparnos por cosas realmente serias, a ser mujeres de gran fe? Un aspecto parece negar al otro. La fe y el temor no pueden coexistir. Consideremos algunas de las cosas que nos preocupan. He servido como presidenta de la Sociedad de Socorro en cuatro barrios diferentes. Dos de ellos eran de solteros y los otros dos eran barrios tradicionales con muchas madres jóvenes. Al sentarme en consejo con mis hermanas solteras, mi corazón se consternaba cuando me describían sus sentimientos de soledad y desengaño. Sentían que sus vidas no tenían significado ni propósito alguno en una iglesia que, de manera correcta, hace tanto hincapié en el matrimonio y la vida familiar. Lo más doloroso de todo era la sugerencia ocasional de que su estado de soltería era culpa de ellas mismas, o peor aún, la consecuencia de un deseo egoísta. Buscaban con desesperación la paz, el sentido, algo de valor real a lo que poder dedicar sus vidas. Descargar para leer completo

Los Muchos Rostros de Eva

Los Muchos Rostros de Eva

Antes de que como hijas de Eva lleguemos a florecer plenamente en nuestra feminidad, cada una de nosotras luce una variedad de rostros en los diferentes papeles que representamos en el teatro de la vida: hijas, madres, hermanas, esposas, vecinas y amigas, para nombrar unos pocos. Nuestros rostros denotan caridad, envidia, paciencia, ansiedad, orgullo, humildad, generosidad, codicia, paz y perplejidad. Estos retratos reflejan juntos la dicha y el pesar, y mediante este intercambio las líneas son "finamente tejidas". Todas estamos aprendiendo la lenta y firme manera que Dios tiene de esculpir las experiencias que no se nos pueden escapar "hasta que tengamos nuestro rostro".

¿Qué rostro es realmente el mío? ¿Cuál es mi papel en la vida? ¿Qué pasa si los rostros cambian tan rápido y las demandas son tan grandes que nos cuesta saber quiénes somos en cada momento? ¿Cómo podemos aspirar jamás a tener el control en todo momento?

Permítanme intentar darles algo de alivio. Lo primero y más importante, si contemplamos de cerca los numerosos reflejos de esos rostros, veremos siempre el interés infinito de Dios en el proceso de hacernos lo que somos y lo que estamos llegando a ser. Vemos de qué manera gentil se arrodilla a cepillar nuestro cabello o a secar una lágrima, cómo ajusta el ángulo de la luz y cómo obra Sus maravillas con líneas, cicatrices y sombras. Con frecuencia nos susurra con dulzura para que soportemos la dificultad o el desánimo, por lo que éstos puedan representar de iluminación y de belleza eternas. Bajo Su mano, nuestra persona interior se convierte en la persona exterior y el Artista da forma a Su imagen perfecta.

Mientras participamos en este proceso y reflexionamos en la santidad y la soledad, estas percepciones e impresiones de nuestro Padre Celestial pueden darnos gran paz y propósito. Cuando nos acercamos al alivio de estos momentos de adoración, nos resulta más fácil mantener esta perspectiva y no sucumbir al torbellino constante de rostros, papeles y actividades. Con las complejidades del rápido cambio en el mundo actual es fácil perder de vista nuestra perspectiva divina, nuestro dolor y hasta el valor de nuestra viabilidad. En medio de las rigurosas exigencias de todo ello puede que nos preguntemos si simplemente podemos sobrevivir y mucho menos triunfar.

David E. Shi ha escrito en su libro In Search of the Simple Life: "Los americanos de hoy día viven inmersos en una 'desesperación apacible'. Bajo el atractivo y el brillo de la abundancia se encuentra la molesta realidad de que los tres medicamentos recetados con más frecuencia [en Norteamérica] son una medicina para la úlcera, un medicamento para tratar la hipertensión y un tranquilizante" (Layton, Utah: Gibbs M. Smith, 1986,pág.l).

Vivimos en un mundo de mucha tensión en el que todas las personas parecen estar apuradas, preocupadas o ambas cosas.

Hay presiones que exigen mucho de nuestro tiempo y parece haber una mayor inquietud por lo que se espera de nosotras, por lo que debemos esperar de nosotras mismas y por cómo podemos hallar el tiempo, la energía y los medios para hacerlo todo.

El azote de nuestro tiempo es la ansiedad. Quizás parte de nuestra ansiedad tenga su causa en que, irónicamente, la abundancia y las bendiciones de nuestra época nos han proporcionado oportunidades y elecciones que nuestros antepasados no habrían podido considerar jamás. Gracias a la automatización y a la tecnología tenemos más tiempo libre. Gracias a tener más conocimiento disfrutamos de una salud mejor y de más energía, y al haber una afluencia mayor tenemos más oportunidades de proporcionarnos crecimiento y experiencias especiales para nosotras mismas y para nuestra familia. Nuestras madres, y sus madres antes que ellas, no podrían haber soñado con tal libertad de escoger ni con la abundancia de tales decisiones. Descargar para seguir leyendo

La Perspectiva de una Mujer Sobre Sacerdocio.

La Perspectiva de una Mujer Sobre Sacerdocio.

El presidente Spencer W. Kimball dijo en un discurso de una charla fogonera para las mujeres de la Iglesia: "Disfrutábamos de plena igualdad como hijos espirituales de la Deidad". Luego prosiguió diciendo que "a pesar de esta gran certeza, nuestros papeles y asignaciones eran diferentes" (Liahona, enero de 1980).

Creo que cada uno de nosotros tiene que cumplir una misión específica en la tierra. "Para cada hombre [y cada mujer] hay una hora señalada, de acuerdo con sus obras" (D&C 121:25). "Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios. A algunos les es dado uno y a otros otro, para que así todos se beneficien" (D&C 46:11-12).

Creo que hicimos promesas sagradas en los concilios premortales con relación a nuestro papel en la edificación del reino de Dios en la tierra. A cambio se nos prometieron los dones y los poderes necesarios para cumplir con estas responsabilidades tan especiales. Me gustaría volver a citar al presidente Kimball: "Recuerden, en el mundo anterior a éste las mujeres fieles recibieron ciertas asignaciones mientras que los hombres fieles fueron preordenados a ciertas tareas del sacerdocio... ¡Son responsables por las cosas que tiempo atrás se esperaba de ustedes, tal como lo son aquéllos a quienes sostenemos como profetas y apóstoles! (Véase Liahona, enero de 1980). Creo además que esas asignaciones y papeles difieren mucho entre una mujer y otra, tanto como hay diferencias entre un hombre y una mujer.

A todos se nos ha enseñado que es bueno tener modelos, alguien a quien emular. Sin embargo, hay un gran peligro en querer ser demasiado como otra persona, pues tendremos celos competitivos y nos sentiremos abatidos. No hay dos personas iguales. A algunas mujeres se les concede tener familias numerosas, a otras pequeñas y otras no tienen familia. Muchas esposas ejercen sus dones y talentos para sostener a sus maridos en sus trabajos como líderes comunitarios, líderes de los negocios, presidentes de estaca, obispos o Autoridades Generales, y contribuyen al desarrollo de sus hijos. Otras mujeres aplican sus dones y talentos directamente como líderes por derecho propio. Existe también otro tipo de mujeres que combinan tanto el papel de apoyo como el de líder en el ejercicio de sus dones y sirven de este modo de dos maneras simultáneas. Por ejemplo, todos sabemos que había grandes diferencias entre las asignaciones de Mary Fielding Smith y las de Eliza R. Snow; no obstante ambas buscaron con entusiasmo la voluntad del Señor, ambas buscaron el matrimonio y el tener hijos, y ambas dieron al reino todo lo que tenían.

Resulta evidente que nuestro mayor desafío es el de vivir lo suficientemente dignos de conocer paso a paso la voluntad del Señor en lo que concierne a nosotros, recordando que, de vez en cuando, lo que tal vez queramos hacer hoy a causa de las modas y de las vanidades del mundo puede que no sea lo que hayamos acordado hacer tiempo atrás. Deberíamos estar dispuestos a vivir y a orar igual que María, la madre de Jesús, cuando le dijo al ángel que acababa de darle su asignación: "Hágase conmigo conforme a tu palabra"(Lucas 1:38).

Permítanme emplear un ejemplo personal por un instante. La hermana Ardeth Kapp, una de mis queridas amigas, es una de las mujeres más puras, dulces y fuertes que conozco. Su esposo, Heber, es un gran pilar y sirvió como presidente de nuestra estaca en Bountiful, Utah. Los Kapp no han sido bendecidos con hijos. Joan Quinn es otra amiga querida y también una de las mujeres más puras, dulces y fuertes que conozco. Su esposo, Ed, es un hombre brillante y capaz, otra influencia estable e inspiradora en nuestra vida. Los Quinn han sido bendecidos con doce hijos. Mi esposo y yo estamos haciendo lo que podemos en el reino y hemos sido bendecidos con tres hijos.

Algunas mujeres que conozco no han sido bendecidas todavía con un compañero ni con el matrimonio, pero aun así están edificando el reino cada día y bendiciéndome personalmente a través de nuestra amistad. Seis ejemplos muy diferentes son Maren Mouritsen y Marilyn Arnold, a quienes considero mis queridas amigas de la Universidad Brigham Young; Caroíyn Rasmus, con quien he trabajado en las Mujeres Jóvenes; y otras tres que han trabajado como secretarias muy eficaces de mi esposo, Randi Greene, Janet Calder y Jan Nelson, cuyas contribuciones a nuestra vida son tanto de carácter personal como profesional. Obviamente la lista de mujeres que me bendicen y que bendicen a la Iglesia podría continuar, pero lo que quiero resaltar es que Ardeth, Joan, Carolyn, Maren, Marilyn, Randi, Janet y Jan son todas muy diferentes. En realidad, todas tenemos papeles diferentes en la vida. Quizás estos papeles cambien para cada una de nosotras en los años venideros, pero aun así nos amamos mucho las unas a las otras y siempre hemos amado a los hombres de nuestra vida: padres, hermanos, amigos, esposos e hijos. Amamos al sacerdocio. Cada una de nosotras desea lo correcto, debe anhelar lo correcto y debe dar todo lo que tiene al reino con la mira puesta únicamente en la gloría de Dios y en los convenios que hemos hecho. Como el presidente David O. McKay solía decir con frecuencia: "Sea lo que seas, haz bien tu papel".Descargar y seguir leyendo

Enseñe a la familia a Predicar el Evangelio

Enseñe a la familia a Predicar el Evangelio

Cuando una de mis hijas tenía diez años, hablamos como familia sobre cómo emplear el Espíritu para influir en las demás personas.

Un día, mientras estaba hablando con su maestra de piano, la cual no era miembro de la Iglesia y venía a nuestra casa para darle clases, sintió una inspiración. Le dijo a su maestra, percibiendo que esto le haría sentir el Espíritu: "Cantemos juntas". La maestra estuvo de acuerdo, así que mi hija le dio un himnario a propósito para que tocase un himno. La maestra tocó los himnos con facilidad y ambas cantaron juntas. Después de cantar algunos himnos, nuestra hija recibió la impresión adicional de cantar "En el pueblo de Sión", cuya letra habla de no utilizar tabaco, te, café ni alcohol, todo lo cual utilizaba la maestra. Esta buena hija comenzó a cantar la letra con la maestra, pero ésta se quedó atascada y no pudo continuar cantando. Como resultado de la iniciativa de nuestra hija, pudimos, como familia, enseñarle más cosas del Evangelio a la maestra.

Unas semanas más tarde, esta misma pequeña desafió a un grupo de maestros de la escuela a que dejaran de tomar café (los maestros estaban en el descanso tomando café). Les dijo que iba en contra de los mandamientos del Señor. Una maestra, con la voz un tanto entrecortada, nos llamó para informarnos de lo que había hecho nuestra hija. Este tipo de experiencias edifican una verdadera fe en el niño. Resultó interesante ver cuán valiente fue y, ahora, siendo adolescente, qué gran espíritu misional conserva todavía. Esas experiencias le han sido de gran beneficio.

Tenemos que asegurarnos de que, al enseñar a nuestros hijos a guardar los mandamientos, no omitamos la obra misional. Los niños pueden tener una gran influencia en traer personas a Cristo y, al tener estas experiencias, desarrollarán un deseo de servir como misioneros regulares cuando sean mayores. Debemos enseñar a nuestros hombres adolescentes y, cuando sea apropiado, a las mujeres jóvenes, a servir una misión. Todos los varones jóvenes deben estar preparados para servir. Nosotros siempre hemos sentido que nuestras hijas debían estar preparadas para servir una misión o para casarse en el templo, sin importar cuál de las dos opciones llegara primero. Hemos enseñado a todos nuestros hijos a ahorrar dinero para servir una misión y para casarse. Cuando usted enseñe a sus hijos a prepararse para el servicio misional, quizás quiera considerar lo siguiente:

1. Haga mención en las oraciones familiares al momento en que ellos sirvan una misión, y ore para que se preparen para hacerlo. Algunos padres han dicho: "Oraremos por ellos cuando estén allí".

2. Recuerde a sus hijos los convenios que han hecho en la vida premortal para "obrar en [la viña del Señor] en bien de la salvación de las almas de los hombres" (D&C 138:56).

3. Recuerde particularmente a los jóvenes que el servicio misional es parte inherente del sacerdocio. Cuando ellos reciben su ordenación, reciben también el cometido de llamar al mundo al arrepentimiento.

4. Asegúrese de que sus hijos reciban la bendición patriarcal cuando sea el momento apropiado. Esta bendición será una guía enorme para ellos a lo largo de los años, y a muchos les dará instrucción detallada sobre la obra misional.

5. Comparta experiencias misionales propias y de otras personas.

6. Enseñe a sus hijos que una misión es otra escala en el camino hacia la exaltación que les preparará para el resto de la vida. Si verdaderamente enseñamos a nuestros hijos la importancia de la obra misional, serán enormemente bendecidos.

 

Hay una misión de la familia, del mismo modo que hay una misión de la Iglesia. La misión de la familia consiste también en proclamar el Evangelio, perfeccionar a sus miembros y redimir a sus antepasados que han fallecido. Enseñe a sus hijos tanto por el ejemplo como por el precepto y serán grandes misioneros —en cada uno de estos aspectos.

Enseñe a su Familia a guardar los Mandamientos

Enseñe a su Familia a guardar los Mandamientos

Los tatarabuelos de mi esposa, Edward y Caroline Owens Webb, estaban entre los Santos de los Últimos Días que fueron expulsados de Nauvoo. El hermano Webb era herrero y, cuando llegó a Council Bluffs, Brigham Young le pidió que se quedase allí por un tiempo para ayudar a los pioneros que se dirigían hacia el oeste en sus preparativos de viaje. Pasaron uno, dos, tres, cuatro y finalmente cinco años antes de que el hermano y la hermana Webb se trasladasen con su familia al valle del Lago Salado. Estaban maravillados de que por fin pudieran unirse al resto de los Santos.

En 1852, los Webb estaban preparados para realizar el viaje y partieron con la última compañía que dejó atrás Council Bluffs. Cuando la compañía llegó al río Platte, se desató una epidemia de cólera en el campamento, y varias personas murieron como consecuencia de ello.

Amasa Lyman dijo al escribir sobre el brote de la enfermedad: "El llanto y el lamento de aquellos que se enfermaban era verdaderamente terrible. El ver cómo alguien caía enfermo en un instante y cómo en cuestión de menos de una hora el brillo de la salud era reemplazado por la palidez de la muerte, y el saber que aquellos que sufrían eran nuestros seres amados, tan queridos por nosotros a través de los más tiernos lazos que unen a los seres humanos, podía partir el corazón. Para la mayoría de los enfermos no habría más descanso que la tumba. Sin embargo, algunos fueron sanados mediante la ministración de un siervo de Dios".

Una joven que padecía la enfermedad mandó llamar al hermano Webb para que le diese una bendición. Aunque su esposa intentó persuadirle de que no fuese, algo que ella nunca antes había hecho, él sintió que debía ir y cumplir con su deber cuando fuese llamado. Con gran fe dio una bendición a la muchacha enferma, la cual fue sanada y pudo llegar al valle del Lago Salado. Sin embargo, él contrajo la enfermedad y murió esa misma noche. Su rudimentario ataúd fue construido con la madera de una caja que estaba unida a la parte trasera de su carromato, y fue enterrado esa misma noche cerca del río Platte. Su esposa escribió: "Falleció lleno de fe en el Evangelio".

Sólo podemos imaginar cómo debió haberse sentido la hermana Webb. En su intento de ayudar a otra persona, su esposo había perdido su propia vida. Habría sido fácil para ella desafiar a Dios, estar enfadada, molesta, y alejar a su familia de la Iglesia. En vez de eso, fue obediente al mandamiento del Señor y llevó a su familia consigo hasta su destino. Fue fiel hasta el final. Ya han pasado muchos años. ¿Qué tiene la familia Webb para corroborar este sacrificio de fe? Cientos y cientos de sus descendientes han sido investidos y sellados en el templo, y son fieles en el reino.

¡Cuán importante es guardar los mandamientos del Señor! ¡Cuán duradero es el impacto de los padres fieles! Esa fidelidad puede extenderse por generaciones de Santos.

Resulta evidente que debemos enseñar a nuestros hijos a guardar los mandamientos. Si les hemos enseñado a volver su corazón al Señor y a percibir las impresiones del Espíritu, el enseñarles a guardar los mandamientos será relativamente sencillo. Además, a medida que los hijos observan cómo sus padres viven los mandamientos, ellos verán, sentirán y conocerán la importancia de hacerlo. Experimentarán las bendiciones que emanan de guardar los mandamientos en una familia fiel y, de ese modo, no tendrán que ser convencidos ni pasar por un período de rebelión,- pero aun así necesitan que se les enseñe.

A veces los padres creen que sus hijos aprenderán a guardar los mandamientos por osmosis o que los aprenderán por sí mismos, y dicen: "Bueno, mis padres nunca me enseñaron y supongo que los hijos tienen la libertad para escoger por sí mismos". Sin embargo, el Señor nos ha dicho que los padres deben enseñar a sus hijos:

 

Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres. Porque ésta será una ley para los habitantes de Sión, o en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado.

Y sus hijos serán bautizados para la remisión de sus pecados cuando tengan ocho años de edad, y recibirán la imposición de manos.

Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor.

Y los habitantes de Sión también observarán el día del Señor para santificarlo (D&C 68:25-29).

 

El Espíritu instruyó a Alma sobre la responsabilidad que tenía de enseñar a sus hijos a guardar los mandamientos:

 

Y ahora el Espíritu del Señor me dice: Manda a tus hijos que hagan lo bueno, no sea que desvíen el corazón de muchos hasta la destrucción. Por tanto, hijo mío, te mando, en el temor de Dios, que te abstengas de tus iniquidades (Alma 39:12).

 

El Señor nos hará responsables si no enseñamos a nuestros hijos. El presidente Heber J. Grant declaró:

 

El Señor ha dicho que es nuestro deber enseñar a nuestros hijos mientras son jóvenes y yo prefiero cumplir con Sus palabras más que dar oído a las de aquéllos que no están obedeciendo Sus mandamientos. Es absurdo imaginar que nuestros hijos crecerán con un conocimiento del Evangelio sin que se les enseñe... Mi esposa y yo podemos saber que el Evangelio es verdadero; pero quiero decirles que nuestros hijos no lo sabrán a menos que lo estudien y obtengan un testimonio por ellos mismos. Los padres se engañan a sí mismos si imaginan que sus hijos nacerán con un conocimiento del Evangelio [Confeience Repoit, abril de 1902, página 80).

 

Los líderes de la Iglesia tienen que cuidarse de no suplantar esta responsabilidad de los padres. El élder Boyd K. Packer ha dicho:

 

Obispos, tengan siempre bien presente que los padres son responsables de presidir sobre sus familias. A veces, con todas las buenas intenciones, requerimos tanto de los hijos y del padre, que éste no es capaz de hacer su parte.

Obispo, si mi hijo necesita consejo, primero es mi responsabilidad, y luego suya. Obispo, si mi hijo necesita esparcimiento, yo se lo daré primero y usted después. Si mi hijo necesita corrección, ésa debe ser mi responsabilidad primero, y suya después.

Si yo no estoy cumpliendo como padre, ayúdeme a mí primero y a mis hijos en segundo lugar. No se apresure a retirar de mí el deber de educar a mis hijos (véase Liahona, julio de 1978). 

 

LA ENSEÑANZA DE LA LEY DEL DIEZMO

Hace unos pocos años, uno de mis hijos recibió su primera paga por un trabajo en un cementerio. El cheque era por un total de 245 dólares, y él estaba muy animado para comprar algunas cosas que quería.

Fuimos al banco, donde puso un tercio del dinero en su fondo de ahorro para la misión y se quedó con el resto para pagar el diezmo y comprar una bicicleta. Mientras regresábamos a casa, puso el dinero en un sobre y lo metió en la guantera trasera de la furgoneta.

De repente, otro conductor comenzó a hacernos señales con el claxon, de forma bastante molesta, supuse yo. Nos hicimos a un lado, pensando que quería adelantársenos, pero continuó tocando el claxon y haciendo gestos muy extraños. Finalmente, en un semáforo que estaba cerrado, nos gritó: "¿No sabe que su muchacho está tirando dinero por la ventanilla? Hay billetes de veinte dólares volando por todas partes".

Mientras conducíamos, uno de los hijos más pequeños había encontrado el dinero y comenzó a tirarlo por la ventanilla trasera. Todos nos sentimos muy molestos. Regresamos a la autopista e hicimos una oración, y toda la familia se puso a buscar por unos cien metros a ambos lados de la autovía, pero no encontramos ni un solo billete. (En total se habían perdido sesenta y cinco dólares). Los billetes debieron haberse volado con el paso de los coches o alguien pudo haberlos encontrado. Mi hijo mayor lloraba y estaba muy enfadado, pues en ese mismo momento íbamos en camino a comprar su bicicleta.

Entonces dijo que si utilizaba el dinero del diezmo tendría suficiente para comprar la bicicleta. Nosotros le dijimos que no creíamos que ésa fuese una buena idea, a lo que él argumentó: "Siempre me han dicho que la tierra y todo lo que hay en ella es del Señor. Bueno, Él ya tiene Su dinero". Estaba dispuesto a que le llevásemos a comprar la bicicleta utilizando el dinero del diezmo. Finalmente dijimos que hablaríamos del asunto uno o dos días más tarde, luego de que se hubiese tranquilizado y orase al respecto. Si después de hacerlo todavía quería comprar la bicicleta, le apoyaríamos en su decisión. Si no, tendría que entregar el diezmo al obispo.

Nos pusimos muy contentos cuando a los pocos días lovimos entrar en el despacho del obispo y pagar el diezmo. Había acudido al Señor, recibió una respuesta y fue obediente a esas impresiones. Le dijimos que ciertamente sería bendecido por haber actuado así.

Sin embargo, como suele ser costumbre, comenzó a enfrentar ciertas pruebas. El dueño del cementerio donde trabajaba le dijo que tendría que rescindirle el contrato. El cementerio había sido comprado por otra persona cuyo hijo iba a realizar el trabajo del mío. Mi hijo estaba muy ofendido y nos dijo en broma pero con un tono de seriedad: "Me pregunto si realmente vale la pena pagar el diezmo".

Continuó luchando durante varias semanas, intentando encontrar trabajo en cualquier otra parte, pero no lo logró. Finalmente, un médico que era miembro de la Iglesia lo llamó para decirle que tenía un trabajo para limpiar su despacho y que si lo quería, era de él. Mi hijo acceptó entusiasmado.

Es interesante que, aunque aquel trabajo de limpieza no era tan bien pagado como el del cementerio, el médico se interesó personalmente por nuestro hijo y le ayudó mucho a madurar y a prepararse para su misión. La ganancia que recibió fue mucho más allá del mero aspecto económico.

Esta experiencia de guardar los mandamientos fue una bendición para toda la familia. Y especialmente fue de beneficio para nuestro hijo, puesto que pudo ir a la misión y predicar por experiencia propia sobre la importancia de dar al Señor un diezmo íntegro.( "Como Criar una Familia Celestial"-Gene R. Cook)

Las Finanzas: Que nos aconsejan nuestros líderes

Presidente Gordon B. Hinckley:

Para satisfacer nuestros deseos caemos en deudas, disipamos nuestros recursos en el pago de altos intereses y nos volvemos esclavos del trabajo para poder pagarlos... Les recomiendo las virtudes del ahorro y la industria... Es el trabajo y el ahorro los que hacen que las familias sean independientes. - Thou Shall Not Covet, Ensign de Marzo de 1,990, 4.

Presidente Thomas S. Monson:

Exhortamos a los Santos de los Últimos días a ser prudentes en sus planificaciones, a ser conservadores en sus estilos de vida y a evitar la deuda excesiva e innecesaria. - To Learn, To Do, To Be, Ensign de Mayo de 1,992, 47.

Presidente James E. Faust:

Es importante aprender a distinguir entre deseos y necesidades. Se necesita auto disciplina para evitar la filosofía de "comprar ahora y pagar después" y adoptar la práctica de "ahorrar ahora y comprar después"... Tener un hogar libre de deudas es una meta importante de la vida providente... Los hogares que están libres y limpias de hipotecas y préstamos no pueden ser confiscados... La independencia significa... estar libre de deudas personales y de intereses y de la carga que requiere el deberle a todo el mundo. - The Responsability for Welfare Rests with Me and My Family, Ensign de Mayo de 1,986, 20 y 21.

Presidente Ezra Taft Benson:

Nuestros líderes inspirados siempre nos han exhortado a despojarnos de las deudas, vivir dentro de nuestras posibilidades y comprar de contado. -Pay Thy Debt and Live, Ensign de Junio de 1,987, 3.

Presidente Spencer W. Kimball:

Toda mi vida desde niñez yo escuché a los hermanos decir: Aléjese de las deudas y manténgase fuera de las deudas. - In Conference Report, Abril de 1,975, 166.

Presidente J. Reuben Clark Jr.:

El interés nunca duerme, no se enferma ni se muere... Una vez que has caído en deudas el interés será tu compañero en cada minuto del día y de la noche; no puedes rechazarlo o escabullirte de el, no puedes despedirlo, no se somete a las suplicas, demandas u ordenes, y en cualquier momento entras en su camino o cruzas su recorrido, fallas hasta enfrentar lo que te exige y finalmente te aplasta. - In Conference Report, Abril de 1,938, 103.

Presidente Heber J. Grant:

Si hay algo que traerá paz y contentamiento al corazón de hombre, y a su familia, es vivir dentro de nuestras posibilidades. Si hay algo que trae reveses y desanimo y desilusión, es tener deudas y obligaciones que uno no pueda cubrir. - Gospel Standars, Comp. G. Homer Durham 1,941, 111.

Elder L. Tom Perry:

No deberíamos prestar oídos a las suplicas de hoy en día... que nos tientan a competir por posesiones de este mundo... A menudo, los artículos son comprados con dinero prestado, sin darnos ningún pensamiento de proveer para nuestras futuras necesidades... Sabiamente hemos sido aconsejados para evitar las deudas como si de una plaga se tratara... Una familia bien administrada no paga intereses sino por el contrario: Los gana. - If Ye Are Prepared Ye Shall Not Fear, Ensign de Noviembre de 1,995, 35-36.

Nuevo Sitio Web para la Juventud de la Iglesia

Nuevo Sitio Web  para la Juventud de la Iglesia

SALT LAKE CITY, UTAH; Enero de 2010 | Church News - EE.UU | La Juventud de los Santos de los Últimos Días alrededor del mundo tendrá un sentido del evangelio que les brindará orientación en el nuevo sitio Web de la Iglesia,  de acuerdo a Lee Gibbons, Director para los Sitios Web de la Iglesia, lds.org. Gibbons, director of the Church’s Web site, lds.org. “Para la Juventud” contiene los mensajes inspirados los líderes de la Iglesia, incluyendo la Primera Presidencia, Autoridades Generales y las Presidencias Generales de Hombres y Mujeres Jóvenes.

El nuevo sitio, www.youth.lds.org, está accesible ahora en Inglés y se está traduciendo a otros 10 idiomas (incluyendo los dos idiomas Chinos, Mandarín y Cantones), con objeto de finalizarse este año, cuando el sitio Web de la Iglesia, lds.org, sea lanzado en una nueva plataforma en eso 10 idiomas.

El Testimony Wall  es una característica de  Para la Fortaleza de la Juventud” orientada hacia el nuevo sitio Web de la Juventud de la Iglesia. Los visitantes pueden pinchar sobre una foto y leer un testimonio escrito por el joven de la fotografía.

Como ahora, los visitantes que entran a youth.lds.org,  se les dará a bienvenida y los conducirá a cuatro aéreas de contenido general en el sitio:

“Para la Fortaleza de la Juventud entrega a la juventud de la Iglesia alrededor del mundo testificar de las bendiciones por vivir los estándares del evangelio, consistentes con la publicación familiar en el folleto de la Iglesia.

“Mensajes Mormones para la Juventud contempla áreas de videos inspirados para la juventud, tal como un mensaje del Presidente Dieter F. Uchtdorf  sobre cómo cada uno puede crear algo significativo.

“Para la Fortaleza de la Juventud ofrece hoy los mensajes diariamente inspirados para la juventud de los Líderes de la Juventud.

La pantalla de bienvenida para el nuevo sitio Web para la juventud está orientada  a cuatro áreas de contenidos para ayudar los jóvenes para compartir mensajes inspiradores y observar a otros viendo vivir los principios del evangelio.

De Cada Nación presenta historias de la juventud alrededor del mundo quienes siguen a Jesucristo en sus vidas diarias.

Un elemento clave en el contenido, según el hermano Gibbons para “A Brand New Year 2010”, los describió como los diez videos de alta calidad que se han puesto juntos para la juventud”.

“Estos videos son hermosos ya que vienen a través de todo el mundo. Los equipos de videos son una variedad de países con música de la juventud uniendo sus voces al cantar. Hemos puesto esos videos en el contexto del sitio  youth.lds.org, de manera que están disponibles para la juventud, quienes podrán interactuar alrededor del mundo entre ellos y verse”.

El nuevo sitio Web fue concebido en el 2007 como parte de una dirección contemplada en lds.org basado en la audiencia, más bien que simplemente ser un gran depósito de información, según el hermano Gibbons.

“Siendo que reconocemos las necesidades de la audiencia y brindarles contenido, ayudarles a conocer los objetivos de la guía profética que hemos recibido. Podemos capturar la palabra profética y entregarla en un contexto que sea mucho más aplicable a la audiencia”.

El sitio “Para la Juventud de Hoy”, el área contempla un blog, donde los jóvenes hacen preguntas especificas referente a un mensaje mostrado a partir de uno de los líderes de la Iglesia, y ellos, alternadamente, tienen la oportunidad de responder. De acuerdo al hermano Gibbons: -“Ellos pueden verse el uno al otro, de tal manera, vivir el evangelio. El patrón general aquí, es que entregamos la palabra profetice y destacamos a la juventud que vive el evangelio”.

Señaló que es una cosa poderosa para los jóvenes verle el uno al otro viviendo os estándares del evangelio en un mundo donde mucho de lo que ven, particularmente en los medios de comunicación, no refuerzan esos estándaresIr al Sitio

Cartas a Emma Smith

Cartas a Emma Smith

Carta a Emma Smith, fechada el 13 de octubre de 1832, desde la ciudad de Nueva York, Nueva York: “En este día he estado caminando por la parte más magnífica de la ciudad de Nueva York. Los edificios son verdaderamente grandiosos y extraordinarios, asombrosos para quien los contemple… Después de contemplar todo lo que tenía deseos de ver, regresé a mi cuarto para meditar y serenarme; y he aquí, mis memorias del hogar, de Emma y de Julia, acudieron a mi mente como una inundación y sentí el deseo de estar con ellas un momento. Mi pecho está lleno de todos los sentimientos y de la ternura de un padre y esposo, y si pudiera estar contigo, te diría muchas cosas… “Siento que quisiera decirte algo para reconfortarte en tu prueba particular y tu presente aflicción [Emma estaba embarazada].

Espero que Dios te dé fortaleza para que no desmayes. Le ruego a Él que ablande el corazón de los que te rodean para que sean bondadosos contigo y alivien la carga de tus hombros tanto como sea posible, y para que no te aflijan. Sufro por ti, porque conozco tu estado y otros no lo saben, pero debes consolarte sabiendo que Dios es tu Amigo en el cielo y que tienes un amigo verdadero y fiel en la tierra, tu esposo”.

Carta a Emma Smith, fechada el 12 de noviembre de 1838, desde Richmond, Misuri, donde se encontraba prisionero: “Recibí tu carta, que he leído una y otra vez, y que ha sido un regalo dulce y preciado para mí. ¡Oh!, que Dios me dé el privilegio de ver una vez más a mi encantadora familia, gozando de la bendición de la libertad y la vida social; el estrecharlos contra mi pecho y besar sus amadas mejillas me llenaría el corazón de inefable gratitud. Di a los niños que estoy vivo y que confío en que pronto podré ir y verlos. Reconfórtales el corazón todo lo que puedas, y trata de consolarte tú misma todo lo posible… “PD. Escríbeme tan seguido como puedas y, si te es posible, ven a verme y, si puedes, trae a los niños. Haz lo que esté de acuerdo con tus propios sentimientos y tu sentido común, y esfuérzate por sentir consuelo, si es posible; y confío en que todo resultará bien”.

Carta a Emma Smith, fechada el 4 de abril de 1839, desde la cárcel de Liberty, Misuri: “Mi amada Emma, pienso en ti y en los niños constantemente… Quiero ver al pequeño Frederick, a Joseph, a Julia y Alexander, a Johanna [una huérfana que vivía con los Smith], y al viejo Major [el perro de la familia]. Y en cuanto a ti, si quieres saber cuánto deseo verte, examina tus sentimientos y piensa en cuánto deseas tú verme, y juzga por ti misma. Con gusto caminaría desde aquí descalzo, con la cabeza descubierta y medio desnudo para verte, y lo consideraría un gran placer y nunca pensaría que es un sacrificio… Sobrellevo con fortaleza toda mi opresión, y también lo hacen los que me acompañan. Ninguno de nosotros ha flaqueado todavía”.

Carta a Emma Smith, fechada el 20 de enero de 1840, desde el Condado de Chester, Pensilvania: “Me siento muy ansioso por verles a todos nuevamente en este mundo. Parece demasiado largo el tiempo en que me he visto privado de su compañía, pero con la ayuda del Señor, espero que no se prolongue mucho más… Estoy lleno de ansiedad constantemente y estaré así hasta que llegue a casa. Ruego a Dios que los proteja a todos hasta ese momento. Mi amada Emma, mi corazón está enlazado con el tuyo y con esos pequeñitos. Quiero que me recuerden. Di a todos los niños que los amo y que tan pronto como pueda estaré de regreso. Tuyo en los lazos del amor, tu esposo”.

Carta a Emma Smith, fechada el 12 de noviembre de 1838, desde Richmond, Misuri, donde estaba encarcelado: “Dile al pequeño Joseph que debe ser un buen niño, que su papá lo ama con un amor perfecto; él es el mayor y no debe hacer daño a los que son más chicos que él, sino confortarlos. Dile al chiquito Frederick que papá lo quiere con todo su corazón; es un niño muy lindo. Julia es una criatura encantadora y también la amo; es una niña que promete mucho. Dile que papá quiere que lo recuerde y que sea una niña buena. Diles a los demás que pienso en ellos y oro por todos ellos… El pequeño Alexander está en mis pensamientos constantemente. Ah, mi afectuosa Emma, quiero que te acuerdes que soy por siempre un amigo verdadero y fiel para ti y los niños. Mi corazón está entrelazado con el tuyo para siempre jamás. ¡Oh!, que Dios los bendiga a todos, amén. Soy tu esposo, que está en grilletes y atribulado”.

Carta a Emma Smith, fechada el 4 de abril de 1839, desde la cárcel de Liberty, Misuri: “No quiero que permitas que los pequeñitos me olviden. Diles que papá los ama con amor perfecto, y que está haciendo todo lo posible por huir de la chusma a fin de poder volver a ellos. Enséñales [a los niños] todo lo que puedas, para que tengan una mente desarrollada. Sé tierna y bondadosa con ellos; no te irrites fácilmente, sino escucha sus deseos. Diles que papá dice que deben ser buenos y obedecer a mamá. Mi querida Emma, tienes una gran responsabilidad sobre tus hombros de mantenerte honorable y serena ante ellos, y de enseñarles las cosas buenas, a fin de formarles la mente para que desde el principio elijan caminos de rectitud y no se contaminen en su niñez viendo malos ejemplos”.

Enseñe a su Familia por el Espíritu.

Enseñe a su Familia por el Espíritu.

Una tarde, hace ya tiempo, uno de mis hijos, que tenía dieciséis años, regresó de la escuela muy enfadado. Tenía algunos problemas para aprender todo lo que necesitaba saber para unos exámenes que tendría al día siguiente y, además, unos amigos habían estado importunándolo. Se sentía muy desanimado y, en su frustración, comenzó a crear cierta contención en la familia. Mi esposa y yo pensamos que quizás debíamos tomar parte. Como ya se acercaba la hora de irnos a descansar, decidimos: "No, lo dejaremos pasar. Esta noche dormirá bien y por la mañana se sentirá mejor". Decidimos no tomar parte, lo cual a veces es difícil, pero creo que fuimos sabios al mantenernos al margen de la situación aquella noche.

Sin embargo, a la mañana siguiente los problemas surgieron otra vez durante el desayuno. Debido a que nuestro hijo estaba enfadado, ofendió a una de sus hermanas, quien comenzó a llorar. Cuando terminamos el desayuno, tomé al muchacho del brazo y le dije: "Hijo, ven conmigo un momento". Lo llevé a mi cuarto, cerré la puerta y me arrodillé. Él también se arrodilló, aunque todavía estaba enfadado.

Me esforcé para orar por él: "Padre Celestial, bendice a mi hijo, porque está molesto. Ha tenido algunos problemas con la familia y está preocupado por los exámenes de la escuela". Le expresé mi amor a través de esa oración de la mejor manera que pude, ejerciendo mi fe en que el Señor le ayudaría en ese día si él enternecía su corazón.

Tras unos pocos minutos, su corazón era humilde y, tan pronto como dije amén, añadió: "Papá, déjame orar". En su oración, pidió perdón, le dijo al Señor que lo amaba y que me amaba a mí. Le dijo que iba a pedirle perdón a su hermana, que se sentía bajo mucha presión pero que creía que el Señor le iba a ayudar. Tras esa oración, padre e hijo se fundieron en un abrazo de amor y, siendo el Señor parte de la solución, el amor existente entre los dos se enriqueció sobremanera.

Se fue a la escuela, hizo bien los exámenes y regresó a casa maravillado, con grandes deseos de contarnos a su madre y a mí acerca de su éxito y de que sabía que el Señor le había ayudado. No tenía ninguna duda al respecto.

Unas dos semanas más tarde, yo estaba bajo mucha presión por tener que dirigir unas reuniones muy importantes y dar un par de discursos en ese día. Nuevamente nos encontrábamos sentados para desayunar y yo no estaba siendo tan atento con algunos de nuestros hijos como debería haberlo sido. Me sentía del mismo modo que se había sentido mi hijo, al punto de tener algún pequeño problema con uno de ellos.

Tras el desayuno, mi hijo me tomó del brazo y me dijo: "Papá, ven conmigo un momento". De nuevo fuimos al cuarto, pero esta vez él cerró la puerta y se arrodilló, y yo me arrodillé también. Entonces oí a ese buen muchacho ofrecer una oración por su padre, diciendo algo así: "Mi papá está muy preocupado. Tiene que hacer ciertas cosas para los cuales no ha podido prepararse como le hubiera gustado. Está preocupado por las reuniones y los discursos. Por favor, ayúdale, Padre Celestial. Por favor, inspírale. Yo lo amo".

No hizo falta mucho tiempo para que un corazón que no era lo suficientemente humilde como debiera haber sido, se humillase con rapidez. Luego, yo ofrecí una oración de gratitud por tener un buen hijo y le pedí perdón al Señor. Tras la oración nos abrazamos y una vez más nuestro amor se multiplicó.

Con frecuencia me he preguntado por qué el amor se multiplica de ese modo en tales situaciones. Es a causa de que el Señor forma parte de la situación. No es por el consejo de un padre o de una madre a un hijo, sino que se debe a que el Señor forma parte del momento y, cuando lo hace, la revelación fluye y el amor se multiplica.

Pues bien, me fui a trabajar e hice todas las cosas que tenía que hacer. Todo salió bien y cuando esa noche llegué a casa, ese mismo hijo, quien había llamado para averiguar a qué hora había salido de la oficina, estaba aguardándome. Cuando me vio, me preguntó: "Bueno, papa, ¿qué tal te fue hoy?". Entonces, la experiencia de aquella mañana volvió a mi mente y contesté con gratitud: "Hijo, éste ha sido un día fantástico. No tenía motivo alguno para estar preocupado. El Señor me bendijo y pude dar los discursos".

—Ya lo sabía—, dijo.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno, ya lo sabía, papá. Así es como trabaja el Señor. Hoy he orado por ti diecisiete veces. Oré casi en cada clase, cuando estaba en la cafetería. Hasta oré cuando estaba en el baño para que el Señor te bendijera—. Y entonces añadió: — Ya lo sabía.

He pensado mucho en este acontecimiento en relación a enseñar por el Espíritu. Sospecho que ni yo ni nadie más podría enseñar jamás con palabras o doctrina todo lo que se puede aprender en una experiencia real con el Espíritu del Señor. ( Gene R. CooK "Como Criar una familia Celestial")

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Jesus el Cristo : El proposito de las Parabolas

Jesus el Cristo : El proposito de las Parabolas

Cabe tomar nota que se introdujo la enseñanza por parábolas cuando se manifestó una fuerte oposición contra Jesús, y cuando los escribas, fariseos y rabinos escrupulosamente espiaban sus obras, siempre listos para acusarlo con alguna palabra. Era común el uso de las parábolas entre los maestros judíos; y cuando adoptó esta manera de instruir, Jesús realmente estaba siguiendo una de las costumbres de la época; pero entre las parábolas que El habló, y las de los eruditos, no hay más comparación que la de un contraste notable en extremo.

A los discípulos elegidos y devotos que vinieron al Maestro para preguntarle por qué había cambiado de la enseñanza directa a las parábolas, El explicó que aun cuando a ellos les era concedido el privilegio de recibir y entender las verdades más profundas del evangelio, "los misterios del reino de los cielos", como El lo expresó, era imposible que el pueblo en general alcanzara esa plenitud de entendimiento, debido a su falta de receptividad y preparación. A los discípulos que ya habían aceptado gustosamente los primeros principios del evangelio de Cristo, les sería dado más; mientras que a aquellos que habían rechazado el don ofrecido les sería quitado aun lo que anteriormente habían recibido. "Por eso les hablo por parábolas—dijo El—porque viendo no ven, y oyendo no oyen; ni entienden." Citando las palabras de Isaías, demostró que se había previsto el estado de tinieblas espiri-tuales que entonces existía entre los judíos, palabras con que el antiguo profeta había declarado que la gente se volvería ciega, sorda y dura de corazón respecto de las cosas de Dios, de manera que aun cuando oyeran y vieran físicamente, sin embargo, no entenderían.

Palpablemente se manifiesta un elemento de misericordia en la forma parabólica de instrucción que nuestro Señor adoptó en las condiciones que en esa época prevalecían. Si en todo tiempo hubiera enseñado con declaraciones explícitas que no necesitaran interpretación, muchos de sus oyentes habrían sido condenados, pues su fe era demasiado débil y sus corazones estaban insuficientemente preparados para romper las cadenas del tradicionalismo y del prejuicio nacido del pecado, al grado de aceptar y obedecer la palabra salvadora. Su incapacidad para entender los requisitos del evangelio daría a la Misericordia alguna medida justa de derecho sobre ellos, mientras que si hubiesen rechazado la verdad con pleno entendimiento, la Justicia inflexible ciertamente habría exigido su condenación.

En esta amonestación del Maestro quedó subentendido el hecho de que la lección de las parábolas podría entenderse por medio del estudio, la oración y la investigación: "El que tiene oídos para oír, oiga." A los investigadores más estudiosos, el Maestro añadió: "Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará." Dos hombres podrán oír las mismas palabras; uno de ellos escucha con desidia e indiferencia, el otro con una mente activa, resuelto a aprender todo lo que las palabras puedan comunicarle; y habiendo oído, el hombre diligente va luego para hacer las cosas que le fueron recomendadas, mientras que el indiferente las desatiende y las olvida. Uno es prudente, el otro imprudente; uno ha escuchado para su beneficio eterno, el otro para su condenación sin fin.

En el hecho psicológico de que los acontecimientos de una narración impresionante, aunque sencilla, pueden vivir hasta en los pensamientos de aquellos que por lo pronto están incapacitados para percibir otro significado más que el de la propia historia, encontramos otro ejemplo de la misericordiosa adaptación de la palabra de la verdad a los varios grados de capacidad de aquellos que escuchaban las parábolas. Más de un campesino que oyó el breve relato de’ sembrador y las cuatro clases de terreno; de la cizaña que sembró el enemigo de noche; de la semilla que creció aunque el sembrador la había olvidado por un tiempo, recordaría estas cosas a través de las circunstancias habituales de su trabajo cotidiano; el jardinero se acordaría de la historia de la semilla de mostaza cada vez que sembrara de nuevo, o cuando mirara la planta umbrosa, o los nidos de las aves en sus ramas; la señora de casa sentiría de nuevo la impresión de la historia de la levadura al preparar su masa; el pescador con sus redes pensaría de nuevo en los peces buenos y malos, y compararía la manera en que separaba su pesca con el juicio venidero. Entonces cuando el tiempo y la experiencia, incluso quizá algún sufrimiento, los hubiera preparado para pensamientos más profundos, encontrarían y descubrirían las semillas vivientes de la verdad del evangelio dentro de la cascara de un simple relato.

El Poder de los Consejos

El Poder de los Consejos

A lo largo de mis años de servicio en la Iglesia, he sido testigo de ejemplos extraordinarios del poder que hay en la función de los consejos. Hace unos años, cuando servía como obispo, una familia de nuestro barrio pasó por una dura crisis cuando el padre quedó sin empleo. Bastante preocupado por su situación, les visité para asesorarles y para ofrecer el apoyo y la asistencia de la Iglesia. Pese a la dificultad por la que atravesaban, se mostraron renuentes a mi ofrecimiento, así que presenté el asunto ante el comité de bienestar y el consejo del barrio. En un espíritu de amorosa confidencialidad, compartí con ellos mi preocupación por aquella buena familia y pedí sus ideas sobre cómo podríamos ayudarla. Nuestra presidenta de la Sociedad de Socorro se ofreció para hablar con la madre de la familia a fin de determinar sus necesidades inmediatas y hacer lo que estuviera a su alcance para obtener las cosas más apremiantes todo lo cual, por supuesto, correspondía a su responsabilidad, de acuerdo con el programa de la Iglesia. En menos de dos días ella logró lo que yo no había podido lograr, y la familia, con humildad y agradecimiento, aceptó la ayuda ofrecida. El presidente del quórum de élderes habló con el padre lo cual, por supuesto, tenía el derecho y el deber de hacer y juntos buscaron maneras de mejorar su situación laboral. Nuestro presidente de los Hombres Jóvenes advirtió que la casa de aquella familia necesitaba una buena mano de pintura, así que hizo los arreglos para que sus presbíteros trabajaran con el grupo de sumos sacerdotes en esa tarea.

En el curso de mis conversaciones con los padres, me enteré de que estaban seriamente endeudados y atrasados en el pago de la hipoteca. Basándome en las pautas aprobadas del sistema de bienestar, les pregunté si tenían algún familiar que estuviera dispuesto a tenderles una mano en ese momento de necesidad, pero recibí poca información al respecto. Sin embargo, la presidenta de la Sociedad de Socorro, se enteró de que la madre tenía un hermano en muy buena situación económica.

"Sería la última persona a quien le pediría nada", dijo la madre. "Hace años que no nos hablamos. No puedo ir después de todo este tiempo y decirle: ¿Te acuerdas de mí? Soy tu hermana. ¿Podrías prestarme dinero?"'. Entendí perfectamente el dilema en el que se encontraba pero, no obstante ello, consideré que era importante seguir el orden establecido por la Iglesia. Finalmente, tras hablar más a fondo sobre el asunto, ella me autorizó para que me pusiera en contacto con su hermano, quien vivía en una ciudad distante. Lo llamé y le expliqué las circunstancias tan difíciles en las que se encontraba su hermana menor. A los tres días el hombre llegó a Salt Lake City y ayudó a su hermana a poner en orden su situación económica.

Mientras tanto, el presidente del quórum de élderes siguió ayudando al padre de la familia a buscar un empleo estable con un ingreso decente. En poco tiempo, la familia gozó de una mayor seguridad que nunca hasta ese momento.

Lo que es más importante, sin embargo, es que como familia también estaban más unidos que antes. Creo que jamás vaya yo a olvidar el momento tan emotivo en que aquella buena hermana se reencontró con su hermano después de tantos años de alejamiento. Aun cuando él se había distanciado de la Iglesia, se creó un vínculo espiritual inmediato que se puede entender únicamente dentro del contexto del Evangelio. Así que, probablemente, no le sorprenderá a nadie saber que como resultado de aquella experiencia, el hermano con el tiempo volvió a la actividad plena en la Iglesia y renovó su relación con su familia. Y todo eso sucedió debido a los inspirados esfuerzos de un fiel consejo de barrio que funcionó conforme al programa que Dios diseñó para Sus hijos por medio de Sus siervos.

A lo largo de años de experiencias tales, he llegado a la firme conclusión de que el sistema de consejos de la Iglesia ha sido divinamente estructurado para ser una bendición en la vida de los hijos de nuestro Padre Celestial. Y para ser totalmente sincero, a veces me cuesta entender cómo es que tantos de nuestros líderes no logran captar la visión de la medida en que el trabajo a través de los consejos puede ampliar su capacidad para lograr todo cuanto el Señor espera de ellos dentro de sus respectivas mayordomías.Descargar articulo completo

Doctrina de Salvación : El uso del aceite consagrado

Doctrina de Salvación : El uso del aceite consagrado

EL ACEITE DE OLIVA ES UN EMBLEMA DE PUREZA Y PAZ. ¿Por qué se usa el aceite de oliva, en lugar de cualquier otra clase de aceite, al ungir a los enfermos? ¿Cuándo se instituyó esta práctica por primera vez? ¿Mediante qué autoridad fue instituida?

El aceite que se usa en la unción de los enfermos y para otros propósitos santos, incluso la unción en la casa del Señor, debe ser aceite puro, libre de cualquier condición indeseable y elementos impuros. Por esta razón se hace patente que no puede usarse el aceite producido de cuerpos animales. Los aceites más puros vienen de las formas más elevadas de vida vegetal, y entre éstas, el olivo es preeminente.

Desde las épocas más remotas, el olivo ha sido el emblema de paz y de pureza. Los escritores inspirados de todas las épocas, por medio de quienes hemos recibido la palabra del Señor, lo han considerado casi sagrado, más que cualquier otro árbol o forma de vegetación. En las parábolas contenidas en las Escrituras, la casa de Israel, o los pueblos que han hecho convenio con el Señor, han sido comparados al olivo.

Aun en estos días modernos, cuando las cosas andan al revés, nosotros nos referimos a la rama del olivo como el emblema de paz, y usualmente se representa como que la lleva en el pico la paloma de paz.

Cuando el profeta José Smith envió a los miembros en Misurí una copia de la sección 88 de Doctrinas y Convenios, una de las revelaciones más importantes que se han dado al hombre, él dijo: “Os envío la hoja de olivo que hemos cortado del Árbol del Paraíso”

BENDICIONES DEL SACERDOCIO SIN EL USO DEL ACEITE. La misma práctica se instituyó en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el principio y ha continuado hasta ahora, y continuará como ordenanza mientras perduren las condiciones actuales. Ha habido casos, y da pena decirlo, en que los élderes de la Iglesia, debido a la falta de comprensión, se han negado a ungir a los enfermos en situaciones en que no se disponía de aceite. Es el privilegio y deber de los élderes bendecir a los enfermos por la imposición de manos. Si tienen aceite puro de oliva que ha sido consagrado para este propósito, uno de ellos debe usarlo para ungir a los enfermos, y luego, por la imposición de manos deben confirmar la unción. Si no hay aceite disponible, entonces deben bendecir mediante la imposición de manos con el poder del sacerdocio y con la oración de fe, a fin de que la bendición solicitada pueda venir por el poder del Espíritu del Señor. Esto concuerda con el divino plan inaugurado en el principio.

Jesus el Cristo : Es Sanado un Leproso

Jesus el Cristo : Es Sanado un Leproso

Al día siguiente del memorable sábado que pasó en Capernaum, nuestro Señor se levantó "muy de mañana" y buscó un lugar fuera del pueblo donde pudiera estar a solas. En un lugar desierto se puso a orar, y con ello demostró que a pesar de ser el Mesías, estaba vivamente consciente de su subordinación al Padre, cuya obra El había venido a efectuar. Simón Pedro y los otros discípulos hallaron el sitio al cual se había retirado, y le informaron de las multitudes ansiosas que lo buscaban. No tardaron las gentes en rodearlo, instándole a que permaneciese con ellos. "Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado". A los discípulos dijo: "Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido." Entonces partió, seguido de los pocos con quienes ya se había relacionado íntimamente, y ejerció su ministerio en muchos de los pueblos de Galilea, predicando en las sinagogas, sanando enfermos y echando fuera demonios.

Entre los afligidos, buscando la ayuda que sólo el Cristo podía dar, llegó un leproso que se arrodilló delante de El, o se postró sobre el rostro, y humildemente le profesó su fe, diciendo: "Si quieres, puedes limpiarme." La súplica subentendida en las palabras de aquel pobre hombre era patética; la confianza que expresaba, inspiradora. La duda que agitaba su mente no era "¿puede Jesús sanarme?"; sino "¿querrá sanarme?". Con misericordia compasiva Jesús puso la mano sobre el doliente, aunque se hallaba impuro, ceremonial y físicamente, ya que la lepra es una aflicción muy repugnante; y sabemos que la enfermedad se había desarrollado extensamente en él, pues nos es dicho que estaba "lleno de lepra". El Señor entonces dijo: "Quiero, sé limpio." El leproso sanó en el acto. Jesús le encargó que se mostrara al sacerdote y ofreciera los presentes estipulados por la ley de Moisés para los casos como el suyo.

Vemos por esta instrucción que Cristo no había venido para destruir la ley sino, como lo afirmó en otra ocasión, para cumplirla, y en esa etapa de su obra aún estaba por consumarse el cumplimiento. Por otra parte, si hubiera prescindido de los requisitos legales en un asunto tan grave como el de restaurar a un leproso proscrito a la compañía de la comunidad de la cual se le había aislado, habría aumentado la oposición sacerdotal—que ya en esa época iba creciendo y amenazando a Jesús—y levantado con ello un estorbo adicional a la obra del Señor. Este hombre no habría de aplazar el cumplimiento de las instrucciones del Maestro: Jesús "le encargó rigurosamente y le despidió luego". Además le recomendó en forma explícita que a nadie dijese la manera en que había sido sanado. Quizá hubo razones muy buenas para insistir en este silencio, además de la regla tan general de nuestro Señor, de no consentir una notoriedad inoportuna; porque si la noticia del milagro llegaba a los sacerdotes antes que se presentase el hombre, podría haber alguna objeción a aceptarlo como persona limpia mediante los ritos levíticos. Sin embargo, el hombre no pudo contener dentro de sí las buenas noticias, sino "ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes".